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viernes, 25 de marzo de 2011

Entrada Final de Las Brumas del Destino.

Gracias a todos los que me acompañaron hasta aquí. Este es el final de "Las Brumas del Destino" ¡ojalá les haya provocado algún placer leer la novela y alguna reflexión sobre el frágil mundo de los adolescentes! Está ambientada en mi pueblo, una pequeña ciudad de la Argentina interior, donde se mantienen mitos y creencias arraigadas en el imaginario de la gente. Seguramente no es fácil su lectura desde una visión más urbana. Pero en fin, cada uno escribe desde donde cree que debe escribir. Gracias de nuevo y un fuerte abrazo.


Epílogo

Todo lo que he narrado me lo han contado. Muchas personas.

Una historia que va de la sonrisa al llanto , de la inocencia a la desesperación.

Me lo han contado como se cuentan los misterios. Lo inexplicable. Con las medias palabras de la gente sencilla. Armando el rompecabezas he logrado éstas imágenes descriptas en palabras. Quizás alguna imprecisión se debe a las fallas de mi memoria.

El tiempo es como la arena que va borrando las huellas en el desierto. Y los recuerdos no siempre son la exacta representación de la experiencia que los originó.

Lo del loco Santella, muchos que lo conocieron, lo dan como un hecho cierto. Probablemente un trastorno mental. El delirio de un solitario, apesadumbrado por alguna culpa oculta, por algún temor.

A la vieja de Montoya la localicé , pero nunca me atendió, las cuatro veces que fui no respondió al llamado del cencerro ni al batir de palmas. Se por sus vecinos que está viva y que de vez en cuando se la ve, alrededor de su casa o es visitada por un sobrino suyo que llega en una Estanciera destartalada. Ya casi nadie va a verla según dicen.

Y en su entorno nadie la quiere, nadie la visita.

Fran se sabe murió en un accidente de tránsito. Encabecé cada parte principal del relato con uno de los versos que él fue escribiendo en aquél papel que guardaba en su escritorio y que me dio su madre. Creo que sintetizan cada una de ésas etapas de su vida incluso su percepción del después. He hablado con la gente que investigó el hecho y nadie duda de que fue un accidente. Solo Mili sigue sosteniendo que lo mataron. Pero nada sustenta ésta teoría. Ella ahora pasa mucho tiempo con el negro Seba, algunos dicen que son pareja. Pero como siempre se los ha visto juntos, nadie puede afirmarlo. Facu continúa con sus estudios y al parecer le va muy bien. Todos los meses vuelve por Nogoyá y se lo ve con sus amigos. Al ciego de su cuaderno lo conocí, en una sola oportunidad pude hablar con él, un hombre muy extraño, pero me contó algo muy parecido a lo que escribió Facu a la madre de Fran. Lamentablemente murió en un accidente de tránsito, que sufrió junto a su sobrino que resultó mal herido. Parece que calcularon mal la velocidad de un camión al cruzar la ruta 12.

Ami murió por la ruptura de un aneurisma congénito según el certificado de defunción, es algo así como una bolsita que se forma en una arteria del cerebro y al romperse produce una hemorragia mortal. Dicen que es muy frecuente en los jóvenes.

Pero algunas voces en la intimidad, en el silencio de un bar vacío, o en la protección de una sala familiar, cuando ya los niños duermen, afirman que algunos han visto por los campos, por los montes, por las cañadas y zanjones dos jóvenes asidos de la mano, correr y saltar. Besarse apasionadamente, para luego desaparecer como aparecieron de la nada. Otros me han contado que en las frías noches de invierno por una bocacalle han visto cruzar una moto silenciosa donde una pareja envuelta en un brillo de luna pasea por las calles, sonrientes. Otros los han visto detenerse en el Paseo de los Puentes apearse y sentarse en un banco abrazados, y en un momento disolverse como la neblina bajo la luz del sol.

Todas ésas cosas me han contado. Y yo a pesar de la razón que me indica lo contrario, a pesar de estar advertido del pensamiento mágico de nuestra gente. Por momentos lo creo. Creo que tras la muerte se habrán unido , los dos desesperados.

Es por eso que aquella tarde que hablé con Elena, y ella me gritó :

-¡Que clase de amigas son ésas que llevaron a mi hija a la muerte!

Le contesté

- No es fácil definir la palabra amistad.


Índice

PRIMERA

-Reflexiones iniciales

-Ami

-Fran

-La madre

-El negro Seba y el gordo Jorge

-Ami, Vale y Flor.

-Elena

-Los amigos

-El capricho

-La ilusión.

- Los de la vereda y las Ardiles.

-El beso.

-Facu

-El hormigueo

-Aquella noche.

-La mañana siguiente

-Las Brumas

-La colilla

-La moto

-El amor.

-Tarde y lluvia

-La conspiración.

-La aguja de hielo

-El asado y el loco Santella

-El aquelarre y la ruptura.

SEGUNDA

-El alcohol y el laberinto

-La pena

-La caída.

-La vieja

-El sueño

-El presentimiento

-La madre y la hermana

-Los puentes

-Milagros

-Soledad, marca el camino

-El médico

-Recuerdos de la pasión y la desesperación.

-El predador.

-Continúa la declaración de Milagros.

-De fierro con los amigos.

-Sin ninguna flor.

-El oficial apurado.

-Volver a ser feliz

-Aquellos papeles y el páramo.

-Los porrones se calientan.

-Lágrimas en el hombro.

-La pitonisa

- El viaje y la ciénaga.

TERCERA O FINAL.

- El cuaderno de Facu.

- La búsqueda.

- La posdata.

- Recuerdos de una charla.

- Otra vez las notas.

- Dos más.

- La última consulta.

- El presagio del negro Seba.

- La luna nueva de Julio.

- Aquellos dos

- Epílogo

viernes, 18 de marzo de 2011

Tercera Parte de Brumas Décimoprimera Entrada

Aquellos dos

Las noticias en los pequeños pueblos corren como reguero de pólvora. No tardó el gordo Jorge en enterarse de la muerte de aquella pendeja que había conocido hace varios años, a la que le había prestado atención solo por el interés que tenía Matías en ella. Matías , ya lo veía poco, solo de vez en cuando , en las ocasiones en que él venía a Nogoyá cada vez más distanciadas. Algunas veces se hablaban por teléfono, no mucho.

El gordo Jorge no era un tipo de cultivar afectos, más podría decirse que cultivaba relaciones , por el beneficio que éstas le podrían deparar en el futuro. “Siempre hay que tener palenque donde rascarse “ era una de sus frases preferidas. Por eso en realidad había ayudado a Matías en aquella oportunidad, no digamos por una verdadera amistad, sino para tener un crédito de favores en su haber, con la intención de cobrarlo el día que necesitara una contraprestación. Desde que éste pendejo estudiaba derecho, y al parecer andaba muy bien, el gordo Jorge tuvo la certeza de que algún día le podría ser útil. Ya se sabe el mundo de la noche, tiene muchos dimes y diretes y quilombillos varios.

Por eso mantenía una relación distante, pero la mantenía, en “Stand by” como decía, dándole el significado de “lista de espera” esperando el momento en que le fuera útil.

Pero ésa mañana cuando escuchó la noticia, al principio la tomó con indiferencia como acostumbraba a hacer con noticias de ésa índole. Al final uno no puede estar llorando en los rincones por cada boludo que se rompe la cabeza en un accidente o se vuela la tapa de los sesos, el negocio de él ,pensaba, sobre todo desde que estaba como accionista en la sociedad, como un gerente de relaciones públicas, un “RR.PP” como le gustaba llamarse, le requería un permanente buen humor, chispa , dinamismo.

Él encarnaba la alegría , el buen rato, la joda plena en definitiva. Como siempre decía

“la sonrisa dibujada en el rostro, nada de bajones”. Siempre ponía como ejemplo , lo que pasó aquella noche de la tragedia de Cromañón, sus socios no querían abrir, que debían respetar el duelo, que las víctimas y no se cuantas otras boludeces por el estilo,

“¡No señores!” Contaba siempre el gordo que les dijo y se plantó. “¡Nosotros tenemos que abrir, el show debe continuar!” les había gritado, “caliente , pero recaliente y tuve razón nomás” decía, esa noche habían tenido lleno total y habían levantado guita a pala.

Las cosas son así, se decía a sí mismo.

Pero si bien la indiferencia había sido su primer reacción, mientras tomaba un exprimido de frutas en la cocina, algo así como un remordimiento, o lo más parecido a esto que un tipo como él podía sentir, comenzó a rondarlo. Comenzó a recordar las historias que habían armado con Matías, para que la pendeja ésta, la muerta, se peleara con el boludito de su novio, las imágenes comenzaron a agolparse en su conciencia con una nitidez tal como si las volviera a vivir. Se había mandado un cagada grande, una macana , se le había ido la mano de eso estaba seguro de pronto, como si algo se le hubiera revelado de improviso. El remordimiento comenzó a ser mayor. Una inquietud desconocida, para un hombre de sus escasos escrúpulos, comenzó a invadirlo, progresivamente hasta colocarlo en una situación en la que sentía un terrible desasosiego. Poco a poco la charla, que la mujer que le limpiaba la casa, el día anterior había mantenido con él, se volvió a representar en su mente. Pero con otra significación. “La charla” es una forma de denominar aquello que en realidad había sido un monólogo de la mujer, ante la sonrisa socarrona del gordo Jorge que la escuchaba divertido, mientras ella le contaba de la muchacha que se había muerto en el cementerio, que estaba realizando “un rito satánico” para llamar a los muertos con otras amigas y se había atacado de repente como “poseída por un diablo”. Claro, la mujer no sabía de quien se trataba, “era una chica del centro” le había dicho, pero no la conocía, no sabía como se llamaba. Y ahora luego de escuchar la noticia por la radio aquella conversación adquirió en su inconsciente otra dimensión, los cabos sueltos comenzaron a atarse en su mente, revelada la identidad de la muchacha fallecida. Y ahora mientras bebía como de costumbre su exprimido sentado en el desayunador de su cocina comedor, las ideas habían comenzado a moverse en forma autónoma en su mente, recordó el accidente de Fran, al que nunca tuvo mucha simpatía, pero que tampoco nunca le había causado ningún daño a él, recordó la gratuita maldad con la que había contribuido a separarlos. Y ahora la muerte de ésta pendeja en circunstancias tan especiales. Y sintió un nudo en la garganta, como si hubieran inflado un globo en su esófago. El remordimiento transformado en desasosiego, lo fue llevando a un estado para él desconocido. Y tuvo miedo. Por primera vez en su vida tuvo miedo a algo distinto que perder algún buen negocio. ¿Cómo sería eso del rito satánico? Pensó. Y desde ésa noche evitaba irse a dormir solo, volvía de ratos a casa de su madre a la que frecuentaba poco y nada, o traía alguna de sus muchas amigas, no por ser un obseso sexual sino porque comenzó a sentir miedo a la soledad. Temía que aquella muchacha poseída por el diablo quisiera vengarse de él. Y un día llamó a su cómplice de antaño y le contó lo que había ocurrido y lo que le pasaba. De repente habló con Matías como con un amigo , de ésos que él no tenía , que nunca había valorado. Pero nada le ha vuelto a dar la paz.

Matías cuando escuchó esa noticia le dijo”no jodas ,¿en serio?” . Pero también para Matías la vida cambió. Había tenido sexo con una mujer, que ahora estaba muerta.

Poseída o no por el diablo. Estaba muerta. Y de pronto mirándose al espejo tuvo conciencia de su propia finitud, de su propia mortalidad.

martes, 15 de febrero de 2011

Tercera Parte de Las Brumas del Destino. Octava Entrada

Dos más (continuación)

-Necesitamos que nos ayuden.- interrumpió Mili-es indispensable que nos ayuden, tienen que hacerlo por nuestra amistad y vos Delfi porque sos mi hermana del alma y sabés que yo ando mal y que debo salir de esto.

-Debemos aclararles que lo que pretendemos hacer es peligroso, hemos sido advertidas de los peligros que correremos.- dijo Ami con voz queda y los ojos llenos de lágrimas- pero es la única salida que vemos al tormento que sufrimos durante las noches. En sueños. Sueños que son tan reales, como no puedo explicárselos. Son vívidos como la vida misma.

- Nosotras consultamos una mujer con poderes, una vidente, una mística. Que nos explicó como lograr nuestro propósito, pero para eso debemos ser cuatro mujeres, cuatro mujeres unidas.-dijo Mili.

-Y no tendremos otra oportunidad, pues la vieja no nos quiere ver nunca más. Es ahora o nunca. La primer luna nueva de Julio dentro de cinco semanas.-agregó Ami.

- Perdónenme chicas- interrumpió Delfi- pero yo no entiendo nada de lo que están diciendo. Una bruja, la primer luna nueva, que es todo este quilombo. Yo estoy en bolas, gurisas, no entiendo nada.-terminó.

Mili y Ami intercambiaron una mirada . Permanecieron un rato calladas como calculando el efecto de las palabras que iban a decir y luego removiéndose en el almohadón en que estaba sentada , Mili dijo

-Queremos invocar el alma de Fran, queremos hablar con él y sabemos como hacerlo, conocemos todos los pasos de la ceremonia. Lo hemos repasado con Ami muchas veces. Pero tenemos sólo una oportunidad . No existirá otra. Debe ser ahora, por eso las necesitamos.

-Discúlpenme.-dijo Flor con un gesto de incredulidad.-¿Qué quieren qué? ¿Invocar el espíritu de Fran? Chicas ustedes están locas.- dijo poniéndose bruscamente de pie , inquieta.

- Yo creo lo mismo, ¿Qué les pasa, han perdido el juicio ustedes dos?-dijo Delfi extremadamente quieta-¿Desde cuándo Mili estás pensando en esto? Cómo es posible que no me hayas dicho nada. ¡Cómo pudiste ocultarme todo esto , Mili! Te desconozco.

-¡Chicas por favor! Tranquilícense. Yo sé que es muy difícil entender todo esto. Pero traten de entender. Hay mucha gente que lo hace, ¿No lo han visto acaso en la televisión?- dijo Ami con desesperación

- ¡Pero no seas estúpida Ami! Lo de la televisión es todo verso , como las películas de terror. Una cosa es mirar por televisión sobre fantasmas, sobre espíritus o exorcismos . Otra cosa muy distinta es intentar hacerlo nosotras. A mí se me hiela la sangre de solo pensarlo.- dijo Flor, caminando de un lado para otro. Como hacen los locos, con ése estado de hiperquinesia característico de algunos dementes.

- Si.-dijo Ami.- a mí también me corre un escalofrío de solo pensarlo. Pero estoy decidida a hacerlo. Si ustedes no me acompañan buscaré otra forma de hacerlo. Debe haber alguna otra –dicho esto su rostro se crispó en una mueca de llanto y las lagrimas comenzaron a brotar a raudales de sus ojos mientras se cubría la cara con ambas manos, como quien oculta facciones horribles y vergonzantes.

Flor se acercó arrodillándose a su lado y abrazándola con ambas manos apoyó su rostro sobre su pecho. Luego acariciándole el cabello, mientras dos lágrimas rodaban por sus mejillas le dijo

- Yo te voy a acompañar Ami, aunque sea un desatino lo que querés hacer, yo te voy a acompañar. Sabes que soy tu amiga y que siempre podrás contar conmigo

- Bueno ya somos tres- habló Mili con la garganta reseca, y mirando a su hermana que permanecía quieta y en silencio.

- Está bien , hermanita yo las acompañaré, aunque todo esto me parezca una locura, a los muertos hay que dejarlos en paz- dijo Delfi como para si, pensando que no podría abandonar su hermana en una situación límite como ésta y convencida que no podría hacer nada para hacerla cambiar de parecer. Ella sabía de la tozudez de Mili.

Las cuatro permanecieron un largo rato en silencio. Luego Mili, comenzó a explicarles a las otras dos la ceremonia de invocación, tal como se las había descripto la pitonisa. Las otras escucharon, realizaron algunas preguntas y luego como si nada hubiera ocurrido se dirigieron a la cocina a tomar unos mates. Las cuatro se miraban con esa mirada enigmática con que se miran en silencio los integrantes de una gavilla que preparan un golpe importante. El golpe más importante de su vida. Donde el riesgo sería mayúsculo, pero que les podría abrir las puertas de un nuevo mundo. Con ésa secreta tensión que se siente en nuestro interior ,como un temblor, cuando las manecillas del reloj nos acercan a un momento crucial, como una batalla o un duelo. La tensión de los generales en la noche previa al movimiento que durante mucho tiempo han pergeñado para vencer a su enemigo poderoso y terrible. Un pacto tácito de silencio, eliminó cualquier posible mención del proyecto común. Un proyecto que ahora era de cuatro. De cuatro mujeres como exigía la bruja. De cuatro almas mortales en busca de robar un poco de eternidad.

De violar el precinto inviolable de la tumba. De remover aquello que había vislumbrado Fran en aquel lóbrego sendero rodeado de paraísos.: misterios olvidados, de fuerzas que a través de ocultas puertas al pasado, retornaran del ayer . De un ayer perdido en una noche de verano, entre una bruma fantasmal y un motor rugiente. De recuperar lo perdido ante los ojos de un ciego, para ellas desconocido, involuntario y alucinatorio testigo de la verdad. De una verdad tan misteriosa e incomprensible como el proyecto de éstas cuatro cómplices silentes y desesperadas que se encontraban sentadas en una cocina común , vulgar, como cualquiera . En la que sin embargo, para alguien que estuviera enterado de su propósito , no le sorprendería ver un caldero hirviente y un búho.

La última consulta.

- Si el caso de su hijo fue un caso difícil señora. Muy difícil y extraño. Pero se estaba recuperando bien. Yo lamenté mucho su accidente cuando me enteré. Su yerno me hablo por teléfono y me lo contó. Un hecho desgraciado, señora, un hecho fortuito.

- Si doctor, indudablemente . Pero no piense usted que yo vengo aquí con ninguna intención aviesa. Yo sólo debo conocer, para mi misma, algunas cosas pues encontré algunas notas de mi hijo que me han tenido inquieta. Aquí las tengo , quisiera que usted las vea y me de su opinión.- dijo la mujer aparentando una tranquilidad que no sentía. Que solo constituía la fachada de una alma destrozada.

- Muéstremelas , si ése es su deseo. Desde ya le digo que su hijo tenía un trastorno paranoide como le expliqué ya, según creo. En su caso en particular se creía predestinado al infierno, o algo así. Evidentemente una personalidad predispuesta , por la ausencia paterna fuerte, que al recibir un trauma desencadenó una crisis que afectó su psiquis de forma grave. Llevándolo al terreno de la autodestrucción. A ver espere, me voy a fijar en su ficha- dicho esto giro su sillón y se puso frente al tablero del ordenador personal que estaba a su derecha , en la pantalla se interrumpieron una serie de dibujos de formas cambiantes , y apareciendo el escritorio de inicio, el hombre buscó en sus archivos el que correspondía a Fran- Si , él había sido impresionado, por una historia que le contaron unos amigos , sobre una persona presuntamente embrujada, que al parecer era algo parecido a un zombi, un muerto vivo. Y si bien nunca le manifestó a nadie el temor que esto le produjo, y hasta simuló tomárselo en broma. Debemos agregar que este episodio ocurrió en un momento particular de labilidad emocional. Los médicos decimos labilidad por vulnerabilidad, por momento de bajas defensas. Su hijo había tenido una diferencia con su pareja lo que había creado éstas condiciones , que trato de explicarle. Su hijo pensó mucho en ese personaje embrujado, y temió quizás inconscientemente sufrir la misma suerte. Cuando sufrió la ruptura de su relación de pareja, esto se acentuó. Ese temor inconsciente se acentuó. Eso le provocaba pensamientos obsesivos. No alucinaciones auditivas. Recuerde usted que éste tipo de enfermos tratan de proyectar en algo , sus propias frustraciones.

- Perdón doctor no le entiendo , que es lo quiere decir. ¿Que mi hijo era un frustrado?- preguntó ella

- No, no . En medicina llamamos frustraciones , a ciertos deseos o impulsos que no se han llegado a concretar y que su no concreción causa al sujeto una sensación de displacer que se expresa como angustia. Para decírselo en palabras sencillas causa amargura y el individuo se siente culpable , pero no puede aceptar esa culpa que se auto atribuye por lo que busca responsables reales o imaginarios, que lo persiguen o lo hostigan. Probablemente su hijo en forma inconsciente atribuía a estos seres imaginarios la responsabilidad sobre una situación que no podía asumir como real. Más adelante el episodio con la adivina , y las barbaridades que ésa mujer le dijo, terminaron de desencadenar el episodio agudo que como trato de explicarle ya se venía gestando, en su mente.

- Mire por favor las notas doctor , quisiera saber si usted entiende algo de lo que mi hijo escribió ahí .Por favor doctor. Yo entiendo poco lo que usted me explica, estoy segura que usted debe tener razón en todo lo que me está diciendo y seguramente . Mi hijo estaba loco y le pasaban todas ésas cosas . Pero fíjese doctor en ésas notas.-solicitó la mujer.- Yo vine desde Nogoyá solamente para saber su opinión. Necesito saber su opinión. No tengo a quien más consultar. Compréndame doctor- dijo la mujer , casi en un ruego. El médico tomó con desgano los papeles que ésta le ofrecía. Los miró un largo lapso. Luego devolviéndoselos con cierta parsimonia le dijo

- Señora, ya le expliqué que su hijo tenía ideas obsesivas. Eso es nada más que la confirmación de lo que le he dicho antes.- dicho esto se puso de pie, dando por terminada la entrevista y mirando su reloj en forma significativa. Como diciendo que su trabajo lo requería.

La mujer salió del consultorio, nuevamente convencida , como hace mucho tiempo que a los problemas del alma no lo podían resolver los psiquiatras. Caminó hasta la esquina y tomó un taxi hacia la Terminal de Ómnibus. Estaba decidida a buscar al ciego ése que le había mencionado Facu en su cuaderno. Quería escuchar las cosas de él , de primera mano. No sabía si sería posible por que según le habían dicho era muy difícil, que acepte hablar con alguien que no sea de su entorno íntimo.

La mujer miró las angostas veredas atestadas de gente apurada y pensó que entre ésos miles de rostros, como en todos los millones de rostros de la humanidad, ya nunca volvería a ver el de su hijo.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Tercera Parte de Brumas (Segunda Entrada)

El cuaderno de Facu (cont)

Aquella noche lo buscaron , sabiendo que estaba con Mili , supusieron, y lo hicieron bien, que él la acercaría hasta la casa. Lo esperaron. Cuando el regresaba dieron un rodeo para asustarlo , quizás para hacerlo caer de la moto, quizás para golpearlo. No para matarlo.
Ellos dicen que él se les vino encima, que nunca los vio, que miraba hacia atrás, la calle vacía. Los peritajes dicen lo mismo, que él nunca frenó y que la camioneta sí lo hizo.
¿Qué fue lo que lo llevó a la muerte? ¿Qué fue lo que lo llevó a conducir de forma desaprensiva? Eso me lo contó un ciego. Un ciego que dormía en la Villa 3 de Febrero del otro lado de la Ruta 12, en su casa. Un suburbio tranquilo y silencioso. En aquella noche cálida solo los insectos y las ranas rompían la calma nocturna. El despertó sobresaltado, y vio todo. Tras sus ojos muertos, se dibujaron imágenes de espanto.
En su relato dice que lo primero que vio fue un rostro horrible , no tanto por su aspecto sino por su expresión, por su gesto, el gesto del mal. Que ésa imagen permaneció en su cerebro por largo rato, hasta desesperarlo, provocándole un dolor pulsátil en su cabeza, como si ésta fuera a estallar. Que presa de un profundo desasosiego se sentó en el lecho y con ambas manos apretó sus parietales como tratando de expulsar la visión, que le sonreía desde su interior, maligna. Luego sintió como un desmayo como si las fuerzas lo abandonaran, como si el tono de sus músculos se perdiera, cayendo de espaldas sobre la cama destendida en forma transversal. Y poco a poco sintió elevarse por los aires, abandonar el cubo oscuro de su habitación y atravesando los techos , suspendido en el aire, flotar sobre las casas y los campos. Y en éste estado de inmaterialidad, flotó sobre la calle Diamante, derivó hasta la parroquia de San Ramón, la antigua estación de trenes, la plaza Entre Ríos y por sobre el barrio San Francisco llegó al boulevard Sarmiento hasta encontrarse con el propietario de aquel rostro horrible que estaba parado en la esquina de la Escuela Alvear. Inmaterial y etéreo , el ciego, se aterró de ver ,en su ensueño, a aquel monstruo de campera roja, que abriendo la boca hedionda lo aspiró hacia las oscuras tinieblas de sus entrañas.
Se sintió nuevamente en la oscuridad, asfixiado, rodeado de miasmas inmundos, en ésos pulmones fétidos, como los de un tuberculoso, o mejor aún como los de un cadáver.
Después se sintió ascendiendo hasta lo ojos del monstruo y a través de ellos vio.
La calzada cubierta de una bruma espesa, como el vapor blanquecino, que se formaba alrededor de las viejas locomotoras de carbón cuando las válvulas aliviaban la presión de sus calderas. Vio desde ésos ojos malvados, el terror en los ojos de Fran cuando éste se le cruzó delante, vio el rostro vuelto hacia atrás del muchacho antes de impactar contra la camioneta, mirándolo a él que era ciego, ciego desde hacía muchos años.
Despertó mojado en sudor, atravesado en su camastro, temblando. Solo atinó a acostarse nuevamente y taparse . Permaneció despierto con su respiración agitada, y la paloma de su corazón aleteando dentro de su tórax. Hasta que lejanas empezó a escuchar las sirenas, nítidas en el silencio de la noche, y lloró con sus ojos de sombra. Acongojado . Sabiendo porqué ululaban aquellas ambulancias y conociendo la inutilidad de su prisa.
Presintiendo que aquella visión, no sería la última que tendría y que ése rufián avernal de sus sueños , el que le había prestado sus ojos maléficos a él, a él que era ciego hace tantos años. Pero sólo para ver lo que nunca hubiese querido ver. Tuvo la certeza , que ese rufián avernal no daría por terminada su tarea.
¿Usted cree en el destino? Que difícil se hace comprender lo incomprensible. Nuestro entendimiento se choca contra un muro de misterios indescifrables. Es cuándo nos sentimos aplastados por una masa invisible de pesar o impelidos por un viento invisible hacia el futuro.
La vieja , también averigüé sobre la vieja. Conocida suya además , según me contaron.¿Cómo no reconoció a ésa pérfida? ¿Cómo usted se dejó embrollar por ella?
Con solo haberse mantenido alejada, nada de esto hubiera ocurrido. Así me lo dijeron.
Yo repito lo que me dijeron. Gente que afirma conocer. Aquellos que me presentaron al ciego.
Ami , la chica que tuvo amoríos con Fran, en realidad también formaba parte de éste destino. Desde su infancia. Sin que ella lo supiera por supuesto.
Su tía paterna . Es el nexo entre ella y su destino. Carmen se llamaba según pude averiguar. No era una mujer mala , todo lo contrario. Pero fue un instrumento. Sentía un gran cariño por ésa niña abandonada por su padre, y de alguna manera, según dice se sentía responsable de ella. Sobre todo durante las vacaciones de invierno, hasta terminar la primaria igual que en semana santa, casi todos los años. Ami visitaba su tía.
La madre , dejaba a la niña en casa de su tía, un poco como tirándosela a la familia de su padre abandónico. Como una cobranza. Como un desagravio. Y se sentía como liberada, como si la niña desapareciera por un tiempo de su vida y con ella desapareciera el recuerdo vivo del hombre que le arruinó la vida. Del hombre que la hizo sentir la mujer más desgraciada del mundo. La más fea . La más idiota.
Y dejar a la niña en casa de su tía Carmen, era como dejarla en el umbral de su casa paterna, envuelta en diarios y merced de los perros. Como muchas veces pensó que debería haber sido. Otras veces pensó que quizás debería haberla parido en una letrina.
Como un excremento. Al dejarla en casa de su tía Carmen la mujer pensaba que desaparecía. Que retornaba al esperma de su padre odiado.
Pero ella, la niña, era feliz en ese caserón de campo. Se sentía libre. Contenida, Querida. Su tía , madre de varones, se sentía complacida de poder atender a aquella niña triste, que corría hacia ella con su cabello suelto desparramado en el aire alrededor de su cabeza. Con sus ojitos redondos brillando de alegría.
Pero ése germen de la dicha, incubaba también el de la desgracia.
Su ruptura con Fran fue indudablemente originada por habladurías de un tipo que se llama el gordo Jorge y de un muchacho llamado Matías, que estaba interesado en ella, al que probablemente usted conozca, pues hace varios años frecuentaba a Fran.
Ellos inventaron un romance de él con Mili y ése fue el origen del enojo de Ami.
Luego seguramente , la incapacidad de ambos de comunicarse, contribuyó a convertir lo que pudo ser una simple rencilla de enamorados en una ruptura dolorosa y definitiva.
Que llevó a Fran , entre otras cosas , a un estado de desesperación y de confusión. Lo que lo llevó a buscar soluciones mágicas, que lo enfrentaron con su destino predeterminado. Por eso yo me pregunto ¿Fueron realmente éstos chismosos culpables de sus actos? Si por un momento creemos en el destino, en lo predeterminado. ¿Existe la responsabilidad? ¿Existe la culpa? ¿El libre albedrío no es una condición sine qua non para realizar un juicio moral , sobre las conductas humanas?.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Tercera Parte de Brumas. Primera Entrada

TERCERA o FINAL



Cuando mis ojos cerrados.
Por siempre oscurecidos.
Ciegos, sin luz.
Volveré así, callado.
En la brisa, descarnado.
A tocarte.





El cuaderno de Facu.

La letra abigarrada, inclinada hacia la derecha, no hacía la lectura fácil. Al menos al principio. Después, sus ojos se fueron acostumbrando, a esa letra pequeña y compacta.
Después, estuvo tan absorta en la lectura, que la percepción visual se fue transformando en una voz que en aquel silencio de las noches invernales le fue relatando aquella historia. Aquella historia final .Tanto despropósito. Tanto dolor injusto. Historia que completaba , los fragmentados relatos escritos por su hijo, en forma desordenada , en papeles desparramados. Hoy manchados con la salitrosa humedad de sus lágrimas y ajados de tanto estrujarlos, en busca de la esencia de quien los escribió. En busca de un residuo, de un rastro , que pudiera haber escapado de aquella muerte brusca, inesperada.
De aquella ráfaga final de la tormenta, que derribó los muros de su refugio, cuando ya se veía el sol en el horizonte. Cuando la esperanza de la calma, se nutría de certezas.
Zarpazo mortal de la fiera fatalmente herida.
Y en aquella historia , que le había llegado en un cuaderno de tapas anaranjadas, como los que usan los niños de educación primaria, se sumergía. Como se sumergen los buzos tácticos en los restos de un naufragio, en aguas turbias.

“Yo ya no estaré mucho tiempo en Nogoyá. Con los primeros días del Otoño debo radicarme fuera de la ciudad , por razones de estudio. Antes de dedicarme exclusivamente a mi futuro, deseo clausurar el pasado. En realidad la palabra clausurar no es la más adecuada. Y probablemente a usted hasta le habrá sonado ofensiva. Cumplir con el pasado. Contribuir a su esclarecimiento, saldar la deuda que mi amistad, me impuso. Para que mi espíritu se sienta liberado. Para que el futuro se vea liberado de sombras y poder volver a recorrer éstas calles tan queridas, con la tranquilidad de los leales.
Muchos meses , casi un año , me llevó averiguar lo que sé. No es mucho , pero son indicios. Usted alguna vez, me preguntó, de que se trataba todo esto. Y yo no pude responderle. Le contesté que si estaba a mi alcance , lo ayudaría. No fue así.
Y hasta el día de hoy me pregunto ¿Por qué?. Y no obtengo respuestas
Por eso le quiero hacer llegar éstas notas. No pude ayudarlo a él pero por lo menos trataré de ayudarla a usted a lograr el sosiego.
Aquella noche , para mi, fue una de las más terribles de mi vida. Aquello fue un golpe demoledor, para todos nosotros los que éramos sus amigos. Nos mirábamos unos a otros, nos abrazábamos, nos hablábamos sin poder encontrar respuestas.
Poco a poco, la realidad se fue imponiendo al desconcierto que inicialmente nos invadió. Usted sabe que Milagros incluso fue a la jefatura . Que trató de hacer conocer su opinión, su punto de vista. De todos modos fue inútil. El asunto estaba esclarecido.
El accidente. Otros hasta incluso hablaron del suicidio . Las voces se corren, la gente opina, con opiniones ligeras y eso va marchando como la llama en un reguero de pólvora. Hasta conformar una versión alejada de la realidad. Como un espejismo.
Lo que podríamos llamar la opinión pública, lo que a los ojos de los extraños es una verdad irrefutable, pero que hunde sus cimientos en el fango. Cómo un edificio de papel que visto a la distancia, aparenta una fortaleza de la que carece. Disfraz de tigre que oculta al tigre verdadero. Lo que yo sé , la verdad, puede parecer menos verosímil que la fantasía. Y todavía ésta verdad puede traer otras catástrofes.
¿Usted cree en el destino? Yo por mucho tiempo no lo hice. Siempre pensé que la razón explicaría todos los fenómenos vitales y físicos que se presentaran ante mis ojos.
pero hoy, le confieso que dudo de ello. A Fran lo tragó el reino de las sombras, que lo perseguía. Que tarde o temprano lo alcanzaría. Eran inútiles los esfuerzos por huir, por escapar, por cambiar ése destino oscuro, aciago, inmodificable.
Y es probable que con él no terminen los acontecimientos desencadenados en ésta dinámica de lo incomprensible.
Los de la camioneta lo buscaron para asustarlo, yo estoy convencido de ello, y charlas que he mantenido con allegados a éstos, lo confirman.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Segunda Parte de Brumas Décima entrada

Los porrones se calientan

-Yo ví ésa camioneta rondarlo , oficial. Cuando salimos del parquecito por el boulevard , casi nos chocó en una esquina. Eran ellos yo los conozco. Cuando estábamos en el bar volvieron a pasar haciendo derrapar la camioneta en la esquina, yo los reconocí. Claro no le di ninguna importancia en ése momento.
Cuándo él me llevó por casa serían las dos y media de la mañana. Y yo los vi estacionados en la plaza Entre Ríos, la plaza de la estación , y noté que miraron y que se tocaron unos a otros. Pero ésos tipos siempre eran lieros, no me pareció raro.
Pero ahora sé que lo estaban esperando. Fue una emboscada. Estoy segura
- Usted entonces dice, que la camioneta los estuvo siguiendo toda la noche , desde la tarde cuando usted los vio, en… en…
- El Barrio San Francisco- agregó Mili
- Si, el Barrio San Francisco, ¿ Y esos muchachos les dijeron algo?- preguntó el rapado.
- ¡No, no nos dijeron nada! Pero le digo que nos estuvieron siguiendo toda la noche, y que cuando el me llevó a mi casa lo estaban esperando, estoy segura que lo estaban esperando. No fue un accidente lo que ocurrió. Eso es lo que yo quiero decir.
- En una ciudad muy chica como ésta , existen posibilidades de ver varias veces el mismo vehículo, no pensó en eso señorita antes de venir para acá-contestó el hombre fastidioso mientras encendía un tercer cigarrillo y le ofrecía uno a Mili casi por compromiso.
- Si, pero que casualidad que éstos tipos tenían una cuenta pendiente con él desde hace varios años, desde una pelea en un bailable. Yo recién ahora, ayer, me acordé de eso. Siempre lo amenazaban. Él nunca los tomó en serio. Creía que eran bravuconadas nada más. Pero , si los hubiera tomado en serio , no hubiera pasado lo que pasó. Yo lo que pido, es que tengan en cuenta lo que les digo. ¿Qué hacían ésos tipos en Avenida Italia? Justo cuando él pasaba. En ésos lugares a ésa hora el transito no es grande, oficial, que casualidad que de la plaza de la estación aparecieron en avenida Italia justo para chocarlo. Llegando al mismo lugar por sitios tan diferentes. A eso usted le llama casualidad. Cuando ellos lo vieron irse por Hipólito Irigoyen tomaron Marchini, estoy segura, hasta avenida Italia y lo esperaron. No, no fue un accidente. Investíguelo.
- Bueno , lo tomaremos como un posibilidad, gracias señorita por su colaboración espontánea. Es una reacción común , cuando perdemos seres queridos buscar chivos expiatorios. Pero bueno , igual lo tendremos en cuenta.
- Yo no estoy buscando chivos expiatorios, como dice usted- dijo Mili mientras se ponía de pie- quiero que se sepa la verdad.
- Su verdad- la interrumpió el policía con brusquedad- Nosotros somos profesionales e investigamos concienzudamente todo esto. Su verdad, señorita no es la verdad absoluta.
Mili guardó silencio viendo el sesgo que tomaban los acontecimientos , se disculpó de forma muy poco sincera y se marchó. Cuando descendía la escalera escuchó al rapado hablando por teléfono celular.
- Si loco, ya bajo, por fin me saqué la loca ésta de encima. Mete algún porrón al freezer si dejas todos afuera se van a calentar.
- Los que rara vez se calientan son ustedes- susurró Mili mientras doblaba hacia la izquierda en el rellano de la escalera de mármol.-¡Desgraciados!-agregó para sí


Lágrimas en el hombro.

Aquel sueño , la borrachera y el golpe. Una trilogía aterradora. Despertar en ése cuerpo dolorido , golpeado e intoxicado. Volverse a ver en el mismo lugar. Abandonado por las amnesias artificiales del alcohol. Vuelto a enfrentar con su realidad, miserable. Sabedor de su destino , su negro destino. Quizás ésa fue la peor de todas las decisiones de su vida. Querer conocer su futuro. Abrir la caja de Pandora. Liberar los demonios. Se sentó con dificultad al borde de la cama. Recorrió con la mirada su habitación , se detuvo sobre su pequeño y viejo escritorio. Abrió el cajón en desorden, y extrajo de un rincón un papel doblado en cuatro, lo abrió como quien abre un antiguo alhajero que se puede desarmar entre nuestras manos. Leyó los versos allí escritos. Colocó el papel sobre el escritorio , lo alisó cuidadosamente con la palma de su mano izquierda mientras con la derecha lo sostenía por su margen superior. Tomó un bolígrafo y escribió. Luego dobló cuidadosamente el papel y lo volvió a dejar en el mismo lugar donde había permanecido tantos años. En el mismo lugar donde un niño que ingresaba a la adolescencia lo había dejado. Ese niño perdido , que habitaba en los rincones , en los cajones , en las cosas olvidadas. Que habitaba en una bicicleta colgada. Vio a su madre asomarse en la puerta en silencio, la saludó con un gesto de su mano derecha y dificultosamente se incorporó. Caminó lentamente hacia la mujer que con gesto adusto lo miraba desde el vano de la abertura y una vez frente a ella la abrazó y comenzó a sollozar en silencio. Sobre su hombro izquierdo percibió las lágrimas de su madre escurrirse hacia su espalda. Por la ventana un rayo de luz casi horizontal , anunciaba las últimas horas de la tarde. El viento silbaba en los techos en forma intermitente. El supo en ése instante que su madre tenía miedo, miedo por él, y de su destino aciago, anunciado. Y supo además en ese instante que lucharía a brazo partido por evitarle sufrimientos y dolor, por vencer a ése destino maldito que lo fagocitaba en el fango de sus miserias. Simplemente, de existir algún camino de salida él lo emprendería, más allá de sus penas, más allá de lo escarpado que resultase.
Percibió el miedo de su madre y entrevió el presentimiento de su madre. Esa forma irracional de conocimiento, ese vislumbrar a través de la realidad cotidiana , los caminos inciertos del porvenir. El presentimiento, el oscuro presentimiento de su madre.
En su cuerpo dolorido y atormentado, buscó la fuerza que necesitaba, para seguir adelante, para sobreponerse a las noches de horror, y los días de excesos. Para sobreponerse a la profecía, que cargaba sobre sus espaldas. Para sobreponerse a la sonrisa del Demonio que lo acechaba. Y en su cabeza aturdida, donde tenía la sensación de tener su cerebro suelto, en la urente herida de su frente, en sus párpados casi cerrados que apenas le permitían ver el rayo de sol casi horizontal que entraba por la ventana. En esos brazos doloridos, plagados de hematomas. En su propia debilidad, revolviendo en el pozo ciego de sus pequeñeces , debería encontrar la fortaleza que lo sacara de allí. Como un hombre, que era, en una situación límite, en la que estaba. Sin otra ayuda que si mismo y quizás la de ésa mujer asustada que lo había traído al mundo. La besó con un beso doloroso de sus labios hinchados y caminaron juntos hacia la cocina en silencio. Soledad , sentada frente al televisor , lo miró en silencio, con la misma cara de siempre. La de estar bien o estar mal. La única. La máscara de sus sentimientos. Sobre el aparador , una pequeña tarjeta blanca con letras negras, descansaba apoyada en un florero de vidrio morado.
- Esa es la tarjeta del especialista , se la pedía a Santi- dijo con un movimiento de cabeza señalando hacia el lugar donde ésta se encontraba.- Vas a tener que ir hermanito, si no querés terminar de enloquecer a tu madre y llenarme de vergüenza a mi.
- Bueno, Sole, bueno- dijo Fran con voz queda- no se enojen conmigo. Es que por momentos no aguanto más. No puedo soportar la voz de ésa mujer en mi cabeza. No puedo soportar creer lo que me dijo, y sentirme sólo como un perro. Cuando ella me dejó es como si algo se hubiera muerto en mí y después de ver a la vieja siento como una gangrena que me carcome por dentro. Como una podredumbre
hedionda. – terminó casi en un sollozo, como el de momentos antes
- ¡ No te digo que éste pendejo está loco!- casi gritó Soledad.
- ¡ Soledad , por favor!- contestó su madre, tomando la tarjeta y leyéndola, luego la guardó en el bolsillo de su camisa.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Segunda Parte de Brumas Octava Entrada

De fierro con los amigos.
El negro Seba fumaba su cigarrillo número mil. Había decidido no aceptar ése trabajo como patovica, que le había ofrecido el gordo Jorge. El físico lo tenía pero no el carácter. Pegarle a unos pendejos, no , eso no era lo suyo. Los otros porque no eran de Nogoyá , venían hacían su trabajo y se marchaban. La vacante se había producido por el rubio , ese que había representado a Paraná , como físico culturista. Inspiraba mucho respeto y según dicen era muy violento. Pero había caído en un cuadro depresivo por una reyerta severa con su pareja, que también trabajaba de patovica en un boliche de Victoria. Dicen que ahora , desde hacia varias semanas no salía de su casa. Pobre tipo, pero bueno así es la vida pensó, el negro Seba , para enfermarte solo tenes que estar sano. Pero no, ese laburo, no era para él. Estos locos fajaban a cualquiera, lo sacaban a sopapos hasta la calle, sin ningún drama, pero él no podía hacer eso. Y si después se encontraba con la madre , el padre o algún hermano o hermana del pendejo , que cara pondría. No , no , no era para él. Venir , hacer un laburo así y luego tomársela en el primer micro, eso cualquiera. Pero , quedarse a convivir , eso es otra cosa. Sí mejor seguía laburando en el taller. Cacho era un buen tipo, le enseñaba, le pagaba religiosamente. Además como era sabatista tenían los Sábados libres . Ya el Viernes a la noche , se encontraba en total libertad. Trabajaba hasta las 19hs o a veces Cacho le daba a alguno de ellos horario corrido y a las tres de la tarde estaba libre. El negro sabía que algún día tendría su propio taller. Miró su reloj, tendría tiempo de terminar de peinarse, al negro le gustaba salir bien peinado y bien arreglado. Una cosa era cuando uno estaba trabajando, que podías estar engrasado hasta las orejas , pero otra cosa era cuando uno salía con los amigos. Al negro le gustaba estar limpio y prolijo. Se peinó con gel , se arregló la remera celeste con inscripción “ Entreremo nella storia” , volvió a mirar su reloj, encendió un nuevo cigarrillo tomó las llaves de la puerta del frente que estaban sobre la mesa y salió a la calle. Fran lo esperaba en el parquecito del automóvil club. Quería contarle de su decisión de no aceptar el trabajo que le había ofrecido, el Gordo Jorge. Además el lo tenía montado en un huevo al Gordo Jorge, porque él siempre sospechó , que ése gordo hijo de puta, tenía algo que ver con lo que le pasó a Fran. Y el negro Seba, colérico e impulsivo, a pesar de ello, era de fierro con sus amigos. La crisis de Fran , su amigo de toda la vida. Con quien incluso tenía más afinidad que con Facu su otro amigo de toda la vida, éste último , era más intelectual , amigo de las novelas y boludeces por el estilo. Fran era más campechano más de pueblo. Una forma de ser más llana , más sencilla. Y al negro Seba la crisis de su amigo le había dolido mucho. Se le hacía un nudo en el estómago de la bronca que le agarraba de verlo en el estado en que quedaba después de tomarse todo. Pero bueno ahora gracias al médico ése de Rosario andaba mejor. Mucho mejor diría yo. Como si hubiera alcanzado la otra orilla después de vadear un arroyo crecido .
Se acercó circulando por calle Fitz Gerald, giró por Bv. España y frente al supermercado lo vio sentado a su amigo, con una chica que le pareció Mili.
Estacionó su Honda Titán al lado de la Agrale de Fran que hacía poco había vuelto a usar. Saludó a su amigo con la mano. Se acercó le dio un fuerte apretón de manos y saludó a Mili con un beso.
- Que haces flaca- dijo el negro Seba
- ¡Acá estoy! Con mi amigo Enero- contestó la Ardiles riéndose, a la vez que abrazaba a Fran afectuosamente
- ¡ No seas hija de puta Mili! Si algún día fresco debe tener- dijo el negro Seba
- ¡Qué amigos bárbaros que son ustedes dos! – intervino Fran.
- Sabes que te queremos mucho pendejo- dijo la Ardiles, mientras le daba una suave palmada en la nuca.
- Che , loco, te voy a contar lo que decidí , con el asunto ese del gordo forro. No voy a aceptar. No es para mí. Además a ése gordo lo tengo montado en un huevo y tener que aguantarlo todos los días, puede llegar a ser insoportable.- dijo el negro Seba.
- Yo te aclaro algo negro, para mí no existe ningún problema, en que trabajes con ese loco, para mí son temas superados o por lo menos así lo creo. Mi terapista me hizo ver , que nadie actúa por que lo obliguen los demás, o por lo que le dicen los demás, que probablemente metieron la cuchara , pero bueno eso para mí es historia vieja. O trato al menos.-comentó Fran mirándolo a los ojos. En su frente una gran cicatriz estrellada unía el cuero cabelludo con las cejas. Dándole el aspecto de un hombre marcado. Cómo aquel que en su cuerpo lleva impresa una señal, cómo los personajes mitológicos. Cómo los reyes ocultos de pueblos sojuzgados, que deben escabullirse entre la multitud para escapar del exterminio.
- Usando tus palabras, loquito, nadie me obliga, yo he decidido. Para mí primero, los amigos, los que quiero, después lo demás- dijo el negro Seba , con un gesto de su mano derecha con la palma hacia delante que formó un arco desde la altura de su rostro hasta depositarse sobre su rodilla- nadie me obliga , lo rechazo porque quiero.
- ¡Pero bueno negro boludo, ni que estuvieras rechazando una beca a la Universidad, tanta alharaca!-intervino Mili.
- ¡Callate flaca! No le contés a Fran que me mediste las bolas, al gurí no le interesa conocer nuestras intimidades.- Contestó el negro Seba con una aparente seriedad y con gesto de fingida amonestación.
Los tres muchachos continuaron charlando amigablemente por un largo rato. Luego decidieron ir al centro a comer unas pizzas .


Sin ninguna flor.
La casa flanqueada por el viejo molino se agrandaba poco a poco, ahora se podía distinguir un pequeño cerco , seguramente de alambre tejido, cubierto aparentemente por trepadoras y un arco de medio punto sobre un pequeño portón de caño y malla cima. Fran se acercó, con paso indeciso. No sabía bien porque había decidido hacer caso a su hermana y concurrir allí. Miró hacia atrás el sendero entre los árboles por donde había caminado momentos antes, le pareció lúgubre , mojado por la llovizna y mecido por las ráfagas de viento. Pero y si realmente existía la posibilidad de recuperarla. Si realmente existía la posibilidad de que todo retornara al camino que nunca debió abandonar. Poco a poco la razón se había visto desbordada por ésos fantasmas ancestrales que trae el hombre consigo desde siempre, por ese inconsciente colectivo que atesora las vivencias de las razas, de los pueblos primitivos. Ese mismo bagaje de sentimientos primitivos que nos hace mirar largamente el fuego, perplejos ante las llamas , con un inexplicable sentimiento de bienestar ante el crepitar de los troncos encendidos. O temblar de terror ante un rayo cercano. El placer de ver caer la lluvia sobre los campos o el miedo a las tormentas. Algo de nuestro interior profundo, algo que surge de las fosas insondables de nuestro espíritu, dónde aún habita nuestro antepasado nómada. Asoman los demonios, los talismanes, los dioses, la magia. Y la razón se ve jaqueada, y en ése momento es cuando el hombre se arroja a los brazos de lo incomprensible. De lo inasible a través de la razón. Y toma el camino que lo llevará a ése mundo oscuro, donde se pueden manejar las voluntades, donde se puede influir sobre nuestro futuro, donde se puede recuperar lo perdido. Donde hasta se puede trasponer los portales de la muerte. Pero en cuyas sombras, nunca estaremos seguros. Donde podremos rogar, averiguar, comprar. Pero donde nunca seremos libres ni soberanos sobre nuestro propio ser. Rodeados por ése aire denso y misterioso que todo lo invade, que penetra hasta nuestros huesos. Pero el hombre igual se arroja a los brazos de lo incomprensible .
Fran se acercó al portón metálico , oscuro de herrumbre y hizo tañir un cencerro viejo colgado del arco vegetal. Y esperó. Esperó un tiempo interminable mojado por la fría llovizna. Miró hacia el camino, el muchacho de campera roja, ya no se veía. Fran miró alrededor suyo, en el preciso instante en que una bandada de morajúes, levantó su negro aleteo del campo lindero y se dirigió a la arboleda que rodeaba la casa. A él le parecieron sombras aladas que se elevaban desde el fondo de la tierra, le parecieron una lluvia de carbones infernales que impactaban sobre el contorno vegetal de aquella morada de espanto. Nuevamente hizo tañir el cencerro, con la decisión de que no lo volvería a hacer. Que si nuevamente la espera se prolongaba sin que nadie abriera la puerta de la casa, desandaría el sendero para siempre, montaría a su moto y dejaría toda aquella locura atrás. Ahora los morajúes se acomodaban en las ramas de las casuarinas, protegiéndose de la llovizna y el viento. Miró hacia el interior del cerco y le sorprendió no ver ninguna flor.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Segunda Parte de Brumas Séptima Entrada

El predador.

Matías hacía casi dos años completos que no vivía en Nogoyá. Estudiaba derecho en Rosario. Su pequeño mundo pueblerino , se amplió. Con la misma sorpresa que experimenta un hombre de tierra adentro, la primera vez que ve el mar. Estaba por empezar a cursar el 3º año , como alumno regular. El microcosmos en que había vivido su adolescencia, en el transcurso de la educación media y los EGB, o como quiera que se llame en la actualidad , lo que antaño dio en llamarse educación secundaria.
Ese microcosmos , en que todos sus actores eran conocidos en menor o mayor medida, en el que los lugares eran conocidos en menor o mayor medida. Se rasgó, como lo haría una cúpula, dejando ver el cielo. El universo. Otro mundo. No quiero decir con esto que Matías fuese un ignorante de las grandes ciudades, o que nunca hubiese viajado a Paraná, Rosario o Buenos Aires. Quiero decir , que éstos paisajes no formaban parte de su cotidianeidad. Si lo eran los Ciber, los video juegos, la play station , la ropa de marcas para jóvenes, y todo lo que hace a la sociedad de hiperconsumo globalizada. Pero no el lugar físico, la experiencia cotidiana , el intercambio, interrelación personal.
El apuro, la exigencia, la despersonalización. Con la ruptura de ese microcosmos, de ésa incubadora, se vio enfrentado o mejor aún incorporado a un mundo nuevo distinto. A rostros nuevos, a siluetas nuevas, a bamboleos nuevos. Y a nadie debería provocarle sorpresa que un chico de su edad, priorizara a las chicas. Ahora las encontraba en una variedad enorme de formas y gestos, de estilos y estaturas. Insinuantes y tímidas. Mujeres. Muchas mujeres. La impresión inicial que siente un estudiante del interior, al llegar a una universidad cualquiera, a una facultad cualquiera, y verse rodeado por cientos de mujeres hermosas que se apretujan a tu alrededor en una ventanilla o en un transparente , o al ingreso de un aula. Es haber llegado al paraíso. Muslos , glúteos, pechos, ojos, cabelleras, perfumes excitando los sentidos, con el poderoso impulso de la novedad. Matías no era un tipo feo, más aún podría decirse que sus rasgos y conformación general eran atractivas al sexo opuesto. Si a eso le sumamos , que tenía una particular forma de desenvolverse, muy suelto , con una facilidad de expresión llamativa y una sonrisa fácil. Por lo que a nadie puede extrañar , que tuviera suerte, más veces que las que no la tuvo. Por lo tanto sus regresos a Nogoyá, fueron cada vez más esporádicos, por razones de estudio , pero también por razones que podríamos denominar de recreación. Una de ésas pocas veces, aburrido, siempre lo aburría el permanecer mucho tiempo en su casa , tomó la camioneta de su padre y salió a pasear,
“a dar unas vueltas” para utilizar su forma de expresarse. Giró lentamente por calle 9 de Julio, mirando atento para reconocer alguna persona de su antiguo entorno. Le parecían décadas los años , que lo separaban de su etapa anterior. Que pequeño había sido en aquellos años. Que pequeño de mente. Rió . De mente , no demente. Aunque quizás también en parte fuese un pequeño demente. Volvió a reír para sí. Justo en ése momento la vio . Caminando del brazo de su amiga por la ancha vereda del Parque del Bicentenario. Detuvo la marcha de su coche , junto al cordón de la vereda y con dos o tres palabras corteses las invitó a subir. Los Babasónicos desde el pasacd cantaban “ Y qué ella me gusta y yo a ella también….” Giraron por Caseros. Vale vio a su amigo, en el bar de la esquina de San Martín departiendo con un grupo de muchachos gesticulantes, bajó la ventanilla y le hizo un gesto de que más tarde lo vería. El muchacho levantó su pulgar en gesto de asentimiento. Continuaron paseando y escuchando música, con ésa charla intrascendente común en ésas ocasiones. Se cruzaron con el gordo Jorge , que manejaba su Ford K tuneado en la esquina de Alem, los saludó con un parpadeo de las luces delanteras y su índice extendido sobre el volante. Rato después Vale se bajó en busca de su amigo. La ocasión hace al ladrón, pensó Matías. Si esto le hubiera pasado cuatro años antes, hubiera sido para él un regalo del cielo. Pero hoy , después que tanta agua corriera bajo el puente, era solo una ocasión más.
Pero Matías pensó, las ocasiones no se pierden. Y en el fondo de su pecho , aquella vieja colilla encendida del odio, se reavivó. Y se sintió de alguna forma como un caballero medieval que está en ocasión de vengar su honor mancillado y cobrarse la ofensa. La miró y sonrió. Con los ojos de los grandes predadores , al ver su presa pastando en la sabana o en un claro del bosque.



Continúa la declaración de Milagros


-A la tardecita me encontré con él, en el parquecito del automóvil club, un encuentro casual . Pero frecuente. Muchas veces nos juntábamos a charlar. Yo lo apreciaba mucho. Para mí era un tipazo . Así de simple, oficial, para mi era un tipazo. Andaba en la mala , es verdad, como puedo andar yo , o puede andar usted. Nadie está a salvo que le pase algo así. Pero andaba mejor, fíjese, andaba mejor. Serían las 18,30 hs. más o menos , yo no me fijé en el reloj, la verdad, no me fijé. Una no se va andar fijando en el reloj con cada cosa que hace. Ahora que usted quiere saber, si tiene razón , uno debería fijarse la hora. Pero , que se yo , en una de esas salgo de acá y me pisa un auto. Y usted , bueno capaz que usted sí, porque está escribiendo en esa máquina, pero otro , uno que yo me cruce en el pasillo o en la escalera , no se va a fijar la hora en que yo salí de acá. Dígame, oficial , si en eso no tengo razón. Bueno pero como le decía sería más o menos ésa hora porque yo salí de mi casa a las 18,10 hs más o menos y ahí si me fijé en la hora porque en la cocina de casa tenemos un reloj grandote , de ésos de pared , a pilas a papá se lo regalaron los que le venden los neumáticos.
- ¡ A su padre es el de los transportes! La Flecha creo.
- Sí , ese es mi padre. Bueno como le decía . Le aclaro que yo ya soy mayorcita de edad, fíjese en la fecha de nacimiento. Mi padre no tiene nada que ver con lo que yo vengo a decirle. Como le contaba la hora de salida si me la acuerdo, porque cuando voy a salir siempre me arreglo en el espejo del aparador de la cocina comedor y automáticamente me fijo en la hora, en ése reloj de pared. Una costumbre de cuando iba a al escuela, que siempre tenía que salir apurada , de ahí lo de fijarme en la hora que salgo de mi casa. Ese día me fui caminando. Otros días salgo en la moto, pero la tenía mi hermana que se había ido con el novio al polideportivo a ver un partido de rugby o no se que cosa. Casi siempre que salen él la lleva , pero justo ése día se le había roto el auto , o lo había prestado no se que historia, la cosa es que mi hermana me llevó la moto y yo me quedé en casa a pie. A mi le digo en realidad me encanta caminar , así que mucho tampoco no me molestó que se llevara la moto. Y yo calculo que caminando , no muy rápido como camino yo, porque yo cuando camino lo tomo como un paseo. No soy de ésas que andan corriendo. Si estoy muy ajustada de tiempo me tomo un remise y chau. Calculo que caminando así como yo camino en 20 minutos estoy en el parquecito. Si póngale, 15 minutos , no menos de eso así que tiene que haber sido alrededor de ésa hora, la hora en que lo encontré. Yo le digo , que siempre lo encuentro , no era que ése día en especial lo encontré. No, no , oficial, yo siempre charlaba con él y paseaba con él. Éramos amigos vio. Y no de ahora, de años. Años , desde que era un gurisito, que lo conocíamos con Delfi.
-¿Usted cuando lo encontró ahí en el parquecito noto algo raro, en él algo distinto?
- Pero, oficial, ya le dije que andaba en la mala, había tenido problemas. Que una minita le había colgado la galleta. Había quedado medio trastornado. Se le había dado por la bebida. Pero se había tratado. Con un médico de Rosario. No sé quien, él le llamaba “el doctor” nada más y yo nunca le pregunté que quien era, ni nada. A mi que me interesa. Por mi cuanto más lejos los médicos , mejor. Como le digo , se lo veía bien. Aparte ya había vuelto a salir con sus amigos, normal, mire normal. Yo para que le voy a mentir.
No gano nada mintiéndole. Yo lo que quiero es que se sepa la verdad y por eso vengo a contarle lo que ví .
La más alta de las mellizas Ardiles, se incorporó en la silla apoyando nuevamente los codos sobre la mesa de madera y pidiéndole un cigarrillo al policía. Lo encendió y aspiró fuertemente el humo. El hombre rapado, la miró entre aburrido y molesto, y apoyando sus manos a ambos lados del procesador portátil le dijo
- Señorita Ardiles. Si usted sabe algo importante , sobre esto continúe . Trate de ser más concisa. No dar tantas vueltas. De lo contrario ahorremos su tiempo y el mío.

sábado, 23 de octubre de 2010

Segunda parte de Brumas Sexta entrada

El médico

-La paranoia , es un conjunto de síntomas y signos característicos, lo que los médicos llamamos un síndrome. Que puede responder a una multiplicidad de causas. No siempre unívocas, ya que pueden actuar aisladamente o en conjunto, y a su vez ser influenciadas , o mejor dicho potenciadas por el medio ambiente. Por episodios que actúan como facilitadores, como catalizadores de la reacción que sobre una personalidad predispuesta, a la que podríamos llamar personalidad paranoide , desencadena el cuadro clínico característico.- Terminó el médico que hablaba con suaves movimientos de sus manos sobre el escritorio para acentuar sus dichos, para enfatizar sus afirmaciones y a su vez para crear un lazo de comunicación con su interlocutor.
-La verdad doctor que no le entiendo nada- dijo la mujer, con los ojos llenos de lágrimas- lo que quiero saber es si usted nos puede o no nos puede ayudar. ¡Estoy desesperada por mi hijo! Doctor dígame por favor, dígame que me puede dar una mano que podré recuperar a mi muchacho. Hasta hace no se un año y medio, era un chico totalmente normal y ahora …- se interrumpió para secarse las lágrimas que corrían por sus mejillas y para sonarse la nariz casi sin ruido- Ahora no sé doctor, es como si hubiera caído en el infierno.
- Si señora-dijo el médico acomodándose el puente de sus anteojos con el dedo índice- Creo que lo podemos ayudar. Pero ésta charla con usted es extremadamente preliminar, ni siquiera tenemos un psicodiagnóstico de certeza. Nos estamos manejando en el campo de las presunciones. Por lo que usted me dice, su hijo siente que lo persiguen, se siente perseguido por potenciales agresores. Eso es un síntoma de la paranoia . Pero, señora, éstas enfermedades son como la luz y la sombra. Tienen grados, desde el mediodía más luminoso hasta la noche mas negra y cerrada.
Desde lo que los médicos denominamos personalidad paranoide, que no altera mayormente la vida de convivencia hasta la psicosis paranoide grave que requiere -medicación y muchas veces internación. Yo no sé de que estamos hablando. Su hijo, carece de una figura paterna fuerte eso también predispone a la personalidad paranoide. Pero todo es muy preliminar señora, muy preliminar. Yo le sugeriría que concerte con mi secretaria una primer entrevista y luego hablaremos sobre terreno más firme y con más elementos de juicio.
-¿ Usted entonces cree que mi hijo está loco?- preguntó la mujer mientras se ponía de pie.
- Mire señora , no me gusta usar esa palabra. Es un tanto general, y además es un tanto discriminatoria.-dijo el médico mientras extendía la mano a la mujer-por que no esperamos a avanzar un poquito en el estudio de la enfermedad de su hijo. Si es que su hijo tiene alguna enfermedad.
Abrió la puerta del consultorio y con un gesto amable acompaño a la señora hasta el umbral de la misma, dando una última y suave palmada sobre el hombro de la mujer como un postrer gesto de contención.

Recuerdos de la pasión y la desesperación.

Cuando creía que su vida estaba destinada a ajarse , a secarse como una hoja caída del árbol. A perder poco a poco la vitalidad, por cada uno de sus poros. Lo conoció.
Después de su traumático matrimonio, después de los golpes, los gritos y el desamor. Creyó que todo se terminaba. Que ése era su destino. El de una flor arrancada y tirada a la calle. Castigada por el sol del mediodía , hasta perder su lozanía y su perfume. Hasta convertirse en una masa reseca de tejidos a merced de los elementos. Pisoteada por los coches. Despreciada hasta por los perros en busca de comida. Para ella su separación , fue como una medicación paliativa, que mejoraba su estado, que disminuía el diario sufrimiento de la violencia hogareña. Pero que a su vez la entregaba a los brazos de la soledad, ése cáncer mortal, que paradójicamente tenía el mismo nombre de su hija. Pero entonces lo conoció.
Como si un hada la hubiera repuesto en su antigua rama. La savia de la esperanza comenzó a correr , reconstituyendo los tejidos de su cuerpo de hoja muerta, devolviéndole la lozanía perdida. Retornándola mágicamente a la adolescencia. A esa edad de posibilidades infinitas. Cuando lo miró por primera vez a sus ojos, algo estalló dentro de su alma. Como si todo lo anterior se hubiera borrado mágicamente, como si nunca hubiera existido. Ella bajó de su citroen frente al supermercado, fastidiosa por el calor, tropezó en el cordón de la vereda, nada más que por la torpeza que le provocaba su estado de desesperación, la obsesiva autoconmiseración que la embargaba permanentemente. Se hubiera lastimado , si no fuera por su presencia. Su mágica presencia. Su milagrosa presencia. Él la contuvo en sus brazos y cuando ella levantó su rostro desencajado por el disgusto y la vergüenza, lo vio frente a sí sonriente. Y se produjo el estallido. La revelación.
Lo conoció. Todo lo que pasó después fue vértigo. La transformación del paisaje invernal amarillo y pálido, en la fiesta multicolor de la primavera. Un pasaje sin punto intermedio, desde la sórdida tristeza en la que se encontraba hacia la vorágine incontenible de los sentidos. Una felicidad inasible por simples mortales. Quizás ese fue su renovado pecado original ¿Quién tiene derecho a ser tan feliz? ¿Quién tiene derecho a beber la ambrosia de los dioses? Cuando le diagnosticaron su enfermedad, él lo tomó con entereza. Ella lo tomó con desesperación. Su destino no podía ser el de enfrentarse con una maldad inaudita . Y pensó entonces en encarnar ese amor en un hijo. Él al principio no estuvo de acuerdo. Ella lo convenció. Ella lo atrapó como una planta carnívora. Dispuesta a succionar su vida. Dispuesta a transformarla en otra vida. Dispuesta a transformarla. A burlar los designios de la muerte. Ella lo convenció de retrasar la quimioterapia. Ella lo convenció de que le entregue el hálito de vida que vibraba en sus esperma. Su amor tomaría carnazón en el hijo. En un hijo que no se llamaría Soledad, en un hijo que debería llevar el nombre de la vida. En un hijo que le aseguraría la supervivencia el amor. De ése amor desaforado que le corría por las venas, que la angustiaba y la llenaba. Ese era el origen de su culpa.
El apenas pudo conocer a su hijo, un ser berreante y minúsculo. Pero que representaba la persistencia de su amor para la eternidad. Que representaba la unión de sus genes, la unión definitiva de ellos. La materialización del sueño común.
Cuándo él murió , algo se apagó para siempre en su interior, se trasformó en un alma definitivamente mutilada. Su vida nunca dejó de ser una vida hemipléjica. Pero el niño estaba allí, arrancado de la muerte, rescatado de las tinieblas.
Aquella vieja maldita le había dicho” nunca deberás parir carne de su carne si deseas que él viva” y ésas palabras siempre resonaron en su mente. Más aún después de verla con aquella mirada taciturna , en la vereda de la plaza, el día que bautizaron a Fran, y escucharla decir a su lado “¡pobrecito, ángel de Dios!”