martes, 8 de marzo de 2011

Tercera Parte de Las Brumas del Destino Décima Entrada

La luna nueva de Julio

En las noches invernales la ciudad aparece cubierta por una nube baja de humo y neblina. Como un estrato horizontal que se extiende sobre los techos . Dando a la atmósfera una sensación de consistencia. Las luminarias de la calle se ven rodeadas de un halo , que les da el aspecto de poseer una corona iridiscente.

El aire helado penetra por nuestro cuerpo arrastrando el aroma de leña quemada.

Y trayendo lejanos sonidos de ladridos y mugidos que se mezclan con el grave rugido de los camiones en las rutas, a través del denso frío de la noche.

Nogoyá en ésa época del año se ensimisma . Quedando sus calles semidesiertas, a merced de los perros y del viento. Deshabitadas de los grupos de chicos que las transitan en verano, de los vecinos sentados en los jardines o las puertas. De los insomnes que deambulan por sus calles en busca de quien sabe que cosa. Solo en algunas calles céntricas persiste el tránsito de vehículos y personas hasta un poco más tarde para luego dormirse también. Por lo que la ciudad adopta un paisaje frío y desolado, sobre todo en los barrios y más aún en los suburbios. El cementerio con sus paredones blancos y sus cipreses , oscuras espículas hacia el cielo estrellado, impresiona como una amurallada ciudad fantasmal. Acrópolis de quietud y de silencio. Prohibida ciudad de los muertos. Donde la arquitectura sombría de sus panteones y sus nichos , privados de la algarabía de la vida. Se recortan en contrastes umbríos apenas iluminados por la escasa luz artificial. Donde ángeles inmóviles guardan el descanso de los que han partido, por el azaroso y definitivo camino de las almas abandonadas de su cuerpo mortal. En ése lugar se debía realizar la invocación, el llamado.

Las cuatro amigas se dirigieron al Cementerio a últimas horas de la tarde, a las 18hs el lugar se cerraba al público y los serenos podrían impedir su ingreso, si las descubrían intentando hacerlo. A ésa hora era más fácil ingresar , como ingresa cualquiera. Como un deudo más , como cuatro dolientes en visita póstuma. Decidieron esconderse entre las tumbas hasta que fuera la hora propicia para realizar su ceremonia.

Antes que el Sol terminara de ocultarse las chicas se escondieron entre dos panteones, lugar desde el cual podían divisar la tumba de su amigo. A cuyos pies deberían concurrir antes que la luna nueva alcanzara el cenit. A pesar de los abrigos que llevaban, que como precaución adicional eran oscuros, sentían un intenso frío. Sensación atribuible a la columna de mercurio , pero también al lugar inquietante donde se encontraban y a las sombras que todo comenzaban a cubrirlo. Sombras , donde los demonios interiores comienzan a revolverse en sus lechos, despertando del sueño que les impone el día, o el ruido y la actividad. Aflorando a la superficie de la conciencia, como las burbujas de metano en los pantanos. Hablaban en susurros para combatir esa sensación extraña. Hasta alguna de ellas dijo algún chiste. Solo Ami permanecía callada con la mirada puesta en dirección a la sepultura. Sus amigas respetaban su silencio. Pues conocían la desesperación que la había llevado a ése lugar y que ellas secundaban , pero salvo Mili que era quien más se le aproximaba en el sentimiento, no compartían en la misma profundidad. A Flor y a Delfi el principal motor que las había llevado a ésa situación era la solidaridad. Y en el fondo , probablemente en su subconsciente, una luz de esperanza en que aquello resultara bien.

-Ya debe ser hora- dijo Flor – en un susurro

-No , creo que todavía falta un rato, no puedo ver la luna desde aquí, pero aún es temprano.- contestó Mili .

- ¿Trajeron encendedor? Voy a fumarme un pucho-dijo Flor.

- Fuma tranquila que todavía tenemos tiempo, falta rato todavía- intervino Delfi.

- Tengo un cagazo de novela, algo tengo que hacer, éste lugar me espanta, por lo menos un cigarrillo me va a tranquilizar un poco.- contestó Flor mientras extraía una atado de cigarrillos de su bolso de tela. Tomó el encendedor que le alcanzaba Delfi, y lo encendió acercando el extremo del cigarrillo a la pequeña llama amarillenta. Sus rostros se iluminaron por el fuego exiguo y sus facciones se parecieron a esos dibujos realizados en blanco y negro , donde solo se detallan los rasgos iluminados. Y en ese instante se percató de la mirada de Ami dirigida hacia ella

-No temas de nada – le dijo con dulzura- Nada nos hará daño. En éste país todos duermen y a quien nosotros despertaremos, es alguien cercano a nuestro corazón. Si de algo estoy segura es que no nos hará ningún daño cuando venga. No temas Flor, no temas de nada.- y dicho esto volvió a dirigir su mirada hacia el sitio que había estado mirando todo el tiempo. Como si por ése breve lapso de sus palabras hubiera salido de un sopor en el que volvía a sumergirse.

- Ya lo sé Ami, pero igual tengo miedo- Flor pronunció éstas palabras con un hilo de voz y continuó fumando en silencio apoyada contra la mampostería de aquel monumento funerario. Por mucho rato ninguna de las cuatro volvieron a pronunciar palabra alguna. Solo Mili y Flor fumaban en silencio , a intervalos regulares.

La noche era calma, y la helada descendía con su manto de hielo sobre los pastos. En lo alto la Vía Láctea atravesaba el firmamento con las luces de sus innúmeres mundos, titilando en la inmensidad del cosmos. Ami levantando la vista hacia el cielo límpido dijo:

-Ven las estrellas. Muchas de ellas ya no existen. Pero están tan lejos que su luz recién nos llega en éste momento. Mirar el cielo es como mirar el pasado. Y es un milagro que Dios nos permite cada noche. ¿por qué no nos permitiría hoy, algo parecido, que es lo que queremos hacer? Muchas veces cuando veo esto mismo , pienso lo que les acabo de decir. Y creo. Creo que lo podremos hacer hoy. No sé porque en ésta fecha, ni de ésta forma. Es algo que se me escapa. Nos dijeron que debía ser así y así será. Por eso estamos aquí. Estamos como mirando el cielo. Viendo el ayer.

- Yo también creo Ami- dijo Delfi tocándole el cabello con ternura- yo también creo. Y tampoco sé porque será hoy y en éste lugar. Pero así se hará. Siempre me han enseñado que el cuerpo es un resto, algo desechable, de lo que nos desprendemos cuando nos vamos al cielo, o que se yo adonde nos iremos, por lo que siempre pensé que el alma debe estar en todas partes, como el aire. Pero seguramente ésos restos son un ancla, como los animales cuando vuelven a su querencia. O como las palomas mensajeras que retornan a su palomar.-terminó.

-La vieja dijo que debía hacerse así y así lo haremos..- Intervino Mili lacónica succionando de su cigarrillo enérgicamente.

Transcurrido un rato en absoluto silencio. Donde solo se escuchaba el castañeteo de dientes de Flor y algún perro lejano. Mili dijo

-Creo que es hora.

Las cuatro salieron sigilosas y torpes de su escondrijo, con los miembros entumecidos por el frío y por la postura mantenida por largo tiempo. Como aquellos soldados que salen de su trinchera en la noche, después de haber permanecido ocultos por varios días.

Ami silenciosa fue la primera en sentarse en el suelo helado y extrajo del bolsillo interior de su campera las velas benditas.

Con la luz de un teléfono celular dispusieron las doce en circulo hundiéndolas sin dificultad en el suelo blando , luego la decimotercera en el centro, la que nunca encenderían la que debía encenderse sola con la llegada del buscado.

Miraron la posición del pequeño paréntesis lunar y todavía faltaba un rato para que llegara al lugar señalado por la pitonisa. Se frotaban las manos endurecidas por la intemperie total a la que estaban expuestas salidas del refugio en el que habían permanecido hasta entonces. En el preciso momento en que Selene ocupó el sitio indicado, comenzaron cada una a prender sus tres velas y Mili con voz ronca comenzó a leer la invocación escrita por aquella mujer en un papel de bloc amarillento. Terminadas de pronunciar las palabras quemó el papel colocándolo sobre la llama de la última vela encendida. Se tomaron de la mano y permanecieron así largo tiempo. Alrededor de aquél círculo de luz soñado por el ciego. Esperando la llegada de aquél que pensó que le habían robado el alma. De aquél que no pudo huir de su destino, en el preciso momento en que se empezaba a sentir vivo nuevamente.

Las cuatro se miraban calladas y se apretaban las manos para darse confianza y mitigar el miedo que las invadía. Como si el contacto físico las protegiera , las hiciera inmunes a los peligros que acechaban en aquél lugar.

Sólo el aullido de algún perro lejano interrumpía el silencio de la noche avanzada y calma en aquella loma bendita que de alguna manera habían profanado con su presencia.

Quietas y calladas se encontraban las cuatro después de casi veinte minutos de haber empezado la ceremonia, cuando Delfi, Flor y Mili levantaron la mirada sorprendidas hacia la vereda por la que habían venido. Ami bruscamente giró el tronco y miró hacia atrás, a la vez que se le dibujaba una inmensa sonrisa en su rostro iluminado por las velas.

- Mi amor-dijo en un susurro- hace tanto tiempo que quería volver a verte. Mi amor…

Su cuerpo comenzó a sufrir bruscas sacudidas mientras caía de espaldas, golpeaba el piso con los talones y con los puños. Y su cráneo resonaba contra el suelo helado.

De su boca comenzó a brotar un espumarajo blanco. Las tres se abalanzaron sobre Ami , que se movía sin control, hablándole sin obtener respuestas. Fue Flor la que notó la decimotercera vela encendida, mientras sus amigas pedían auxilio a la mujer y los hombres que venían corriendo por la vereda y que las tres vieron en el preciso momento en que Ami giró y dijo algo.

-Llegamos tarde – dijo la madre de Fran en un sollozo.- las busqué toda la tarde , para que no hicieran esto. Por Dios. ¡Llamen la ambulancia muchachos! Por Dios

Una ráfaga solitaria apagó los pabilos , todos a la vez y arremolinándose entre la hojarasca se perdió en la serenidad de la noche.

Facu, desde su balcón, muy lejos al otro lado del río, vio una estrella fugaz marcar una parábola de luz sobre las islas, y el negro Seba despertó sobresaltado de su sueño profundo.

“Por ningún motivo se alejen del círculo, por ningún motivo vuelvan la mirada hacia atrás” Las palabras de la vieja resonaron en la cabeza de Mili, por mucho tiempo después de la muerte de Ami. Pero lo que recordará por el resto de su vida, son aquellas palabras susurradas, sus últimas palabras, que solo ella escuchó, por estar a su lado.

Y su sonrisa, si su sonrisa.

lunes, 28 de febrero de 2011

Tercera parte de Brumas Novena Entrada

El presagio del negro Seba

El negro Seba se sentía bastante raro. Como desubicado. En pocos meses había perdido a un amigo en un accidente y su otro amigo, después de resueltos sus problemas de ingreso había emigrado a estudiar a Rosario.. El pensó en ir a estudiar algo, pero, ya se sabe que sus habilidades intelectuales no eran las más explotadas. Ya el secundario le había costado un Perú, no se veía a si mismo en las universidades, o con todo ésos tipos que se pasan todo el día estudiando y hablando de tipos raros. De sabios , escritores y filósofos de los cuales el jamás había escuchado hablar. No , eso no era para él.

Extrañaba a sus amigos. Muchas veces se sentía solo y pensativo. Si bien su personalidad , extrovertida, le permitía entablar rápidas relaciones en cualquier ámbito.

De tanto en tanto tomaba el teléfono y lo hablaba a Facu. Le preguntaba cuando volvería por unos días, planificaba, las actividades, que iban desempeñar juntos. Y este contacto si bien distante, le devolvía de alguna forma aquellos años de la infancia y la adolescencia en que habían crecido felices . Años de sueños dorados, de infinitas posibilidades. En lo que todo está por hacer, y en los que la omnipotencia de la juventud nos transforma en superhombres. Luego poco a poco la vida nos quita los superpoderes.

Y nos deposita en la terrenalidad de la posible. Tampoco quería llamar a su amigo tan seguido, lo hacía solo de vez en cuando. Pero en ésa última conversación había notado una inquietud en la voz de Facu, en sus preguntas sobre como andaba todo . Como si esperara que le relatara algo extraordinario. Quizás era solo su impresión . Conociendo la imaginación florida de éste, no lo sorprendería que estuviera pensando en cosas raras. Era muy característico de él. Pero no obstante , ésa sensación , sobrevoló por el ánimo del negro Seba. Como una nube de inquietud. Como una bandada de cuervos premonitorios.

Tal vez era la sensación de estarse perdiendo algo. De notarse afuera de algún pacto secreto. Esa sensación que lo había ganado luego de la charla que había mantenido con Mili. Él la había buscado por su casa, como lo hacía habitualmente, para salir a dar una vuelta. Para conversar, como tantas veces antes. Tenía el deseo de hablar con ella, sobre todo lo ocurrido. De convencerla de que todo debe dejarse atrás. Que nada se puede hacer contra el destino. Convencerla que ya era hora, que todos ellos miraran hacia delante. Dejaran aquel dolor apartado en el fondo de sus corazones. Como un elemento más de su paisaje interior, incorporado, pero no omnipresente. Claro , que el negro Seba no lo pensaba con las palabras con que yo lo explico. El tenía pensado contarle a Mili, lo de la nube en el cielo, lo de la risa de su amigo resonando en su cabeza. Como un mensaje. Como si Fran le avisara que estaba bien donde estaba. Como si les pidiera que ya se olvidaran de él y de su destino trágico. Que lo dejaran volar , por que el negro Seba imaginaba que los muertos vuelan, que lo dejaran volar donde debía ir. Y que no lo detuvieran más con sus recuerdos y con su pena. Todo esto había pensado antes de ir a buscarla. Tenía la necesidad de decírselo. De convencerla, de hacerla salir de su profunda melancolía. El sabía que ella lo había querido mucho. Que secretamente probablemente lo amara. Pero sus palabras sólo se encontraron con unos ojos tristes y ausentes, que lo miraban sin verlo. Con una boca , otrora locuaz, que solo contestaba con monosílabos. Con una economía de palabras significativa. En definitiva lo del negro solo fue un monologo y se figuró ser una pelota rebotando contra un frontón.

Como un predicador ante un auditorio de sordos de nacimiento. Subido a una tarima ante una multitud indiferente. Por eso le quedó ése regusto amargo en la boca, que ahora volvía reavivarse con la conversación que había mantenido con su amigo estudiante.

Y en él se fue presentando el presagio, como una sombra que envolvía su espíritu .

Como aquel que espera un acontecimiento, desconocido, pero que teme terrible.

martes, 15 de febrero de 2011

Tercera Parte de Las Brumas del Destino. Octava Entrada

Dos más (continuación)

-Necesitamos que nos ayuden.- interrumpió Mili-es indispensable que nos ayuden, tienen que hacerlo por nuestra amistad y vos Delfi porque sos mi hermana del alma y sabés que yo ando mal y que debo salir de esto.

-Debemos aclararles que lo que pretendemos hacer es peligroso, hemos sido advertidas de los peligros que correremos.- dijo Ami con voz queda y los ojos llenos de lágrimas- pero es la única salida que vemos al tormento que sufrimos durante las noches. En sueños. Sueños que son tan reales, como no puedo explicárselos. Son vívidos como la vida misma.

- Nosotras consultamos una mujer con poderes, una vidente, una mística. Que nos explicó como lograr nuestro propósito, pero para eso debemos ser cuatro mujeres, cuatro mujeres unidas.-dijo Mili.

-Y no tendremos otra oportunidad, pues la vieja no nos quiere ver nunca más. Es ahora o nunca. La primer luna nueva de Julio dentro de cinco semanas.-agregó Ami.

- Perdónenme chicas- interrumpió Delfi- pero yo no entiendo nada de lo que están diciendo. Una bruja, la primer luna nueva, que es todo este quilombo. Yo estoy en bolas, gurisas, no entiendo nada.-terminó.

Mili y Ami intercambiaron una mirada . Permanecieron un rato calladas como calculando el efecto de las palabras que iban a decir y luego removiéndose en el almohadón en que estaba sentada , Mili dijo

-Queremos invocar el alma de Fran, queremos hablar con él y sabemos como hacerlo, conocemos todos los pasos de la ceremonia. Lo hemos repasado con Ami muchas veces. Pero tenemos sólo una oportunidad . No existirá otra. Debe ser ahora, por eso las necesitamos.

-Discúlpenme.-dijo Flor con un gesto de incredulidad.-¿Qué quieren qué? ¿Invocar el espíritu de Fran? Chicas ustedes están locas.- dijo poniéndose bruscamente de pie , inquieta.

- Yo creo lo mismo, ¿Qué les pasa, han perdido el juicio ustedes dos?-dijo Delfi extremadamente quieta-¿Desde cuándo Mili estás pensando en esto? Cómo es posible que no me hayas dicho nada. ¡Cómo pudiste ocultarme todo esto , Mili! Te desconozco.

-¡Chicas por favor! Tranquilícense. Yo sé que es muy difícil entender todo esto. Pero traten de entender. Hay mucha gente que lo hace, ¿No lo han visto acaso en la televisión?- dijo Ami con desesperación

- ¡Pero no seas estúpida Ami! Lo de la televisión es todo verso , como las películas de terror. Una cosa es mirar por televisión sobre fantasmas, sobre espíritus o exorcismos . Otra cosa muy distinta es intentar hacerlo nosotras. A mí se me hiela la sangre de solo pensarlo.- dijo Flor, caminando de un lado para otro. Como hacen los locos, con ése estado de hiperquinesia característico de algunos dementes.

- Si.-dijo Ami.- a mí también me corre un escalofrío de solo pensarlo. Pero estoy decidida a hacerlo. Si ustedes no me acompañan buscaré otra forma de hacerlo. Debe haber alguna otra –dicho esto su rostro se crispó en una mueca de llanto y las lagrimas comenzaron a brotar a raudales de sus ojos mientras se cubría la cara con ambas manos, como quien oculta facciones horribles y vergonzantes.

Flor se acercó arrodillándose a su lado y abrazándola con ambas manos apoyó su rostro sobre su pecho. Luego acariciándole el cabello, mientras dos lágrimas rodaban por sus mejillas le dijo

- Yo te voy a acompañar Ami, aunque sea un desatino lo que querés hacer, yo te voy a acompañar. Sabes que soy tu amiga y que siempre podrás contar conmigo

- Bueno ya somos tres- habló Mili con la garganta reseca, y mirando a su hermana que permanecía quieta y en silencio.

- Está bien , hermanita yo las acompañaré, aunque todo esto me parezca una locura, a los muertos hay que dejarlos en paz- dijo Delfi como para si, pensando que no podría abandonar su hermana en una situación límite como ésta y convencida que no podría hacer nada para hacerla cambiar de parecer. Ella sabía de la tozudez de Mili.

Las cuatro permanecieron un largo rato en silencio. Luego Mili, comenzó a explicarles a las otras dos la ceremonia de invocación, tal como se las había descripto la pitonisa. Las otras escucharon, realizaron algunas preguntas y luego como si nada hubiera ocurrido se dirigieron a la cocina a tomar unos mates. Las cuatro se miraban con esa mirada enigmática con que se miran en silencio los integrantes de una gavilla que preparan un golpe importante. El golpe más importante de su vida. Donde el riesgo sería mayúsculo, pero que les podría abrir las puertas de un nuevo mundo. Con ésa secreta tensión que se siente en nuestro interior ,como un temblor, cuando las manecillas del reloj nos acercan a un momento crucial, como una batalla o un duelo. La tensión de los generales en la noche previa al movimiento que durante mucho tiempo han pergeñado para vencer a su enemigo poderoso y terrible. Un pacto tácito de silencio, eliminó cualquier posible mención del proyecto común. Un proyecto que ahora era de cuatro. De cuatro mujeres como exigía la bruja. De cuatro almas mortales en busca de robar un poco de eternidad.

De violar el precinto inviolable de la tumba. De remover aquello que había vislumbrado Fran en aquel lóbrego sendero rodeado de paraísos.: misterios olvidados, de fuerzas que a través de ocultas puertas al pasado, retornaran del ayer . De un ayer perdido en una noche de verano, entre una bruma fantasmal y un motor rugiente. De recuperar lo perdido ante los ojos de un ciego, para ellas desconocido, involuntario y alucinatorio testigo de la verdad. De una verdad tan misteriosa e incomprensible como el proyecto de éstas cuatro cómplices silentes y desesperadas que se encontraban sentadas en una cocina común , vulgar, como cualquiera . En la que sin embargo, para alguien que estuviera enterado de su propósito , no le sorprendería ver un caldero hirviente y un búho.

La última consulta.

- Si el caso de su hijo fue un caso difícil señora. Muy difícil y extraño. Pero se estaba recuperando bien. Yo lamenté mucho su accidente cuando me enteré. Su yerno me hablo por teléfono y me lo contó. Un hecho desgraciado, señora, un hecho fortuito.

- Si doctor, indudablemente . Pero no piense usted que yo vengo aquí con ninguna intención aviesa. Yo sólo debo conocer, para mi misma, algunas cosas pues encontré algunas notas de mi hijo que me han tenido inquieta. Aquí las tengo , quisiera que usted las vea y me de su opinión.- dijo la mujer aparentando una tranquilidad que no sentía. Que solo constituía la fachada de una alma destrozada.

- Muéstremelas , si ése es su deseo. Desde ya le digo que su hijo tenía un trastorno paranoide como le expliqué ya, según creo. En su caso en particular se creía predestinado al infierno, o algo así. Evidentemente una personalidad predispuesta , por la ausencia paterna fuerte, que al recibir un trauma desencadenó una crisis que afectó su psiquis de forma grave. Llevándolo al terreno de la autodestrucción. A ver espere, me voy a fijar en su ficha- dicho esto giro su sillón y se puso frente al tablero del ordenador personal que estaba a su derecha , en la pantalla se interrumpieron una serie de dibujos de formas cambiantes , y apareciendo el escritorio de inicio, el hombre buscó en sus archivos el que correspondía a Fran- Si , él había sido impresionado, por una historia que le contaron unos amigos , sobre una persona presuntamente embrujada, que al parecer era algo parecido a un zombi, un muerto vivo. Y si bien nunca le manifestó a nadie el temor que esto le produjo, y hasta simuló tomárselo en broma. Debemos agregar que este episodio ocurrió en un momento particular de labilidad emocional. Los médicos decimos labilidad por vulnerabilidad, por momento de bajas defensas. Su hijo había tenido una diferencia con su pareja lo que había creado éstas condiciones , que trato de explicarle. Su hijo pensó mucho en ese personaje embrujado, y temió quizás inconscientemente sufrir la misma suerte. Cuando sufrió la ruptura de su relación de pareja, esto se acentuó. Ese temor inconsciente se acentuó. Eso le provocaba pensamientos obsesivos. No alucinaciones auditivas. Recuerde usted que éste tipo de enfermos tratan de proyectar en algo , sus propias frustraciones.

- Perdón doctor no le entiendo , que es lo quiere decir. ¿Que mi hijo era un frustrado?- preguntó ella

- No, no . En medicina llamamos frustraciones , a ciertos deseos o impulsos que no se han llegado a concretar y que su no concreción causa al sujeto una sensación de displacer que se expresa como angustia. Para decírselo en palabras sencillas causa amargura y el individuo se siente culpable , pero no puede aceptar esa culpa que se auto atribuye por lo que busca responsables reales o imaginarios, que lo persiguen o lo hostigan. Probablemente su hijo en forma inconsciente atribuía a estos seres imaginarios la responsabilidad sobre una situación que no podía asumir como real. Más adelante el episodio con la adivina , y las barbaridades que ésa mujer le dijo, terminaron de desencadenar el episodio agudo que como trato de explicarle ya se venía gestando, en su mente.

- Mire por favor las notas doctor , quisiera saber si usted entiende algo de lo que mi hijo escribió ahí .Por favor doctor. Yo entiendo poco lo que usted me explica, estoy segura que usted debe tener razón en todo lo que me está diciendo y seguramente . Mi hijo estaba loco y le pasaban todas ésas cosas . Pero fíjese doctor en ésas notas.-solicitó la mujer.- Yo vine desde Nogoyá solamente para saber su opinión. Necesito saber su opinión. No tengo a quien más consultar. Compréndame doctor- dijo la mujer , casi en un ruego. El médico tomó con desgano los papeles que ésta le ofrecía. Los miró un largo lapso. Luego devolviéndoselos con cierta parsimonia le dijo

- Señora, ya le expliqué que su hijo tenía ideas obsesivas. Eso es nada más que la confirmación de lo que le he dicho antes.- dicho esto se puso de pie, dando por terminada la entrevista y mirando su reloj en forma significativa. Como diciendo que su trabajo lo requería.

La mujer salió del consultorio, nuevamente convencida , como hace mucho tiempo que a los problemas del alma no lo podían resolver los psiquiatras. Caminó hasta la esquina y tomó un taxi hacia la Terminal de Ómnibus. Estaba decidida a buscar al ciego ése que le había mencionado Facu en su cuaderno. Quería escuchar las cosas de él , de primera mano. No sabía si sería posible por que según le habían dicho era muy difícil, que acepte hablar con alguien que no sea de su entorno íntimo.

La mujer miró las angostas veredas atestadas de gente apurada y pensó que entre ésos miles de rostros, como en todos los millones de rostros de la humanidad, ya nunca volvería a ver el de su hijo.

lunes, 7 de febrero de 2011

Tercera Parte de Brumas. Séptima Entrada

Dos más

Luego ambas se retiraron serías, cansadas de simular una alegría que no sentían.

Ami recordaba esas cosas mientras caminaba hacia la casa de Mili, habían acordado

encontrarse con Flor y con Delfi, la más baja de las mellizas Ardiles.

Estas no sabían nada del plan que ambas tenían. Tampoco sabían cual sería su

reacción cuando se lo contaran. Eso en parte , tenía inquieta a Ami.

La incertidumbre. Su obsesión no admitía dudas, no admitía la más mínima

posibilidad de fracaso. Para ella esta cuestión se había convertido en el tema

central de su vida y cada cosa que hacía , tendía a éste fin. Su única esperanza

eran estas dos mujeres, su amiga y la hermana de Milagros. Con Vale se había

distanciado luego que supo la verdad, sobre Fran y Mili, luego que supo que era

un espíritu leve, superficial. Más preocupada por la apariencia que por otra cosa.

Además la actitud de Vale, frente a la muerte de Fran, fue muy distante. Ami jamás pensó que debía fingir un dolor que no sentía. Pues nunca sintió especial afecto hacia él, desde siempre, desde que lo conoció. Siempre tenía un comentario desfavorable que hacer. O una burla. Pero debió ser más solidaria con ella, que siempre continuó enamorada de él a pesar de todo lo acontecido. Pero no fue así, tomó las cosas con una ligereza que a Ami primero sorprendió y luego lastimó profundamente. Entre ambas se abrió una grieta, una falla geológica que las separó para siempre. Si bien no hacía mucho tiempo, apenas meses, lo definitivo de aquel cisma de su amistad, era un hecho indubitable. De la amistad que alguna vez las unió , o que Ami pensó que las unió, pues ahora después de todas las claudicaciones de Vale, no estaba muy convencida que alguna vez existiera una verdadera amistad, sincera y con ése vinculo emocional indispensable para que una relación de éste tipo se desarrolle. Si se quiere a una amiga Pensaba Ami. ¿Se puede mentirle con respecto a su pareja, introduciendo el germen de la discordia? ¿Se puede ser tan indiferente en una momento tan difícil como el que ella había pasado cuando el accidente? ¿Se puede ser tan superficial, como para no entender el remordimiento, la pena, la desesperación? No, no se puede. La amistad no permite ése tipo de claudicaciones morales. La amistad es un fenómeno de contrastes extremos, existe o no existe. Nadie puede ser más o menos amiga de alguien. Se es , con toda la carga de obligaciones y derechos que ello implica o no se es amiga y punto. Eso pensó Ami. Y si bien nunca la confrontó con sus defecciones, en su interior algo se rompió para siempre. Y Vale pasó a otra categoría, alejada de lo íntimo, más parecida a un elemento decorativo, a un árbol , a un semáforo.

Por lo tanto sólo Flor , cálida y solidaria por naturaleza, era su única amiga, la única persona en la que podía confiar. Además de Mili su compañera en ésta empresa.

A Delfi la conocía poco y nada. Pero por referencias de su hermana, sabía que apreciaba mucho a Fran, y que estaba unida a su hermana con un lazo mucho más fuerte que lo que se observa normalmente entre hermanos. Quizás se debía a que eran mellizas.

Ami siempre pensó que los mellizos de alguna forma , eran más hermanos . Estaban más unidos entre sí por el período común vivido dentro del vientre materno. Ami incluso pensaba que los mellizos hasta podían tener percepciones comunes y que lo que percibía uno de ellos podía ser receptado por el otro. Si uno de los mellizos sufría un dolor también el otro lo podría experimentar. Pensaba que de alguna forma tenían percepciones comunes. Una ligazón íntima que se extendía más allá de su cuerpo , en el cuerpo del otro. Para ella los mellizos eran dos personas que en realidad debían haber sido una sola, como si un ser único se dividiera en dos seres idénticos. La falta de semejanza exacta entre las dos hermanas Ardiles, es una cosa que de alguna forma desconcertaba a Ami y contradecía gran parte de sus fantasías al respecto de éste tipo de parentesco. Ami en realidad, siempre había soñado con un hermano, aunque nunca lo había tenido. De alguna forma la soledad había marcado su infancia. Siempre solitaria, hasta su ingreso en la guardería y más tarde en el preescolar. Ella, pensaba para sí, debía tener un record de años en distintas guarderías, escuelas e institutos distintos. Eran muy pocos los recuerdos que tenía de haber permanecido, en su infancia, en su casa con su madre. Siempre al cuidado de alguna vecina, o en alguna institución. Claro su madre sola siempre tuvo que trabajar. Por las noches volvía tarde y cansada , recuerda verla sentada callada frente al televisor, durante largas horas. Elena , la autista, ese era el apelativo íntimo con que pensaba en ella durante su adolescencia. Luego en la medida que fue creciendo, en la medida en que su madre se volvió más y más agresiva, ya no pensó más en ella, ni le puso apelativo alguno, simplemente la expulsó de su corazón.

Caminando por la vereda de Plaza Entre Ríos, Ami pensaba éstas cosas.

Cruzó la calle Tristán Frutos y continúo caminando junto al adoquinado, llegó al portón metálico del playón y golpeó varias veces. Unos pasos resonaron en el pavimento y de pronto la figura de Mili apareció al abrirse la puerta. La hizo ingresar con un gesto al amplio espacio techado, donde sólo un camión Scania blanco con la cabina rebatida evidentemente estaba en reparación o revisación. Descansando su mole inmensa de tanto trajinar. Caminaron hacia el interior de la casa y se dirigieron al dormitorio de las mellizas donde ya se encontraban Flor y Delfi tomando mate sentadas en el piso.

Ambas estaban sorprendidas por aquella reunión. Y sobre todo por el sigilo con que Mili se había manejado, sin querer llamar la atención de sus padres ni de su hermano menor. En ése momento los tres habían salido, por lo que la casa entera estaba a disposición de las cuatro muchachas. Ami se sentó sobre un almohadón que se encontraba junto a Flor, tomó a ésta del brazo y permaneció un momento en silencio.

Luego como para si misma dijo.

-Yo creo tener algo pendiente en mi vida. Algo que me destruye desde mi propio interior. Y no me deja en paz ni de noche ni de día. Y creo haber encontrado una posibilidad de aliviar mi dolor. Y necesito que ustedes me ayuden. Yo no las puedo obligar. Con Mili estamos de acuerdo en hacerlo. Pero no podemos hacerlo solas

jueves, 27 de enero de 2011

Tercera Parte de Las Brumas del Destino. Sexta Entrada

Otra vez, las notas.

“Me siento como el loco Santella, ése del cuento de Facu, al que le robaron el alma, pero yo no la puedo encontrar, no sé donde está escondida, y ella vaga sin mí”

“Veo como si estuviera subido a un árbol, ellas no me ven. Estoy escondido entre el follaje de la noche oscura. La luna nueva asoma en el cielo negro.”

“Siento la escarcha quebrarse bajo mis pies, y sin embargo no tengo frío, estoy desnudo y no tengo frío”

“El tiempo ha pasado, lo veo en el color de los campos y en las ramas casi desnudas de los árboles. Las golondrinas se han marchado. Pero yo no tengo noción del tiempo. El hoy, el ayer y el mañana se me confunden.”

“Me siento caer con el viento y remolinear entre la hojarasca. Soy una hoja más, reseco y liviano a merced de las ráfagas”

“Yo soy el despojado. Me acerco como un ladrón hacia la luz. Y mis pasos no se escuchan. Ellas no me ven. Sigiloso me aproximo como un descastado”.

La mujer guardó los arrugados papeles en un sobre y dejó éste entre las hojas de un libro. En realidad no necesitaba leerlos, los conocía de memoria. Pero ver los trazos del ausente, la acercaban un poco a él. Ahora sí, después del cuaderno de Facu, entendía mejor aquellas notas. Distraídamente miró el almanaque de la pared de la cocina.

Faltaban tres noches para el cambio de luna.

Dos más.

Ami dejó tras la puerta los gritos de su madre. Su permanente malhumor la convertían en una constante de agresividad hacia su hija. Ésta se había construido una coraza que la aislaba . Que la protegía. Como un bunker. Resistente a las descargas de artillería , de sus reproches e improperios. Hace mucho tiempo que Ami se convenció que su madre no la quería, o al menos no la quería con la forma que conocía en otras madres. Su dolor además la había endurecido. Una cáscara dura la envolvía, la hacía impermeable. Su alma quedó prisionera de su cuerpo hermético. Inmune a los sentimientos. Encallecida por la pena. La calle le daba la ambigua sensación de recuperar otras épocas, otros tiempos que fueron felices, pero además le devolvía la sensación de la ausencia. Esa certeza descorazonadora de no encontrar nunca más en una esquina la figura de aquél que amó con todo su corazón. La exacta magnitud de la muerte. Ése absoluto que nos priva de las presencias. Que nos arrebata de la percepción. Ése escarnio al amor , que nos depara el destino implacable.

En ése estado de ánimo caminó taciturna por las veredas soleadas, con el pálido sol del inicio del invierno. Ella la que había libado de la flor de la amargura. Ella la que se sentía culpable de una injusticia. Una injusticia monstruosa . Que como un ariete había derribado los muros de la felicidad, movilizada por aquél inmundo gusano de la duda, que había taladrado sus entrañas. Ese gusano pertinaz que la había arrojado a los brazos de otro hombre en el preciso momento en que su amado moría. Con la misma ligereza que un niño mata un pájaro, sin comprender el inescrutable misterio de la vida. Así ella, por el más puro despecho había entregado su cuerpo a Matías en el preciso momento de la catástrofe. Nunca los interminables baños pudieron borrar de ella esa afrenta autoinfringida. Se bañaba de forma compulsiva tratando de borrar los imaginarios vestigios del otro en su piel. Hasta que un día lo soñó. Lo soñó con tanta vivídez que todo lo anterior le pareció un sueño. Como si la única realidad fuera la onírica. Y no quería despertar, no quería despertar nunca. Y sólo pensó en recuperarlo con un pensamiento febril, enfermizo , obsesivo. Solo recuperarlo a través del tiempo y de la muerte. Y un día viendo Discovery como siempre, pensó que podría contactarse con él . Y ésa idea hasta entonces subyacente, comenzó a oscurecer los otros pensamientos, hasta ocupar el lugar central de su conciencia. Y ésa esperanza descabellada, le comenzó a devolver la alegría una especie de calidez interior. Cómo la esperanza del enfermo terminal en una cura milagrosa. Así fue como empezó aquel peregrinaje con un amigo de Fran y con otro. Buscando indicios. Hasta aquella charla esclarecedora con Mili, en la que confirmó su error. Su terrible error. Y ambas , no sé porque circunstancia encontraron una química común, una compatibilidad inimaginada. Quizás por su comunión en el dolor. Y emprendieron juntas ésa búsqueda que hoy llegaba a un punto álgido, crucial, el convencer a sus acompañantes. A sus coinvocantes . A aquellas dos mujeres que completarían el círculo hacia el más allá. El portal.

Hacía una semana con Mili fueron a comprar las velas, las 13 velas, luego el trámite de la bendición.

- ¿Para que quieren tantas velas , chicas?- preguntó el sacerdote, sorprendido.

- Por las tormentas, han venido muchas tormenta eléctricas y conversando entre nosotras , que somos muy miedosas, nos acordamos de la costumbre que tenían nuestras abuelas, de encender velas benditas para evitar daños por los temporales.- contestó Ami, que ni siquiera había conocido a sus abuelas.

- Pero son un montón de velas, con que les bendiga dos una para cada una , listo. Si con que la prendan un rato mientras dura lo peor de la tormenta listo, no necesitan más.- les dijo el cura divertido.

- Tiene razón padre-intervino Mili.- pero nosotras queremos obsequiarle a nuestras amigas. No sea cuestión que nosotras estemos protegidas, y a nuestras amigas les pase algo .

- ¡Pero que ataque de fe les agarró a ustedes! Entre otras cosas podrían venir más a misa que las veo bastante salteado por aquí- dijo el cura- y no tengan ninguna duda que las ayudará más que un millón de velas benditas.

- Bueno padre, vendremos por aquí , lo que pasa es que nosotras vamos mucho a San Ramón.- mintió Ami.

- ¿Y por qué no van a bendecir sus velas a San Ramón entonces?- les dijo el sacerdote, mirándolas sonriente.

- Si lo pensamos, pero resulta que el padre había salido, entonces por eso nos vinimos para acá.- dijo Mili.

- Bueno vamos a proceder entonces y quiero verlas en misa, aquí por lo menos Domingo por medio.- agregó el religioso.

Las chicas le alcanzaron los paquetes de velas Ranchera y el cura las bendijo.

miércoles, 12 de enero de 2011

Tercera Parte de Brumas. (Quinta Entrada)

La posdata.

La mujer que había terminado de leer el cuaderno que Facu le había enviado por correo, apoyada sobre el pequeño escritorio de aquella habitación para siempre solitaria leyó la posdata. Escrita con la misma letra , pero con otra tinta, como un agregado último. Como un agregado , escrito con dudas. Lo leyó

“P.D.: Le he hablado de la culpa. Que de alguna u otra manera a todos nos alcanza. A usted como madre, a mí como amigo y a todos los demás. Con el único objeto de paliar su amargura y la mía. Le he hablado del destino. Le he hablado de los sueños. Le he hablado también de los que quieren comunicarse con el más allá. Lo intentarán en la luna nueva de Julio, en el cementerio, a los pies de su tumba. Perturbarán su descanso. No me pregunte como lo sé. Entre otras cosas porque el ciego me lo dijo. Yo no puedo impedirlo. Quizás usted sí, y evitar nuevas catástrofes . Hable con ellas. Que Dios la acompañe y le de paz”

La mujer cerró el cuaderno naranja sobre el escritorio, apagó la luz de la lámpara y luego de permanecer un rato en silencio salió de la habitación, cerrando suavemente la puerta como lo hacía antaño para no perturbar el sueño de su hijo. Ese mismo sueño que ahora quería ser perturbado.

Recuerdos de una charla.

El negro Seba se secó las manos en un trapo blanco deshilachado que alguna vez había sido una toalla. Se miró al espejo y con un pequeño peine negro acomodó sus cabellos, salió del pequeño baño cerrando con el pie la puerta metálica, y se dirigió a la minúscula habitación que servía de oficina, a la izquierda del escritorio de Cacho, sobre una mesada de concreto un anafe servía para calentar agua. El negro Seba destapó la pava enlozada roja con la figura de un pájaro, la llenó con agua en el grifo cubierto de sarro y con su encendedor descartable encendió la hornalla. Luego tomó un paquete de yerba Taraguí abierto , cuyo extremo superior había sido deformado en forma de V , para posibilitar el más cómodo llenado del mate. Vertió la picadura verdemarrón en la pequeña calabaza, y esperó con el termo sobre la mesada, la cobertura plástica del artefacto de color celeste claro , tenía múltiples anillos superpuestos convexos y cóncavos, en éstos últimos se veía el color oscuro de la grasa, lo que daba al conjunto un aspecto moteado. El negro Seba , encendió un cigarrillo, en la hornalla y miró por la ventana hacia la calle en el preciso momento en que una moto Honda amarilla y plateada pasaba con una pareja, enfundada en sus cascos al tono. Al negro Seba no le llamó la atención la moto , a él ese tipo, las ruteras, no le gustaban. A él le gustaban las en duro, las cross, que le daban la sensación de ir montado en un caballo de acero. Con la posición de manejo erguido , como llevando las riendas, a diferencia de éstas otras en las que uno tiene que manejar agachado inclinado hacia delante. ¡Nada que ver! Pensó el negro Seba. Poco después , un fracción de segundo después, su conciencia reconoció a los motociclistas, eran Soledad, la hermana de Fran, y su novio. O mejor dicho en el fuero íntimo del negro Seba , el boludito del novio. Un verdadero “careta” en su pensamiento. Él definía con ese vocablo a las personas que sólo se preocupaban por su apariencia, que gustaban de la ostentación. Como tantos políticos actuales. Como pavos reales, que si bien exhiben su hermoso plumaje al hacerlo muestran el culo. Rió de sus pensamientos, mientras vertía el agua en el termo . Se sentó en la silla que estaba tras el escritorio de Cacho, colocó sus pies sobre éste y empezó a tomar mate. ¡Tenia tantas ganas de tomar mate! Miró a través de la puerta el Peugeot 307 gris, lo había terminado en un ratito, ahora solo debía esperar que el dueño lo buscara , luego estaría desocupado. Cacho hacía más de media hora que se había ido a su casa , igual que todos los otros muchachos, sólo él había permanecido con ése cliente de último momento. Pero bueno había sido poca cosa y ahora solo tenía que esperar y aprovechar para tomar unos buenos mates , ¡tranquilo de la vida!.Para usar sus propias palabras.

Poco a poco aquella visión de la pareja, le trajo el recuerdo de un momento pasado con su amigo. Días antes de su trágico final.

Sentados en el pilar del parque Bicentenario, ambos estaban silenciosos. El negro Seba fumaba, como siempre y Fran con los brazos abiertos apoyados sobre el barandal metálico miraba pasar los autos. Con una mirada distraída.

-¿Qué te pasa loquito? Que estas tan callado-le había preguntado a su amigo mientras sorbía enérgicamente su cigarrillo casi totalmente consumido, para luego arrojarlo a la ancha vereda, con un gesto automático, casi despectivo.

-¡Que se yo lo que me pasa! ¡Tantas cosas me han pasado últimamente! Que en realidad no sé que decirte, pero sinceramente no sé que decirte. Por momentos me ocurre esto, como que me meto en una cápsula, en una caparazón, y mis pensamientos comienzan a manejarse solos. Sin que yo los maneje. Cuando vos, tenes un problema negrito, te pones a analizarlo, a ver como mierda salís de el embrollo. Yo también lo hacía así. Pero después de todo lo que me pasó, por momentos es como si escuchara voces que hablan en mi cabeza, y sé que son los pensamientos que andan funcionando solos. Y pienso cosas , pienso cosas que no quiero pensar, cosas que no han pasado pero que se me presentan como recuerdos vívidos. Nítidos. Recuerdos que no son solo visuales o voces como te decía recién , sino recuerdos que tienen tacto, olor , dolor. Recuerdos de cosas que nunca pasaron ¿me entendés?.

- Más o menos , vos sabés que yo soy medio cuadrado, medio bruto, no soy como Facu que es un libro abierto. ¿Desde cuando te ocurre eso?

- Desde que perdí con Ami , en ése momento las comencé a escuchar, pero de a ratos, no siempre. Después que fui a ver ésa mujer que te conté los otros días, fue mucho peor. Por eso chupaba, negrito, por eso. Porque el alcohol, como que me apagaba las voces, me borraba ésos recuerdos inventados por mi cabeza. ¡Pero claro, casi me morí chupando! Después desde que comencé a ir al doctor éste de Rosario, son cada vez más alejadas. Pero por momentos, como recién , cuando menos lo espero se me presentan. Y me da bronca no poderlos manejar. Sé que son cosa que solo ocurren dentro de mi cabeza. No creas que veo visiones y que creo estar hablando con personas reales. No para nada yo se que son cosas que ocurren dentro mío. En mi mente. Pero bueno, negrito , ya está así como se van distanciando ya se irán. No tengo que darle bola.

-Yo, Fran, no es porque vos estés aquí presente , yo te veo cada día mejor. De corazón te digo. Cada día te veo mejor. Si yo no supiera , lo que te pasó. Para mí que vos te diste manija con ésa vieja de mierda. Te sugestionaste, ¿Te acordás de ése programa que vimos los otros días cuando almorzamos? Ese del tipo que llevaba el grupo de muchachos a una casa abandonada, y los convencía que había fantasmas. Y al rato estaban viendo, escuchando cosas. ¿Te acordás Fran? Para mí que a vos te pasa lo mismo. Esa vieja te tiene que haber hipnotizado. O capaz que te dio algún té o algún cigarrillo con droga, o algo así. Yo, vos sabés que soy tu amigo del alma, te veo cada día mejor.- dijo gesticulando con su índice , con el tronco inclinado hacia delante y rotado hacia su amigo, para mirarlo al rostro, donde se veía la cicatriz en la frente, como una impronta de sus desgracias pasadas.- Eso otro de los pensamientos que hablan dentro de tu cabeza, que se yo. Yo no entiendo nada. Pregúntale al matasanos ese, al loquero en una de ésas el sabe, lo que te pasa. O si más tarde lo encontramos a Facu le preguntamos , en una de ésas el sabe algo.

-Gracias, negrito, me hace bien escuchar lo que me decís . Yo también te quiero , sabés que sos un amigo del alma . Yo te cuento porque vos me lo preguntas, de lo contrario no te digo nada, además te aseguro que ya me siento mejor. Pero lo que pasa es que en ésos pensamientos me veo muerto, mirando desde arriba un grupo de gente, y lo veo como si estuviera ahí Seba, y estoy despierto no estoy soñando. Pero bueno negrito ya va a pasar.- terminó

Ambos amigos se pusieron de pie y se dirigieron a la heladería de la esquina de Alem y 9 de Julio. Compraron facturas, el negro aún ahora , podía oler el aroma de éstas. Subieron a sus motos , Fran era el primer día que volvía a conducir la suya, y se fueron a tomar mate a casa de Mili. Inmerso en ésos recuerdos el muchacho tomaba mate en forma automática. Se sobresaltó cuando le golpearon el vidrio de la puerta. El dueño del 307 . El mecánico se levantó de la silla de Cacho, tomó las llaves que estaban colgadas en un llavero de madera con ganchitos metálicos, se dirigió al recién llegado y extendiéndoselas le explicó el desperfecto del auto. Cuando el hombre se retiró en su vehículo, el negro Seba, cerró la puerta de la oficina , corrió el portón metálico que da a la calle le colocó el candado y se alejó a paso lento por la vereda hacia su casa. Se desprendió dos botones de su camisa de trabajo y extrayendo la cruz de su cadena la llevó a sus labios ¡Qué Dios te tenga en la gloria loquito! Se dijo a sí mismo y una leve acidez se instaló en la boca de su estómago.. A la tarde iría a verla a Mili. Sabía lo que tenía que decirle a la flaca. ¡Lamentablemente los hombres no pueden vivir llorando a sus muertos! La vida continúa. La flaca tiene que entenderlo. Tendrían que dejar que Fran parta definitivamente. Liberarlo definitivamente, como quien abre la jaula de un pájaro cautivo para darle la libertad. Elevó sus ojos y vio una pequeña nube en el firmamento celeste, y dentro de su cabeza escuchó la risa amistosa de su amigo. Sonrió.

La nube comenzó a deshilacharse lentamente, como alejándose.

martes, 4 de enero de 2011

Tercera Parte de Las Brumas del Destino Cuarta Entrada)

La búsqueda.


Mili sentada frente a la vieja, pensó en lo que habrá sentido Fran sentado frente a ésa mujer. Facu le había contado de la entrevista que él había tenido con ella. El peor momento de su vida seguramente. Y en su corazón herido sintió un ramalazo de dolor.
De dolor por su amigo muerto. Y en aquellos ojos húmedos de batracio, presintió el brillo de algo maligno. Pero tuvo la certeza de respuestas.
Presintió la puerta por la que podrían ingresar en ése otro espacio. Al que se ingresa a través de la muerte. Elevó su mirada hacia Ami parada a su derecha y luego volvió a depositarla en las manos de la vieja, que estaban apoyadas sobre el mantel sucio de la pequeña mesa. La luz se filtraba a sus espaldas a través de la puerta de vidrios repartidos. En cuatro haces de luz oblicua que formaban sobre los opacos mosaicos de color borravino , rectángulos más claros , que dejaban ver en los mismos el desgaste propio de años de uso. El aire les parecía denso, pesado, invadido por la presencia de la vieja, como por una extensión de su cuerpo físico. Como si la vieja se propagara más allá de su piel hacia el ambiente circundante. Como si la casa estuviera invadida de su ser. Como si las paredes palpitaran al ritmo de su corazón y dependieran de su temperatura vital. Como si toda la mampostería , las aberturas y los muebles estuvieran constituidos de su protoplasma. Mili sentía que ambas estaban dentro de una cámara hermética dominada por la voluntad de la pitonisa, que sentada frente a ellas las miraba en silencio. Cuando ella había querido hablar para explicar la razón de su llegada, la mujer levantando ambas manos a la altura de su cabeza les había pedido que guardaran silencio. Luego callada se había sentado y las observaba . De repente cerró sus párpados arrugados en los que casi no había pestañas. Comenzó a balancear su tronco con un movimiento de adelante atrás , acompasado con los suaves golpes de sus palmas sobre el mantel.
- ¡Lo que ustedes quieren hacer es peligroso! No es bueno molestar a los ausentes. Más aún cuando existen cuestiones pendientes. ¡Nunca se sabe las cosas que pueden hacer aquellos que han partido! Muchos han pagado con su vida, el intento. La ira de los espíritus es terrible, desmesurada. Sus reacciones imprevisibles.-guardó silencio por un momento y abrió sus ojos, mirándolas con una mirada enigmática, mientras una luz maligna se encendía en sus pupilas, como un goce interior. Luego prosiguió su monólogo.
- Muy peligroso, es lo que ustedes quieren hacer-dijo con suavidad , mientras las palmas de sus manos dibujaban círculos sobre el mantel-¡No se enfrenten a sus propios demonios! Están a tiempo de dar marcha atrás. Luego será tarde, cuando se invoca a los muertos, y estos responden , no hay forma de retroceder- súbitamente calló.
- ¡Nosotras queremos hablar con un amigo! El no nos hará daño.- dijo Mili
- ¡Qué sabes tú! No sabes nada. Nada de nada. El imperio de la materia quizás lo puedas llegar a comprender. Pero esto no es para cualquiera. No puede ir un niño a enfrentarse con un Tigre de Bengala , armado con una vara de sauce. El animal lo devorará con seguridad. Y ustedes se exponen a ser engullidas por los monstruos de las tinieblas. Una parte de ustedes, el cuerpo, probablemente sea inmune a los peligros que las acecharán. Pero otra parte, la fuerza vital que lo habita, el alma inmortal, puede claudicar ante las fuerzas desatadas. No , muchacha de esto no sabes nada.
- Él nos habla en los sueños- dijo Ami con un hilo de voz.- el quiere comunicarse con nosotras. Lo necesita, estoy segura. Él no descansa, pues con su partida brusca, dejó muchas cosas sin aclarar. Y de alguna forma continua ligado a éste mundo-terminó.
- ¡Mucho peor entonces! Mucho peor. No lo recuerdas muchacha, pero hace muchos años te dije que estabas predestinada a libar de la flor de la amargura. A beber el amargo cáliz de la desdicha. ¡Ese es tu destino! No provoques las fuerzas ocultas. No lo hagas.
- Nosotras, sabemos que hay formas de lograrlo. Si no es usted será otra la persona que nos guíe en nuestro propósito-interrumpió Mili.
- Existen formas de intentarlo, claro que sí. Podrán lograrlo o no. Pero yo les estoy diciendo que los peligros son grandes. Ustedes quieren invocar a un alma atormentada, el alma de alguien que estaba predestinado a la catástrofe. El alma de alguien que no tenía escapatoria. El alma de quien nunca debió nacer.
- ¡Pero por qué dice eso!.-casi gritó Ami, con su rostro encendido y los ojos inundados.
- Lo digo , por que lo sé , porque siempre lo supe. El fue como la manzana robada del árbol del bien y del mal. Yo siempre lo supe. Yo lo advertí. Antes de todo lo advertí. Pero no me escucharon como no lo hacen ustedes ahora- dijo la vieja bajando la mirada hacia sus manos rugosas, que parecían tener todos los años del mundo.
- No entiendo.- dijo Mili
- Ni lo podrás entender nunca. Son cosas que solo unos pocos entendemos. De nada sirve que yo me ponga ahora a explicarles, lo que ya no tiene remedio. Lo que nunca tuvo remedio. Estaba condenado desde el momento de su concepción. Pero bueno, esa es historia vieja y ustedes no han venido aquí por eso. Y si lo hubieran hecho , nunca las abría dejado entrar, nunca las hubiera recibido. Ustedes quieren dar tranquilidad a quien partió sin paz. Y creen que podrán lograrlo. Yo lo dudo.
- Queremos intentarlo- dijo Ami, mirando a su amiga que tenía la mirada fija en la vieja aquella, en la pitonisa, en la bruja.
- Si tanto lo desean , yo les enseñaré la forma- dijo la vieja con una sonrisa de su boca desdentada- deberán esperar la luna nueva de Julio. No antes ni después. Yo les enseñaré como hacerlo. Luego todo dependerá de ustedes. Y no quiero verlas nunca más aquí. Por ningún motivo. Nunca más. Ya les advertí , que lo que quieren hacer es terriblemente peligroso. Pero bueno ustedes se lo buscan.
- Bueno, nosotras estamos dispuestas a correr los riesgos. Si hemos venido aquí es porque estamos convencidas de lo que le pedimos.
- Ya lo sé , conozco lo que han hecho. No me pregunten como. Pero yo conozco. Sabía para lo que venían y porque lo hacían. Solo trate de prevenirlas, de convencerlas de que no lo hagan , pero sabiendo de antemano cual sería su respuesta. Ustedes se lo buscan. Realmente creo que no saben lo que hacen. La primer luna nueva de Julio, tendrán que tener 13 velas benditas, una por cada apóstol y otra por el Espíritu Santo. Deberán buscar otras dos mujeres, no varones, mujeres. Otras dos mujeres que estén convencidas como ustedes. Si no lo están ahora tienen tiempo para convencerlas y llevarlas para que las ayuden en su propósito. Luego de la entrada del Sol, cuando ya no se vea claridad en el horizonte. Deberán ir al cementerio, y juntarse a los pies de la tumba de él. Formarán un círculo con las 13 velas , se sentarán alrededor tomadas de la mano y esperaran a que aparezca la luna nueva sobre ustedes. En ése preciso momento encenderán 3 velas cada una, la restante se encenderá sola cuando el aparezca. Por ningún motivo suelten sus manos , luego que las velas estén encendida, por ningún motivo se alejen del círculo, por ningún motivo vuelvan la mirada hacia atrás. Tienen tiempo de arrepentirse hasta que las velas se enciendan. Luego ya será tarde.- Tomó un papel de un bloc amarillento y con un bolígrafo viejo escribió en una hoja, luego extendiéndoselas les dijo- ¡estas son las palabras para invocarlo mientras encienden las velas! No se las muestren a nadie y guárdenlas en lugar seguro. Las deberán pronunciar alguna de las dos. La más cercana. Yo les recomiendo que desistan. El papel deberán quemarlo con la duodécima vela encendida, luego de enunciar la invocación. ¡Ahora váyanse estoy cansada! Y no me den las gracias. No les hice ningún favor-dicho esto se puso de pie, haciendo una ademán de que se alejen, cuando las mujeres franqueaban la puerta volvió a hablar con una voz cavernosa y grave.- ¡No vuelvan nunca! Nunca más.
Mientras atravesaban el jardín yermo que rodeaba la casa, el agudo sonido metálico de las aspas de molino que comenzaban a moverse por el viento, las sobresaltó. Por el Este sobre el arroyo Nogoyá , unas nubes oscuras enmarcaban el horizonte.