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martes, 8 de marzo de 2011

Tercera Parte de Las Brumas del Destino Décima Entrada

La luna nueva de Julio

En las noches invernales la ciudad aparece cubierta por una nube baja de humo y neblina. Como un estrato horizontal que se extiende sobre los techos . Dando a la atmósfera una sensación de consistencia. Las luminarias de la calle se ven rodeadas de un halo , que les da el aspecto de poseer una corona iridiscente.

El aire helado penetra por nuestro cuerpo arrastrando el aroma de leña quemada.

Y trayendo lejanos sonidos de ladridos y mugidos que se mezclan con el grave rugido de los camiones en las rutas, a través del denso frío de la noche.

Nogoyá en ésa época del año se ensimisma . Quedando sus calles semidesiertas, a merced de los perros y del viento. Deshabitadas de los grupos de chicos que las transitan en verano, de los vecinos sentados en los jardines o las puertas. De los insomnes que deambulan por sus calles en busca de quien sabe que cosa. Solo en algunas calles céntricas persiste el tránsito de vehículos y personas hasta un poco más tarde para luego dormirse también. Por lo que la ciudad adopta un paisaje frío y desolado, sobre todo en los barrios y más aún en los suburbios. El cementerio con sus paredones blancos y sus cipreses , oscuras espículas hacia el cielo estrellado, impresiona como una amurallada ciudad fantasmal. Acrópolis de quietud y de silencio. Prohibida ciudad de los muertos. Donde la arquitectura sombría de sus panteones y sus nichos , privados de la algarabía de la vida. Se recortan en contrastes umbríos apenas iluminados por la escasa luz artificial. Donde ángeles inmóviles guardan el descanso de los que han partido, por el azaroso y definitivo camino de las almas abandonadas de su cuerpo mortal. En ése lugar se debía realizar la invocación, el llamado.

Las cuatro amigas se dirigieron al Cementerio a últimas horas de la tarde, a las 18hs el lugar se cerraba al público y los serenos podrían impedir su ingreso, si las descubrían intentando hacerlo. A ésa hora era más fácil ingresar , como ingresa cualquiera. Como un deudo más , como cuatro dolientes en visita póstuma. Decidieron esconderse entre las tumbas hasta que fuera la hora propicia para realizar su ceremonia.

Antes que el Sol terminara de ocultarse las chicas se escondieron entre dos panteones, lugar desde el cual podían divisar la tumba de su amigo. A cuyos pies deberían concurrir antes que la luna nueva alcanzara el cenit. A pesar de los abrigos que llevaban, que como precaución adicional eran oscuros, sentían un intenso frío. Sensación atribuible a la columna de mercurio , pero también al lugar inquietante donde se encontraban y a las sombras que todo comenzaban a cubrirlo. Sombras , donde los demonios interiores comienzan a revolverse en sus lechos, despertando del sueño que les impone el día, o el ruido y la actividad. Aflorando a la superficie de la conciencia, como las burbujas de metano en los pantanos. Hablaban en susurros para combatir esa sensación extraña. Hasta alguna de ellas dijo algún chiste. Solo Ami permanecía callada con la mirada puesta en dirección a la sepultura. Sus amigas respetaban su silencio. Pues conocían la desesperación que la había llevado a ése lugar y que ellas secundaban , pero salvo Mili que era quien más se le aproximaba en el sentimiento, no compartían en la misma profundidad. A Flor y a Delfi el principal motor que las había llevado a ésa situación era la solidaridad. Y en el fondo , probablemente en su subconsciente, una luz de esperanza en que aquello resultara bien.

-Ya debe ser hora- dijo Flor – en un susurro

-No , creo que todavía falta un rato, no puedo ver la luna desde aquí, pero aún es temprano.- contestó Mili .

- ¿Trajeron encendedor? Voy a fumarme un pucho-dijo Flor.

- Fuma tranquila que todavía tenemos tiempo, falta rato todavía- intervino Delfi.

- Tengo un cagazo de novela, algo tengo que hacer, éste lugar me espanta, por lo menos un cigarrillo me va a tranquilizar un poco.- contestó Flor mientras extraía una atado de cigarrillos de su bolso de tela. Tomó el encendedor que le alcanzaba Delfi, y lo encendió acercando el extremo del cigarrillo a la pequeña llama amarillenta. Sus rostros se iluminaron por el fuego exiguo y sus facciones se parecieron a esos dibujos realizados en blanco y negro , donde solo se detallan los rasgos iluminados. Y en ese instante se percató de la mirada de Ami dirigida hacia ella

-No temas de nada – le dijo con dulzura- Nada nos hará daño. En éste país todos duermen y a quien nosotros despertaremos, es alguien cercano a nuestro corazón. Si de algo estoy segura es que no nos hará ningún daño cuando venga. No temas Flor, no temas de nada.- y dicho esto volvió a dirigir su mirada hacia el sitio que había estado mirando todo el tiempo. Como si por ése breve lapso de sus palabras hubiera salido de un sopor en el que volvía a sumergirse.

- Ya lo sé Ami, pero igual tengo miedo- Flor pronunció éstas palabras con un hilo de voz y continuó fumando en silencio apoyada contra la mampostería de aquel monumento funerario. Por mucho rato ninguna de las cuatro volvieron a pronunciar palabra alguna. Solo Mili y Flor fumaban en silencio , a intervalos regulares.

La noche era calma, y la helada descendía con su manto de hielo sobre los pastos. En lo alto la Vía Láctea atravesaba el firmamento con las luces de sus innúmeres mundos, titilando en la inmensidad del cosmos. Ami levantando la vista hacia el cielo límpido dijo:

-Ven las estrellas. Muchas de ellas ya no existen. Pero están tan lejos que su luz recién nos llega en éste momento. Mirar el cielo es como mirar el pasado. Y es un milagro que Dios nos permite cada noche. ¿por qué no nos permitiría hoy, algo parecido, que es lo que queremos hacer? Muchas veces cuando veo esto mismo , pienso lo que les acabo de decir. Y creo. Creo que lo podremos hacer hoy. No sé porque en ésta fecha, ni de ésta forma. Es algo que se me escapa. Nos dijeron que debía ser así y así será. Por eso estamos aquí. Estamos como mirando el cielo. Viendo el ayer.

- Yo también creo Ami- dijo Delfi tocándole el cabello con ternura- yo también creo. Y tampoco sé porque será hoy y en éste lugar. Pero así se hará. Siempre me han enseñado que el cuerpo es un resto, algo desechable, de lo que nos desprendemos cuando nos vamos al cielo, o que se yo adonde nos iremos, por lo que siempre pensé que el alma debe estar en todas partes, como el aire. Pero seguramente ésos restos son un ancla, como los animales cuando vuelven a su querencia. O como las palomas mensajeras que retornan a su palomar.-terminó.

-La vieja dijo que debía hacerse así y así lo haremos..- Intervino Mili lacónica succionando de su cigarrillo enérgicamente.

Transcurrido un rato en absoluto silencio. Donde solo se escuchaba el castañeteo de dientes de Flor y algún perro lejano. Mili dijo

-Creo que es hora.

Las cuatro salieron sigilosas y torpes de su escondrijo, con los miembros entumecidos por el frío y por la postura mantenida por largo tiempo. Como aquellos soldados que salen de su trinchera en la noche, después de haber permanecido ocultos por varios días.

Ami silenciosa fue la primera en sentarse en el suelo helado y extrajo del bolsillo interior de su campera las velas benditas.

Con la luz de un teléfono celular dispusieron las doce en circulo hundiéndolas sin dificultad en el suelo blando , luego la decimotercera en el centro, la que nunca encenderían la que debía encenderse sola con la llegada del buscado.

Miraron la posición del pequeño paréntesis lunar y todavía faltaba un rato para que llegara al lugar señalado por la pitonisa. Se frotaban las manos endurecidas por la intemperie total a la que estaban expuestas salidas del refugio en el que habían permanecido hasta entonces. En el preciso momento en que Selene ocupó el sitio indicado, comenzaron cada una a prender sus tres velas y Mili con voz ronca comenzó a leer la invocación escrita por aquella mujer en un papel de bloc amarillento. Terminadas de pronunciar las palabras quemó el papel colocándolo sobre la llama de la última vela encendida. Se tomaron de la mano y permanecieron así largo tiempo. Alrededor de aquél círculo de luz soñado por el ciego. Esperando la llegada de aquél que pensó que le habían robado el alma. De aquél que no pudo huir de su destino, en el preciso momento en que se empezaba a sentir vivo nuevamente.

Las cuatro se miraban calladas y se apretaban las manos para darse confianza y mitigar el miedo que las invadía. Como si el contacto físico las protegiera , las hiciera inmunes a los peligros que acechaban en aquél lugar.

Sólo el aullido de algún perro lejano interrumpía el silencio de la noche avanzada y calma en aquella loma bendita que de alguna manera habían profanado con su presencia.

Quietas y calladas se encontraban las cuatro después de casi veinte minutos de haber empezado la ceremonia, cuando Delfi, Flor y Mili levantaron la mirada sorprendidas hacia la vereda por la que habían venido. Ami bruscamente giró el tronco y miró hacia atrás, a la vez que se le dibujaba una inmensa sonrisa en su rostro iluminado por las velas.

- Mi amor-dijo en un susurro- hace tanto tiempo que quería volver a verte. Mi amor…

Su cuerpo comenzó a sufrir bruscas sacudidas mientras caía de espaldas, golpeaba el piso con los talones y con los puños. Y su cráneo resonaba contra el suelo helado.

De su boca comenzó a brotar un espumarajo blanco. Las tres se abalanzaron sobre Ami , que se movía sin control, hablándole sin obtener respuestas. Fue Flor la que notó la decimotercera vela encendida, mientras sus amigas pedían auxilio a la mujer y los hombres que venían corriendo por la vereda y que las tres vieron en el preciso momento en que Ami giró y dijo algo.

-Llegamos tarde – dijo la madre de Fran en un sollozo.- las busqué toda la tarde , para que no hicieran esto. Por Dios. ¡Llamen la ambulancia muchachos! Por Dios

Una ráfaga solitaria apagó los pabilos , todos a la vez y arremolinándose entre la hojarasca se perdió en la serenidad de la noche.

Facu, desde su balcón, muy lejos al otro lado del río, vio una estrella fugaz marcar una parábola de luz sobre las islas, y el negro Seba despertó sobresaltado de su sueño profundo.

“Por ningún motivo se alejen del círculo, por ningún motivo vuelvan la mirada hacia atrás” Las palabras de la vieja resonaron en la cabeza de Mili, por mucho tiempo después de la muerte de Ami. Pero lo que recordará por el resto de su vida, son aquellas palabras susurradas, sus últimas palabras, que solo ella escuchó, por estar a su lado.

Y su sonrisa, si su sonrisa.

martes, 4 de enero de 2011

Tercera Parte de Las Brumas del Destino Cuarta Entrada)

La búsqueda.


Mili sentada frente a la vieja, pensó en lo que habrá sentido Fran sentado frente a ésa mujer. Facu le había contado de la entrevista que él había tenido con ella. El peor momento de su vida seguramente. Y en su corazón herido sintió un ramalazo de dolor.
De dolor por su amigo muerto. Y en aquellos ojos húmedos de batracio, presintió el brillo de algo maligno. Pero tuvo la certeza de respuestas.
Presintió la puerta por la que podrían ingresar en ése otro espacio. Al que se ingresa a través de la muerte. Elevó su mirada hacia Ami parada a su derecha y luego volvió a depositarla en las manos de la vieja, que estaban apoyadas sobre el mantel sucio de la pequeña mesa. La luz se filtraba a sus espaldas a través de la puerta de vidrios repartidos. En cuatro haces de luz oblicua que formaban sobre los opacos mosaicos de color borravino , rectángulos más claros , que dejaban ver en los mismos el desgaste propio de años de uso. El aire les parecía denso, pesado, invadido por la presencia de la vieja, como por una extensión de su cuerpo físico. Como si la vieja se propagara más allá de su piel hacia el ambiente circundante. Como si la casa estuviera invadida de su ser. Como si las paredes palpitaran al ritmo de su corazón y dependieran de su temperatura vital. Como si toda la mampostería , las aberturas y los muebles estuvieran constituidos de su protoplasma. Mili sentía que ambas estaban dentro de una cámara hermética dominada por la voluntad de la pitonisa, que sentada frente a ellas las miraba en silencio. Cuando ella había querido hablar para explicar la razón de su llegada, la mujer levantando ambas manos a la altura de su cabeza les había pedido que guardaran silencio. Luego callada se había sentado y las observaba . De repente cerró sus párpados arrugados en los que casi no había pestañas. Comenzó a balancear su tronco con un movimiento de adelante atrás , acompasado con los suaves golpes de sus palmas sobre el mantel.
- ¡Lo que ustedes quieren hacer es peligroso! No es bueno molestar a los ausentes. Más aún cuando existen cuestiones pendientes. ¡Nunca se sabe las cosas que pueden hacer aquellos que han partido! Muchos han pagado con su vida, el intento. La ira de los espíritus es terrible, desmesurada. Sus reacciones imprevisibles.-guardó silencio por un momento y abrió sus ojos, mirándolas con una mirada enigmática, mientras una luz maligna se encendía en sus pupilas, como un goce interior. Luego prosiguió su monólogo.
- Muy peligroso, es lo que ustedes quieren hacer-dijo con suavidad , mientras las palmas de sus manos dibujaban círculos sobre el mantel-¡No se enfrenten a sus propios demonios! Están a tiempo de dar marcha atrás. Luego será tarde, cuando se invoca a los muertos, y estos responden , no hay forma de retroceder- súbitamente calló.
- ¡Nosotras queremos hablar con un amigo! El no nos hará daño.- dijo Mili
- ¡Qué sabes tú! No sabes nada. Nada de nada. El imperio de la materia quizás lo puedas llegar a comprender. Pero esto no es para cualquiera. No puede ir un niño a enfrentarse con un Tigre de Bengala , armado con una vara de sauce. El animal lo devorará con seguridad. Y ustedes se exponen a ser engullidas por los monstruos de las tinieblas. Una parte de ustedes, el cuerpo, probablemente sea inmune a los peligros que las acecharán. Pero otra parte, la fuerza vital que lo habita, el alma inmortal, puede claudicar ante las fuerzas desatadas. No , muchacha de esto no sabes nada.
- Él nos habla en los sueños- dijo Ami con un hilo de voz.- el quiere comunicarse con nosotras. Lo necesita, estoy segura. Él no descansa, pues con su partida brusca, dejó muchas cosas sin aclarar. Y de alguna forma continua ligado a éste mundo-terminó.
- ¡Mucho peor entonces! Mucho peor. No lo recuerdas muchacha, pero hace muchos años te dije que estabas predestinada a libar de la flor de la amargura. A beber el amargo cáliz de la desdicha. ¡Ese es tu destino! No provoques las fuerzas ocultas. No lo hagas.
- Nosotras, sabemos que hay formas de lograrlo. Si no es usted será otra la persona que nos guíe en nuestro propósito-interrumpió Mili.
- Existen formas de intentarlo, claro que sí. Podrán lograrlo o no. Pero yo les estoy diciendo que los peligros son grandes. Ustedes quieren invocar a un alma atormentada, el alma de alguien que estaba predestinado a la catástrofe. El alma de alguien que no tenía escapatoria. El alma de quien nunca debió nacer.
- ¡Pero por qué dice eso!.-casi gritó Ami, con su rostro encendido y los ojos inundados.
- Lo digo , por que lo sé , porque siempre lo supe. El fue como la manzana robada del árbol del bien y del mal. Yo siempre lo supe. Yo lo advertí. Antes de todo lo advertí. Pero no me escucharon como no lo hacen ustedes ahora- dijo la vieja bajando la mirada hacia sus manos rugosas, que parecían tener todos los años del mundo.
- No entiendo.- dijo Mili
- Ni lo podrás entender nunca. Son cosas que solo unos pocos entendemos. De nada sirve que yo me ponga ahora a explicarles, lo que ya no tiene remedio. Lo que nunca tuvo remedio. Estaba condenado desde el momento de su concepción. Pero bueno, esa es historia vieja y ustedes no han venido aquí por eso. Y si lo hubieran hecho , nunca las abría dejado entrar, nunca las hubiera recibido. Ustedes quieren dar tranquilidad a quien partió sin paz. Y creen que podrán lograrlo. Yo lo dudo.
- Queremos intentarlo- dijo Ami, mirando a su amiga que tenía la mirada fija en la vieja aquella, en la pitonisa, en la bruja.
- Si tanto lo desean , yo les enseñaré la forma- dijo la vieja con una sonrisa de su boca desdentada- deberán esperar la luna nueva de Julio. No antes ni después. Yo les enseñaré como hacerlo. Luego todo dependerá de ustedes. Y no quiero verlas nunca más aquí. Por ningún motivo. Nunca más. Ya les advertí , que lo que quieren hacer es terriblemente peligroso. Pero bueno ustedes se lo buscan.
- Bueno, nosotras estamos dispuestas a correr los riesgos. Si hemos venido aquí es porque estamos convencidas de lo que le pedimos.
- Ya lo sé , conozco lo que han hecho. No me pregunten como. Pero yo conozco. Sabía para lo que venían y porque lo hacían. Solo trate de prevenirlas, de convencerlas de que no lo hagan , pero sabiendo de antemano cual sería su respuesta. Ustedes se lo buscan. Realmente creo que no saben lo que hacen. La primer luna nueva de Julio, tendrán que tener 13 velas benditas, una por cada apóstol y otra por el Espíritu Santo. Deberán buscar otras dos mujeres, no varones, mujeres. Otras dos mujeres que estén convencidas como ustedes. Si no lo están ahora tienen tiempo para convencerlas y llevarlas para que las ayuden en su propósito. Luego de la entrada del Sol, cuando ya no se vea claridad en el horizonte. Deberán ir al cementerio, y juntarse a los pies de la tumba de él. Formarán un círculo con las 13 velas , se sentarán alrededor tomadas de la mano y esperaran a que aparezca la luna nueva sobre ustedes. En ése preciso momento encenderán 3 velas cada una, la restante se encenderá sola cuando el aparezca. Por ningún motivo suelten sus manos , luego que las velas estén encendida, por ningún motivo se alejen del círculo, por ningún motivo vuelvan la mirada hacia atrás. Tienen tiempo de arrepentirse hasta que las velas se enciendan. Luego ya será tarde.- Tomó un papel de un bloc amarillento y con un bolígrafo viejo escribió en una hoja, luego extendiéndoselas les dijo- ¡estas son las palabras para invocarlo mientras encienden las velas! No se las muestren a nadie y guárdenlas en lugar seguro. Las deberán pronunciar alguna de las dos. La más cercana. Yo les recomiendo que desistan. El papel deberán quemarlo con la duodécima vela encendida, luego de enunciar la invocación. ¡Ahora váyanse estoy cansada! Y no me den las gracias. No les hice ningún favor-dicho esto se puso de pie, haciendo una ademán de que se alejen, cuando las mujeres franqueaban la puerta volvió a hablar con una voz cavernosa y grave.- ¡No vuelvan nunca! Nunca más.
Mientras atravesaban el jardín yermo que rodeaba la casa, el agudo sonido metálico de las aspas de molino que comenzaban a moverse por el viento, las sobresaltó. Por el Este sobre el arroyo Nogoyá , unas nubes oscuras enmarcaban el horizonte.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Tercera parte de Brumas. Tercera Entrada

El Cuaderno de Facu (continuación)

Disculpe que le hable en éstos términos pero me he puesto a leer mucho. A mi siempre me gustó leer mucho.
Como le dije antes , yo no creí nunca en el destino. Hasta ahora, y por eso a partir de éste vislumbre , de éste ver a través de la neblina, comencé a formularme preguntas .
Y una de ellas es esta , sobre el destino y la responsabilidad. ¿Es culpable por sus actos un homicida, que estaba predestinado a serlo? Desde la niñez hemos aprendido, que existen cosas que están bien y otras que están mal. Que debemos optar. Elegir.
Y eso es lo que posibilita , que alguien sea calificado de “bueno” o “malo”. La capacidad de elegir. Estoy convencido que Fran no pudo elegir. Y me pregunto éstos muchachos , que desde su mezquindad, sembraron la discordia. ¿Pudieron elegir?
Si uno de nosotros está signado por el destino inexorable . ¿Pueden los otros, todos los otros , los millones de seres humanos , escapar a su propio destino inexorable?
Vuelvo a pedirle disculpas por explayarme en éstas preguntas, que me formulo a mí mismo, en el exacto momento en que le escribo éste cuaderno. Pero son preguntas que me atormentan. Pues de ser así de poco sirven los esfuerzos. Si nuestra vida está escrita de antemano , no existen las virtudes ni los pecados.
Volviendo a la niña aquella, que pasaba los inviernos en la casa de su tía. Le dije que ése lugar de dicha, además era lugar de desgracia. Una dualidad comprensible a poco yo se la explique. La tía Carmen, vivía en Montoya. Probablemente ya eso para usted sea suficiente, para que comience a intuir lo que le contaré.
Flor una de las amigas de Ami , en ocasiones, por unos pocos días , la acompañaba al campo. Era llevada por sus padres, a pedido de su amiguita, para hacerle compañía y servir de compañerita de juegos. Hasta el día de hoy son inseparables.
Flor, casi sin querer, me contó un episodio, ocurrido en una de ésas visitas al campo.
Ami había encontrado en un montecito de chañares un nido de picaflor con sus minúsculos pichones dentro, y decidió mostrárselos a su amiga. Una siesta , después de almorzar y de ayudarle a la tía con la limpieza de la cocina, ambas niñas salieron al campo para ver el hallazgo. Ya le dije que Ami visitaba su tía en Invierno por lo que el encontrar un nido con pichones es un hecho por demás extraño. Insólito. Casi imposible. Las niñas caminaron, casi corriendo, con ése entusiasmo tan propio de ésa edad, hacia la mata verde marrón que se recortaba al fondo del potrero. Al llegar al sitio ambas se quedaron extasiadas ante el espectáculo singular y bello. En ése momento es cuando se les apareció la vieja, sí la vieja, ésa misma que usted piensa. Les preguntó sobre que estaban haciendo en ése lugar , apoyada sobre un palo grisáceo del alambrado, las miraba con rostro serio. Las niñas sonrientes le contaron lo que estaban viendo. La vieja se agachó pasó entre los hilos de alambre, y acercándose contempló el nidito, la delicada copita. Y les dijo que ellos , los pichones, cuando sean grandes libaran de las flores el dulce néctar de la vida. Dirigiéndose a Flor le dijo, que ella tenía un nombre que atraería a los picaflores , que es lo que hasta hoy grabó en la memoria de la niña, el episodio. Y mirándola a Ami le dijo que en cambio ella bebería de la flor de la amargura. Dicho lo cual la vieja se fue.
Las chicas quedaron sorprendidas por un momento, pero luego olvidaron todo, riéndose del aspecto de aquella mujer gorda .
Pero yo sé ahora, que ése encuentro no fue casual, que aquel nido en realidad fue un señuelo, deliberadamente puesto en ése lugar. Una trampa.
Sólo el haber adivinado su nombre grabó en Flor el recuerdo, que ahora me permite exhumarlo, traerlo a la superficie. Como un arqueólogo de la memoria.
Predestinada a libar de la flor de la amargura. ¿Puede a ella atribuírsele culpa?
La tía de la niña, falleció el siguiente Verano, sus hijos recién llegados, se levantaron una mañana y encontraron la mujer muerta en su lecho. Dormida. Para siempre dormida.
La casa fue vendida por el viudo. Y de aquél lugar de alegría ya no quedó más que el paisaje, con esa sensación de profunda pena, que provocan los lugares donde fuimos felices vaciados de nuestro seres queridos. Ami solo volvió un vez a aquel sitio, donde según me contó , no hace mucho, sintió la sensación de congoja que antes le describí.
De ahí en adelante prefirió evocar sus recuerdos y no enfrentarlos con los vestigios materiales del pasado.
Nada podrá a usted devolverle la alegría, nada podrá a devolverle a su hijo.
La historia es unidireccional. Mis palabras solo tratan de devolverle el sosiego. La paz que se encuentra en la comprensión. En este caso de lo incomprensible.
Yo quiero cumplir con mi amistad. Con el deber que me señala mi amistad.
El inmenso cariño que sentí y siento por su hijo. Muchas veces lo sueño, sonriente y conversando como tantas veces, como tantas mañanas, tardes y noches. Y sé que solo el sueño me devuelve el amigo, como sus sueños seguramente le devuelven a su hijo.
Es posible que el país de los sueños sea otra realidad , en la que persistimos aún después de la muerte. País que para los que creen en la vida eterna del alma, nos permite atisbar el paraíso o el infierno. Y desde ése país me pidió que le escriba. Lo hago por mi lealtad hacia él.
El ciego vio algo más. Yo dudo en contárselo. Usted sabrá que existe gente que cree en la comunicación con los espíritus. En los portales y en los médium. El ciego vio un circulo de fuego. Un círculo de fuego rodeado de tinieblas. Un círculo de fuego en el país de las sombras. El ciego lo vio con sus ojos secos. Con sus ojos vanos. Con las esferas muertas de su sensorio. Alrededor del círculo de fuego vio cuatro jóvenes. Y entre ésas cuatro jóvenes vio una con una luz. Con una luz en su pecho. Como otra llama , separada del círculo pero perteneciente al mismo. El la describe. Y yo sé quien es. Yo dudo en contárselo. Usted sabrá que existe gente que cree en esas cosas. Yo le dije a usted que antes no creía en el destino. Hoy le puedo decir que ahora dudo , si es o no posible comunicarse con los muertos. El ciego lo vio. Lo vio como vio lo que le conté antes. Muchos meses casi un año me llevó averiguar lo que se.
Mili siempre lo adoró a Fran. Yo estoy convencido que secretamente siempre estuvo enamorada de él. Su muerte para ella fue un golpe devastador. Mucho tiempo tardó en recuperarse, o mejor aún sería decir en salir de su estupor. En buscar nuevos caminos. Rumbos nuevos en busca de lo perdido. Ella habló con Ami para aclarar las cosas.
Destruir las mentiras que las habían envuelto. Derrumbar los muros de la perfidia. Yo sé que ambas lloraron juntas. Lo sé porque Mili me lo contó. Y de alguna manera sintieron la injusticia que había sufrido Fran. Y decidieron aclarar las cosas con él. Se que fueron al cementerio . Que hablaron juntas junto a su tumba. Y que de alguna forma , experimentaron el compulsivo deseo de verlo . De sobrepasar los límites de lo sensorial, incursionar en los terrenos fangosos del más allá. Superadas por su dolor. Inmersas en su angustia. Y eso es la que las llevó, a buscar una espiritista. ¡Si la que usted se imagina! . La enviada del diablo. La maldita.
Ella les habló. Ella las convenció. Lo sé porque Mili me lo contó. Esperan la primera luna nueva del mes de Julio. Se reunirán en el cementerio, para invocar el espíritu de Fran. Más no sé . Ahora sé que podré caminar tranquilo por mis calles tan queridas. Yo he cumplido con la exigencia de mi amistad”
Facu.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Segunda Parte de Las Brumas del Destino Undécima Entrada


La pitonisa


La puerta de madera gris, con la pintura descascarada, tenía dos hojas , cada una de las cuales presentaba tres paneles de vidrio superpuestos separados por un delgado madero. A través de ellos se veían de un lado el postigo de gruesa madera machimbrada, y del otro lado una cortina con flores rosadas decoloradas por la luz sobre un fondo blanco percudido. A través de ése lado, cuando la cortina se movió fugazmente, tuvo la primer visión de aquel rostro. Un rostro sin tiempo. Que lo miró desde las sombras de la habitación, como un fantasma. Cuando la puerta se abrió Fran vio su cuerpo rollizo, y su mano regordeta señalándole que ingrese al jardín y luego a la casa.
- ¿Que quieres muchacho?-dijo la vieja con una voz rasposa que salía de su boca con escasos dientes, que parecían palos de madera dura, en los bajos inundados. Amarillentos y sucios como tallados a hacha.
- Me han dicho que usted , puede decirme sobre mi futuro, y sobre un problema que tengo con una chica.- contestó Fran mientras se acercaba tratando de simular seguridad, de ocultar el temor que lo embargaba, las terribles ganas de salir corriendo. El impulso a huir. Pero los hombres no huyen eso lo tenía claro desde hace mucho tiempo.
- ¿Que quieres muchacho?- volvió a preguntar la vieja , mirando al chico que ahora estaba parado junto a ella.
- Como le digo, doña , tengo problemas con una chica y me han dicho que usted me puede ayudar. Dicen que usted puede arreglar esas cosas o indicar al menos que es lo mejor para el futuro.
- ¿ Qué quieres muchacho? ¿De qué futuro me hablas? ¿Acaso no sabes tu destino?. ¿Acaso no sabes del destino que te aguarda desde que naciste?.
Tu destino está marcado , escrito con sangre en el libro de la vida, no puedes huir ni yo puedo hacer nada para ayudarte.-Dijo la vieja mirándolo fijamente.
- No entiendo , ¿Qué me está diciendo?- dijo Fran súbitamente pálido-¿qué me quiere decir con eso? – casi suplicó el muchacho.
- Es una historia vieja.!Pobrecito! – exclamo y suspiró la vieja casi a la vez señalando una silla de madera con asiento de paja tejida , para que el muchacho se sentara. – es un historia tan vieja como vos. O más vieja que vos. Algo que marcó tu destino, para siempre. Yo no te quiero decir nada !Pobrecito! no te quiero decir nada. Siempre supe que vendrías por ése camino. Todo el día , sola, sentada en ésta mesa te esperé. Sabía que hoy era el día en que vendrías. Al escuchar el cencerro, me resistí. Yo no quería abrirte. !Pobrecito! Nunca quise que mis labios te dijeran la verdad. A veces pensé que la muerte me aliviaría de ésa carga, que siempre supe mía.
- No entiendo- musitó Fran perlado en transpiración , pálido, desfalleciente de horror.
- El mal te persigue muchacho, y el mal te alcanzará, porque así está escrito Desde antes que nacieras. Vienes de un fruto prohibido, como el pecado original, fuiste robado del Paraíso, y eso se paga muchacho- sentenció la vieja con la cabeza baja mirando sus manos entrelazadas sobre la falda. Fran de repente palideció aún más, comenzó a temblar sintiendo sus manos dormidas, sus piernas agarrotadas y un latido en sus sienes. Que golpeaba, golpeaba mientras las paredes se movían. Y comenzó a gritar de horror, sintiendo como una garra le apretaba el cuello y le impedía respirar.
La mujer vestida con un amplio batón estampado en el que predominaban los rojos, rosados y borra vinos , era gorda. Un pañuelo que alguna vez fue blanco , cubría su cabeza. Lo miró con sus ojos bovinos y le dijo
- ¡No lo hagas, no grites! ¿De qué sirven tus gritos en la noche?
Fran logró ponerse de pie, tambaleante salió por la puerta hacia el frío de la tarde y la llovizna, y se alejó bamboleante por el sendero, en el último paraíso el muchacho de campera roja lo miraba con sus ojos sonrientes y su malicia.
- ¿De qué se ríe? – pensó Fran mientras intentaba subir a su moto y arrancarla.
Los viejos paraísos, con sus rugosos troncos , socavados, en secretas oquedades y cubiertos de protuberancias ,cómo cúpulas abolladas, tenían una pátina de antigüedad, parecían impregnar el aire de misterios olvidados, de fuerzas que a través de ocultas puertas al pasado, retornaran del ayer. Cuando por fin se alejó por el camino hacia el puente , tuvo la sensación de que lo tiraban hacia atrás, que le arrancaban algo que lo dejaban hueco y vacío como un viejo árbol. Miró hacia el campo vecino donde pastaban uno novillos negros. Ellos tienen el destino marcado desde antes de nacer, desde siempre. ¡ Cómo yo, se dijo!


El viaje y la ciénaga.

Fran bajó a Mili frente al portón de su casa, y le sonrió. Le dio un beso en la mejilla y le dijo que se verían al otro día. Giró en redondo sobre la amplia calle adoquinada y retornó hacía el centro. Fran estaba feliz . Respiraba hondo el fresco aire de la noche, para que llenara sus pulmones. Al llegar al semáforo de las cinco esquinas , dobló por Boulevard Sarmiento , acelerando su negra bestia mecánica. La bruma comenzó en calle Uruguay cada vez más densa, moviéndose en volutas redondeadas y pesadas cubriendo el asfalto, en la esquina de la Escuela Alvear el tipo de campera roja cruzó la calle corriendo, casi lo atropella, Fran giró la cabeza y lo vio sonreír sobre la alcantarilla de calle Francia, sonriendo con sus ojos, con su rostro malicioso , su boca oculta por el cuello polar rojo a pesar de la calidez de la noche.
Cuando vio los faros los tenía a centímetros, el estruendo del viejo motor de seis cilindros lo ensordeció y alcanzó a ver tras el parabrisa , a aquellos muchachones de la Barra de la Vereda, los que se la tenían jurada. Luego fue volar hacia las miasmas de un pantano helado. Donde los sonidos del mundo se fueron perdiendo. Donde las luces se fueron apagando y el lentamente se fue hundiendo en ésa ciénaga de eternidad que lo tragaba, que lo robaba. Que se cobraba viejas ofensas. En el estallido de su cráneo contra el parabrisas. En el rodar de su cuerpo inerte sobre el pavimento como un muñeco desarticulado. De nada sirvió el ulular de las sirenas, el destello intermitente , de luces azules y verdes. Las corridas, los gritos. La ciénaga lo fue tragando , como estaba dicho, desde antes de su nacimiento, cuando fue robado del Paraíso, por la mano desesperada de un amor enloquecido y apasionado.
En un patio cercano una radio trasnochada reproducía La razón que te demora de La Renga
“ como un relámpago en la fría noche/ cruzarás los abismos/ Esos que guardan a la sombra/ que te oculta de vos mismo”

lunes, 15 de noviembre de 2010

Segunda Parte de Brumas Novena Entrada

El oficial apurado.
-Yo , le cuento las cosas como son, ni largas ni cortas. Si usted no quiere tomarme declaración , me dice y listo.- Dijo Milagros del Carmen Ardiles, argentina, nacida el 30 de Octubre de 1984. Pelo castaño, tez trigueña , ojo marrones, de 1m72 de estatura, sin otras señas particulares.
-Continúe – contestó secamente el hombre rapado, mientras prendía un nuevo cigarrillo a pesar del gran cartel que debajo del escudo de Entre Ríos , decía “Prohibido Fumar”.
- Bueno como le decía no noté nada raro en él. Al contrario si algo noté en él, es que estaba mejor que en otras oportunidades, mejor que las semanas anteriores. Infinitamente mejor que meses atrás . Nosotros creíamos que podía intentar algo. Pero no ahora sino muchos meses atrás, cuando andaba borracho por todos lados y a toda hora, cuando la madre tuvo que quitarle la moto. Yo diría desde que vino del paseo de fin de año , mire lo que le estoy diciendo, hace un montón de tiempo hasta que empezó con el especialista ése que lo trataba. A partir de ahí, el pendejo mejoró, mucho. Pero mucho. Yo diría que hasta el momento éste del que estamos hablando había mejorado mucho. Y yo lo he pensado y repensado durante mucho tiempo, mañanas , tardes y noches enteras con ése pensamiento en la cabeza. Nunca me cerró lo que dijeron ése día, que por otro lado es lo que se dice todavía. Y armando el rompecabezas en mi mente, si bien no soy de las más despiertas, yo comprendí lo que ví. Mucho después de haberlo visto. Después que se me pasó la locura . Después que el llanto dejó de mojarme los ojos a cada rato.
-Por última vez le pido que sea breve.- dijo el rapado con un molestia casi exasperada.- usted habló 45 minutos y yo he escrito dos renglones, por favor señorita sea breve.
- Que quiere que le diga cuando esto pasó yo estaba destruida, se imagina, como para no. La cabeza no me funcionaba. Estaba como en una nube. Recién con los días pude empezar a reconstruir todo aquello a darme cuenta. Yo la primera vez que los ví en la camioneta fue cuando caminaba hacia el parquecito estaban en la esquina del barrio San Francisco , escuchando música , sentados en la parte trasera de la caja. No me llamó la atención siempre andan por ahí.

Volver a ser feliz
Mili subió con Fran , la Agrale avanzó por Boulevard España, el negro Seba los siguió en su Honda 125.La noche era fresca , agradable. Fran sintió el cuerpo de su amiga chocar contra el suyo cuando frenaron en calle Moreno , debido a una camioneta que cruzó el Boulevard a toda velocidad, sintió sus formas de mujer contra su espalda y una calidez interior que creyó perdida para siempre, invadió su cuerpo. Era la primera vez que tomaba cabal conciencia de la belleza de Mili, de la profunda femineidad que emanaba de su cuerpo. La primera vez que se sentía casi embriagado por el perfume de su amiga. Giró la cabeza para ver el rostro sonriente de la muchacha con sus cabellos arrastrados por el viento. Y de repente Fran volvió a ser feliz. Como en otras noches lejanas. Le pareció un mal sueño , todo lo pasado. Como si alguien bruscamente le hubiese sacado una capucha de su cabeza y volvía a ver el mundo tal cual era. Un nuevo amanecer que desgarraba las largas tinieblas de ésa noche larga y triste , de la que venía.
Que lo despojaba de los harapos mugrientos y malolientes de náufrago con los que estaba vestido y lo arropara con blandas prendas perfumadas. Y no es porque Fran pensara en entablar una relación con su amiga, que por otro lado nada lo prohibía.
Sino que Fran volvió a sentir. Nuevamente invadido por la vida. Cómo un brote , como una brizna de hierba emergiendo de la nieve al inicio del deshielo. Fran pensó , que por fin volvía a sentir su alma, que no se la habían robado como al loco Santella. Y fue feliz de repente, así como únicamente se puede ser feliz. Bruscamente en el momento menos esperado.
El negro Seba sentado sobre calle Centenario de espaldas al tránsito, conversaba con sus amigos mientras masticaba la pizza con anchoas que tanto le gustaba, con Mili bebían cerveza, Fran tomaba una gaseosa cola. El negro notó a su amigo , contento, como desde años atrás no lo veía. Charlaron los tres largamente, de diversos temas, de música, de cine y televisión. Calamaro ponía su “Corazón en venta” desde los parlantes del bar. Cuando vio la camioneta de Matías, le pareció ver el perfil de ella a su lado. Guardó silencio. Fran estaba tan contento, que no valía la pena nombrarla. El de espaldas seguramente no la vio y eso es como si nunca hubiese pasado. Y de todas formas como decía Fran , eran cosas terminadas, ya fueron, no existen más. No sería él el que las traería a la superficie, no sería él el que exhumaría los cadáveres del pasado.
- ¿Que te pasa negro? – preguntó Mili- estás como ido.
- Nada en absoluto, me quedé escuchando a Andrés Calamaro, es un capo total. Me encanta .
- Si capísimo.-intervino Fran en el momento que un agudo ruido de neumáticos sobre el asfalto casi enmascaró su voz, giraron la cabeza pero solo vieron unas luces que se alejaban por Centenario, tras un grupo de chicos que cruzaba la calle.
- ¡Hay locos para todos los gustos! .- dijo Mili, mientras se acercaba la jarra de cerveza a la boca, meneando la cabeza , demostrando incomprensión ante la conducta de los automovilistas. En la vereda de enfrente un par de inspectoras de tránsito, reían y conversaban animadamente con dos motoqueros estacionados contra el cordón izquierdo de la calle.
Ese fue el momento en que Facu llegó , a espaldas del negro Seba, golpeándolo con sus palmas en ambos hombros. Le dio la mano a sus amigos, besó a Mili en una mejilla y diciéndole un piropo se sentó a su lado.
Llamó al mozo pidió una copa de vino tinto con hielo y un pebete de jamón y queso caliente. Miró a Fran , y se sorprendió de verlo tan contento. Por fin su amigo volvía a ser el de antes. Decidió no decirle , que la había visto subir a la camioneta de Matías, para que revolver en el estiércol. En cambio se puso a contar sobre una carrera de Karting que se llevaría a cabo , la semana entrante. Un primo suyo de Ramírez, vendría a correr . Los invitó a que lo acompañaran. Todos estuvieron de acuerdo. Mili lo interrogó burlonamente sobre el aspecto físico de su primo.
-Siempre desee correr en Karting- dijo Fran de improviso.
- En una de ésas mi primo, te lo presta unas vueltas , la mañana del Sábado, cuando prueban el circuito. Casi seguro, vos dejalo en mis manos nene. No son difíciles de manejar , despacio por supuesto, en competencia es otra cosa. – dijo Facu
- Estaría buenísimo – intervino el negro Seba
- Bueno yo le voy a decir, los dos van a ser unos bólidos el fin de semana- contestó Facu con una sonrisa y dando una palmada sobre el muslo de Fran.
- No sé por que nos insultas.- le agregó Fran- si nosotros somos dos bólidos vos sos un estípido
Rieron con ganas, bajo la noche cálida.


Aquellos papeles y el páramo.
La mujer miraba los papeles que estaban sobre la mesa, con ambas manos en la cabeza, inclinada hacia delante. Sus cabellos le ocultaban parcialmente el rostro desencajado por el dolor. Las lágrimas caían algunas sobre la mesa , otras en cambio resbalaban sobre sus antebrazos, embebiendo las mangas de su camisa. En el silencio de la habitación, solo el tictac de un reloj de pared, de alguna manera rompía la uniformidad del vacío. Vacío. Ausencia. Miraba aquellos papeles e intentaba de alguna forma a través de ellos, recuperar al perdido, rescatarlo , traerlo nuevamente al reino de lo sensible. Encontrar en aquellos objetos, la esencia de quien los poseyó. En ésa letra conocida desde hace tantos años, encontrar las palabras , que lo retengan aún. Las explicaciones de lo inexplicable. El trazo secreto que revele su destino, el sitio donde podrá reencontrarlo a través del frío y de la tumba.
La desolación del cuarto vacío, de la cama tendida y prolija que ya no albergará su cuerpo joven e inquieto. La ropa colgada para siempre en el ropero. Los discos compactos uno al lado del otro, quietos y silenciosos para siempre como su dueño. Y de tanto en tanto , una leve brisa que mece la cortina y ella se queda mirando el vacío , como esperando ver el espíritu inmaterial del ausente, sonreírle desde la nada, regalarle ése instante infinitesimal de su presencia por el que ella daría su vida.
Y piensa en el frío , en el frío de la tumba, sin frazadas ni estufas. Alejado para siempre de sus cuidados. Impedida de taparlo, de arroparlo, de acariciarle los cabellos húmedos por la fiebre, de besarlo dormido. De mirarlo en las mañanas partir , con ésa indiferencia tan propia de los jóvenes. Con ésa belleza varonil y fresca. Y vuelve a llorar con un llanto profundo, débil, un llanto que nace desde lo más profundo de sus entrañas. Un llanto que va echando fuera, años y años de amor y de cuidados. Imágenes . Sonidos. Olores. Un llanto que poco a poco le va secando el alma hasta dejarla , árida , arenosa. Hasta convertirla en un paisaje desolado. En el recipiente de la nada. En un erial, inhóspito y estéril. En un páramo.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Undécima Entrada de Brumas



Este es el último capitulo de la primera parte de brumas. En la próxima entrada comenzaré a publicar la segunda. Abrazos.

El aquelarre y La ruptura .

Ami acurrucada en el sillón de la sala, hablaba por teléfono. Al hacerlo se comía las uñas del anular y el dedo medio de su mano izquierda. Su rostro denotaba desasosiego.
La voz en el auricular evidentemente le transmitía inquietud. Respondía con monosílabos, con un evidente desgano.
Después de colgar, aún la voz de Vale resonaba en sus oídos. El gusano comenzaba a reptar, nuevamente a horadar, silencioso y constante. El restituido muro de la confianza, mostraba grietas. Varios lo habían visto en la moto con ella, otros lo cruzaron al salir de su casa. Evidentemente , las chicas tenían razón, la estaba tomando por una idiota.
Ella era la única ciega que no quería admitir que Fran la engañaba, con ésa.
Como era posible que en todos estos años no se diera cuenta, si ahora en el recuerdo, los ojos de ella brillan de lujuria al mirarlo. Como una serpiente enroscada en una rama, mirando acercarse a su presa. De repente el sentimiento de desilusión que la había dominado meses atrás, cuando Vale le acercó el primer dato, se fue transformando en furia. En una furia que nacía de su propia autoestima dañada. De sentirse burlada.
Cerró los puños con fuerza y los apoyó en sus parietales. La habitación comenzó a esfumarse tras un cristal sucio, en la medida que las lágrimas brotaban de sus ojos y caían pesadas sobre su regazo. Su cuerpo convulso por el llanto, pareció empequeñecerse , acurrucada en el sillón de la sala desierta.
Permaneció largo tiempo quieta , con la cabeza apoyada en sus rodillas flexionadas.
El sueño comenzó a invadirla, profundamente dormida, soñó cosas horribles.
Se encontraba en un gran salón , con una larga mesa servida como para un festín.
Algunas personas se encontraban alrededor de la mesa. Ami no podía distinguir sus rostros, con la escasa luz que daban unos candelabros . Se sentía con sus piernas entumecidas , sus movimientos eran penosos, como si el aire tuviera la consistencia del agua o más aún del barro, ejerciendo gran resistencia a sus pasos. Nadie parecía verla .
Escuchaba el murmullo de las voces, la estridencia aguda de alguna risa de mujer.
Se desplazaba en medio de aquellas personas en un salón que cada vez se ampliaba más y más , hasta casi no tener limites visibles. Personas indiferentes ante su presencia como si Ami fuese invisible. Quiso hablar y notó que de su garganta no brotaba la voz.
Invisible y muda. Sobre la mesa aquella se veían fuentes de diversos tamaños, con distintos manjares. Altas copas tubulares y botellas dispersas sobre el mantel blanco. Sintió hambre. Con la dificultad de su marcha de astronauta, pudo acercarse a la mesa lentamente. En una fuente de losa blanca, distinguió unos pastelitos de hojaldre almibarados con grageas multicolores. Similares a los que comía en casa de su tía Carmen, muerta hace muchos años. Tomó uno en sus manos torpes y se lo llevó a la boca, sintió el sabor dulce en sus papilas, y fué transportada a la vieja y oscura cocina
de aquel antiguo caserón de campo. Ami pasaba casi siempre las vacaciones de invierno en su época de primaria, en la casa de su tía Carmen en el distrito Montoya . En verano , solo algunas veces, pues volvían sus primos que vivían en Buenos Aires, y como decía la tía “ No tenían comodidad”. Los pasteles eran un manjar esperado por la niña, y su tía una repostera experta y deseosa de complacerla.
Después de su muerte, Ami la recordó siempre con mucho cariño. En la medida que el pastel se desarmaba en su boca, Ami comenzó a mirar las otras fuentes , no podía distinguir su contenido, solo veía los borrosos rostros de los contertulios que tomaban bocadillos de las mismas y la miraban con una sonrisa que apenas se distinguía( o al menos eso le parecía a ella , en ése sueño, en el que de a ratos parecía invisible) Deambuló al borde de la mesa, como mareada, con una torpeza que parecía aumentar a cada paso. Las fuentes parecían cubiertas de un humo gris azulado y cuando introdujo, su mano en una de ellas, la retiró bruscamente , al notar las peludas patas de las arañas y las membranosas alas de los murciélagos. A través del cristal, en otra fuente notó el reptar de las culebras . Y pudo ver como una mujer delgada, vestida con lentejuelas , retiraba una de ellas y se la introducía en su boca, viva, luego de dejarla colgar con su mano sobre su rostro levantado. Mordiendo el cuerpo serpenteante , con una sonrisa.
Ami , presa de la desesperación, intentó correr entre aquella gente extraña y horrible, cuando de repente cerca de una gran puerta de dos hojas, con herrajes de bronce lo vio a Fran de espaldas acompañado de una mujer. Pero éste se alejó, del brazo con ésta, cuando se abrieron las altas hojas de madera lustrada, la más alta de las mellizas Ardiles giró la cabeza sobre su hombro y le sonrió , con una mueca burlona y en sus ojos brillaba la lascivia. Cuando las puertas se cerraron Ami se vio rodeada por aquellos seres sin rostro , que comenzaron a empujarla y estrujarla. Entonces despertó bajo la mirada de su madre, que parada a su lado, le preguntaba por la cena.
Ami se levantó aún somnolienta y bajo el doble efecto de la conversación con Vale y de su pesadilla, de la que aún quedaban pegados retazos pestilentes en su espíritu .
Se dirigió a la cocina y como autómata colocó la mesa y sirvió los alimentos. Su madre salió del baño, con una remera turquesa descolorida y estirada. Se sentó a la mesa y comenzó a comer callada y ausente, ajena a los pensamientos y pesares de su hija. Ami sabía que cuando estaba con ése estado de ánimo lo mejor era no hablarle. Permaneció a su vez en silencio, con la mente vacía y el estómago cerrado a todo alimento. Miró la comida sobre el plato y se le representaron los inmundos manjares de su sueño. Luego que su madre se levantara, lavó la vajilla, ordenó todo y se dirigió a su habitación.
La misma sólo estaba iluminada por la luz del velador. Colocó un disco compacto en el radio grabador y Divididos sonó “ Qué ves, que ves cuando me ves, cuando la mentira es la verdad….” Y ella lloró en silencio, hasta que ahogada en sus lágrimas y en esa extraña rabia que la invadía, muy tarde se durmió.

El final fue como todos los finales. Triste. Definitivo. Fran apoyado contra la pared por su hombro derecho, permanecía con la cabeza baja, mirando el suelo, escuchando.
Ami gesticulaba junto a él de espaldas al cordón de la vereda. Él escuchaba en silencio. Ella hablaba expectante. Esperando quizás una respuesta, una reacción que terminara con la dinámica destructiva del diálogo que había comenzado. Respuesta que no llegaba y era como si se fueran hundiendo cada vez más en ése piélago de desolación, incomprensión y desamor . Serían para siempre dos náufragos de su pasión.
Desterrados de la felicidad. Bifurcados. Solos.
Fran poco a poco, se acorazó en su dolor, en la profunda laceración que las palabras de ella provocaron en su espíritu. Rebelado contra la injusticia, temblando íntimamente con la rabia del gratuitamente acusado. Del ofendido. Los pensamientos se arremolinaban en su mente con la fuerza de un huracán. Torbellino de protestas que no lograban llegar a sus labios, sellados. Cuando levantó la mirada la vio frente a él hablando, palabras para él incompresibles, ya que sólo comprendía el inconmensurable dolor de su alma.
Vio las lágrimas rodar por sus mejillas y experimentó el impulso de abrazarla, de acunarla en sus brazos de hombre, de arrancarle a besos sus dudas y sus reproches . Pero giró sobre sí , cruzó la calle ciego y sordo, montó su Agrale negra 125 usada, regalo de su madre, y se fue.

sábado, 28 de agosto de 2010

Décima Entrada de Brumas


El Asado y el loco Santella.

Las semanas siguientes transcurrieron en aparente calma. Todo parecía volver a su normalidad. Facu y el negro Seba una tarde lo invitaron a comer un asado. Lo harían en la casa de éste último que tenía una churrasquera bajo techo, por si hacía mucho frío o el tiempo se descomponía. Fran se encargaría de llevar el pan y un par de botellas de vino. Los otros se encargarían de la carne y demás elementos.
El fuego crepitaba, grandes llamas amarillo rojizas se elevaban del cono de leños encendidos, pronto tendrían brasas. Facu colocó la parrilla sobre las llamas para quemar la grasa de asados anteriores, luego se dirigió a la larga mesa de madera que ocupaba el centro de la amplia galería cerrada. Sobre una asadera negra estaba el asado de tira , una ristra de chorizos y un trozo bastante considerable de vacío. Facu extrajo las tiras de costilla cortándolas sobre la tabla redonda en trozos cortos acordes al tamaño de la parrilla. Luego abriendo el paquete de sal gruesa procedió a salar la carne con movimientos rápidos. Cubrió todo con un repasador a cuadros celestes y blancos y dirigiéndose a sus amigos, les dijo que solo necesitaban que se hicieran las brasas.
Destapó con cuidado una de las botellas de vino tinto que había traído Fran y sirvió un poco en cada uno de los tres vasos, luego se los alcanzó y tomó el suyo.
Se sentó en el sillón de caños blancos y tela roja con apoyabrazos , plegable tipo catre, similar a los otros tres que estaban en la galería alrededor de la pequeña mesa plástica de color blanco. Dos ocupados por el negro Seba y Fran , el restante vacío. Facu acomodó el suyo un poco apartado para poder vigilar el fuego.
-¡Salud!- dijo elevando la copa, gesto correspondido por los otros dos- Cuando un tipo te tiene bronca o te la tiene jurada por algún motivo, siempre tenés que cuidarte . Andar con 4 ojos y así y todo te cagan igual.- continuó.
- ¡Vos sabés que si!- contestó Seba- En eso tenés razón. Más allá que hay tipos que son cagadores por vocación. No necesitan tener ningún motivo, para clavarte el puñal por la espalda. Son así , por naturaleza, nacieron así , muy hijos de puta y así van creciendo cada día un poquito más, hasta convertirse en ¡grandes hijos de puta!,
- Si como el cuento de la rana y el escorpión “ es mi naturaleza”- agregó Fran casi para sí.
- Si , debe ser, no tengo la más puta idea de cual cuento decís, pero es así nene. Y ése gordo por algo te tiene bronca y seguro, pero mirá , seguro como que me llamo Sebastián , que las cuenteó a Vale y a Flor o alguna otra del grupo ése .-Terminó el negro Seba mientras tomaba un pequeño trago de vino, dejando la copa suavemente en la mesa .
- ¡Yo no sé si será ese gordo pajero! – casi gritó Facu- El molde de sorete lo tiene.
Y le encanta hacerse el súper guacho con las pendejas pero bueno, de ahí a asegurar que él le llena la cabeza a Amelia , no sé.- agregó.
- ¡ Déjense de boludeces, che, yo les conté que Ami andaba media rara, pero nada más! Se los dije casi como un pensamiento en voz alta, no para que analicen la situación como Mariano Grondona. Córtenla.
- ¡No , no! señor , no la cortamos nada, éste boludo lo defiende al gordo , porque le tira alguna birra, de vez en cuando . No me lo niegues Facu, porque es así.- increpó el negro Seba súbitamente indignado.
- Mirá negro, yo te quiero mucho y eso lo sabés, pero estás miando fuera del tarro. Te estás yendo al carajo. Yo al gordo, no lo defiendo porque me tire una birra cada muerte de obispo. Lo que pasa es que no se puede acusar un tipo de calienta cabezas si no tenés ninguna prueba. Mirá negrito, yo según vos lo defiendo al gordo porque me tira una birra y vos lo acusas, al pedo , porque no te gusta la cara, estamos a mano , loco.-contestó Facu haciendo ampulosos ademanes .
- ¡ Córtenla! O me voy a la mierda . – intervino Fran.
Facu se levantó a poner la parrilla, dándole una palmada a Seba en el hombro. Limpió los travesaños calientes con una hoja de diario. Colocó los trozos de carne en el extremo más alejado del fuego , colocando los chorizos en su cercanía, desparramó las brasas y volvió a sentarse.
- Se enteraron lo del loco Santella ahí en Don Cristóbal.-dijo Facu, cambiando súbitamente de tema.
- No , como es el asunto- preguntó Fran, al ver que el negro Seba continuaba callado y tratando de distender la situación.
- Este tipo Santella era un solterón, que tenía un campo por ahí cerca del Pueblito. Todo bien hasta que se enloqueció.
- No se que tiene de raro, que un tipo se enloquezca. Todos los días internan uno en el loquero y seguramente , muchos otros deberían tomar tranquilizantes- intervino el negro Seba con abierta ironía.
- Si negrito, tenés razón, como siempre. Vos naciste con la razón debajo del brazo. Pero éste asunto es interesante. Por lo menos como me lo dijeron a mí. Parece ser que éste tipo era un tipo normal, como cualquiera de nosotros.
- ¡Ah pero entonces no era normal!- bromeó Fran
- ¡ Que les dieron a ustedes dos, Avivol Complex ¡ No me dejan hablar y se ríen de lo que no he dicho .Porque todavía no conté nada.
- Dale seguí , no te calentés. – dijo Seba, ya totalmente tranquilo mientras se dirigía a servirse otro poco de vino, ofreciéndole a su vez a sus amigos. Se acercó a la parrilla para mirar , pero fue inmediatamente expulsado por Facu que tenía el papel de asador oficial. Retornó con la botella vertiendo un poco de la bebida en cada vaso, la dejó sobre la mesa y se recostó sobre el espaldar de lona.
- Dicen los que lo conocían que éste tipo, era un luz para los negocios, que había hecho mucha guita con el campo. Un tipo ordenado, metódico como dijera mi abuelo, todos los días salía a la misma hora a recorrer el campo con las primeras luces , volvía a la mismas hora, controlaba el tambo personalmente , las existencias de alimento en el galpón. Todo, nada se le escapaba. La única salida que tenía era algunas tardecitas al mes a la casa de una dama que tenía, por ahí cerca, cruzando los puentes del Don Cristóbal. Parece que con ésa hembra tenía dos pendejos, que nunca los reconoció, y que serían los únicos herederos de Santella , si los ave negra dejan algo. Un verdadero bicho raro. Pero bueno parece que un día , se levantó raro, en lugar de salir a realizar sus recorridas habituales, se quedó largo rato sentado bajo unas acacias que tenía en el patio. Mirando hacia todos lados, como buscando en el horizonte o en el follaje de los árboles. Según cuentan los que lo vieron. Luego salió a caminar como extraviado, sin rumbo fijo con una actitud errática e indolente. Tardó mucho en regresar , a tal punto que el tambero de la tarde preocupado por su conducta, salió a buscarlo. Lo encontró , según dice su tío , sentado bajo un Tala inmóvil y mirando una frutita amarilla que tenía en su palma. El muchacho, lo llamó ,”patrón, patrón, necesita algo” . Parece según dice el tío , que fue el que se lo contó a mi viejo, por eso conozco la historia. Hoy de mañana , en la vereda del Banco Entre Ríos, lo tuvo como una hora contándole la historia de Santella. , por eso conozco la historia. Mi viejo lo conocía , más o menos , de haber hablado algunas veces con él. No eran amigos ni nada por el estilo. Pero lo conocía. Por eso Domínguez , que es el apellido del tío del tambero, me acordé, le contó toda la historia. Les aclaro que Domínguez es un gran charlatán. Bueno parece, según el tío, o sea según Domínguez, Santella sólo levantó la vista hacia el muchacho que estaba parado delante de él. Apretó la frutita de Tala en su mano, en su puño cerrado. Y salió corriendo a campo traviesa, encerrándose en la casa. No salió hasta el otro día.
Lo primero que hizo fue despedir a todos los peones, ¡les pagó, todo joya! Pero
la cosa es que los echó a todos a la mierda .Después, dicen que lo vieron . caminar durante días por el campo. Sin rumbo fijo como buscando algo.
- Digamos que le faltaba un tornillo al amigo Santella- intervino el negro Seba.
- Exactamente, se le quemaron las neuronas, al tipo, y dicen que se paseaba con la frutita en la mano. Hablando en inglés o alemán , Domínguez y su sobrino no saben hablar ni el castellano, así que menos idiomas raros. La cosa que una madrugada quemó la casa , el tambo, el galpón. Y se ahorcó en el Tala, según éste viejo cuando la cana lo descolgó, tenía la frutita en la mano.
- Para mí que vio mucho Discovery Chanel- interrumpió Fran.
- Lo que dicen por ahí, es que la hembra que tenía o la madre de la tipa, lo embrujó. O lo convencieron que estaba embrujado. Parece que Santella pensaba que se había quedado sin alma. Que durante el sueño se la habían robado. Y que la guardaron en ésa frutita de Tala. De los millones de frutitas de Tala que hay en el monte. Santella de alguna forma había identificado ésa frutita y no otra. Si perdía la frutita se convertiría en una especie de ser sin alma , de bestia antropomorfa…
- ¿Antropo qué? – preguntó Fran.-por que no hablas más fácil Facu. Pareces uno de esos libros que vivís leyendo.
- Antropomorfo, con forma de hombre. Pero como no tiene alma es un animal o sea una bestia.
- Y no era más fácil , decirlo así- acotó el negro Seba.
- Bueno , está bien , el tipo tenía miedo de perder su alma que se había metido adentro de la frutita de Tala. Por lo que prefirió morir antes de convertirse en un desalmado como esos zombis de las películas. Ahora me entienden.
- Definitivamente, para mi que Santella, se dio una panzada de Discovery Chanel, deja un poco de hablar al pedo y vigila ese asado que no tiene fuego.-acotó Fran.
Facu se levantó casi corriendo y procedió a poner brasas bajo la parrilla, el asado volvió a chillar, y la grasa a derramarse sobre las cenizas con chirriante regularidad.
- Hay gente que puede, manipular a los demás a distancia. A través de la magia.
Yo creo en eso. Mi abuelo me contaba que a un amigo de él, le secaron las
piernas con magia . Parece que cuando eran jóvenes jugaban juntos al fútbol, mi
abuelo y éste hombre al que se le secaron las piernas. Creo que hasta vinieron
juntos de Italia. Aparentemente jugaba muy, pero, muy bien.
Tenía posibilidades de ir a jugar a algún equipo grande de Buenos Aires. Hasta
que se le empezaron a secar las piernas, mi abuelo contaba que no fue de
repente, sino que poco a poco le fueron quedando más y más finitas hasta que
parecían dos huesitos. Por supuesto el sueño del club grande y de la fama se
terminó. Mi abuelo dice que lo perjudicaron por envidia. Por que el muchacho
este era muy ganador con las mujeres, por lo habilidoso y lo pintón. Claro
cuando las piernas se le secaron ya nadie lo quiso . Parece que al daño lo
realizó una vieja, una vieja que vivía detrás de lo que hoy es el campo de
deportes de los Maristas, a pedido de otro muchacho. Otros le contaron a mi
abuelo , que el trabajo lo encargó una noviecita que tuvo el de las patas secas y
con la que había perdido.- terminó el negro Seba
Facu ya había dado vuelta el asado y acomodaba los platos sobre la mesa. Seba se dirigió a la cocina y volvió con los cubiertos en una bandeja metálica.
- ¿Dónde es lo de los zombis? en Haití me parece- dijo Fran.
- Si , me parece que sí-dijo Seba
- Santella, no creo que haya sido Haitiano, o la bruja habrá sido Haitiana-agregó Fran risueño.
- Mira, mi abuelo decía que muchas de ésas brujerías, las habían traído los negros, que existían en la época de la colonia, y si no fíjate, en Brasil, donde los negros abundan, abunda la brujería, la macumba , el budú y todos esos merengues.-contestó el negro Seba.
- Si, seguramente de ahí aprendieron , las primeras criollas o mulatas. También de los gitanos , los gitanos según dicen practican la brujería-intervino Facu- Yo leí algo sobre los judíos, que fabricaban un muñeco de barro y le insuflaban vida pero era un ser sin voluntad propia y en general poseído por la maldad, le llaman Golem.- terminó .
- Sos un libro abierto, Facu, pero yo igual no creo que le puedan sacar el alma a un tipo y guardarla en una fruta de Tala, en una Sandía o en una botella. Esa gente es loca y punto- contestó Fran.
- ¡Algo de eso debe existir! – casi gritó el negro Seba- Nada más hay que fijarse en la Selección que fue al mundial de Japón. Ninguno tenía alma. Seguro que alguna bruja, se las saco , de una. Y como Facu dice que eso lo enseñan a hacer los negros seguro, que el trabajo lo mandó algún equipo Africano, Camerún , Nigeria , alguno de ésos . Seguro que eso no lo tenés en ninguno de tus libros.
- ¡ Y eso que Argentina lo tenía a la brujita Verón!- rió Fran mientras pinchaba un trozo de asado de la fuente que había acercado Facu.
- ¡ Si pero si ése quería sacarle el alma a Santella, en realidad lo hacía inmortal! Si es un pecho frío, ése y el otro muerto de Crespo. Unos perros , realmente. Y el loco Bielsa, ése está más loco que Santella, yo creo que si el finado hubiera hecho una selección de Don Cristóbal 1º, pero mira 1º nada más , nadie de Don Cristóbal 2º ni de Algarrobitos, ni de Séptima, no señor , únicamente de Don Cristóbal 1º , los mandaban a Japón y hacían mejor papel que éstos muertos.-dijo Facu.
- Claro y en lugar de ahorcarse en un Tala , se ahorcaba en un Cerezo ,quedaba más cool-rió Fran.
Los tres amigos continuaron cenando y riendo hasta muy tarde.