lunes, 26 de septiembre de 2011

Gallito Ciego Cuarta Entrada

Gallito Ciego  Cuarta Entrada


-                     ¿A que hora lo vio llegar?-pregunté. Tratando de convencerla que yo creía todo lo que ella me decía. O por lo menos que sinceramente intentaba hacerlo.
-                     Alrededor de las ocho y media de la mañana-contestó. Y fijó la vista en sus manos que parecían acariciar el caminito rústico con motivos andinos.
-                     ¿Notó usted alguna actitud especial en él?-dije tratando de volver a mi aparente indiferencia. Borrar de mi rostro la expresión de extrañeza que todo aquello me ocasionaba.
-                     Lo ví a cierta distancia, pero no noté nada en especial. Si me sorprendió el verlo, después de tantos años. Un poco más viejo, pero nada más que eso.
-                     ¿No notó ninguna de las heridas?- agregué en un tono que a mi mismo me resultó un tanto burlesco.
-                     Tenía un sobretodo, pero la verdad que no parecía padecer ninguna dolencia, se desenvolvía en forma natural, como cualquier transeúnte.-me dijo esta vez fijando sus ojos en mi y descuidando sus manos que seguían deslizándose sobre la mesa.
-                     ¿Usted se da cuenta que los forenses afirman que sin ninguna duda tenía 3 días de muerto?- le dije, en lo que fue casi un estallido involuntario.
-                     Lo he leído en los diarios, pero yo lo vi entrar a la iglesia, recuerdo perfectamente haberlo visto, porque yo lo conocía, el le dio clases a mis hijos, como ya le dije. Y es más, lo seguí para saludarlo, hasta la vereda de la iglesia cuando me di cuenta que él entraría lo llamé, ya que yo no soy muy creyente no estaba dispuesta a entrar. Él giró levemente la cabeza y me saludó con un gesto de su mano derecha sobre el hombro, luego entró al templo.- me contestó calmada y mirándome a los ojos, como adivinando mis dudas. Adquiriendo aquel tono suave que suele ocultar, a veces, un profundo enojo.
-                     Lo que a mí me desconcierta es que usted afirma haber visto entrar un cadáver a la iglesia, e incluso ahora dice que  la saludó. Eso da por tierra con todas las afirmaciones de la policía, de que se trató de una broma de mal gusto de alguien. Evidentemente robaron el cadáver y lo llevaron a la iglesia para asustar a la gente. Pero usted afirma que lo vio entrar caminando.-dije dubitativo. A la vez que me arrepentía en el acto de mis conjeturas. Pues no eran propias de un entrevistador que deseaba obtener información, no polémica.
-                     Usted crea lo que quiera, yo se lo que ví y por eso fui a la comisaría. Yo sé que se rieron mucho de mi declaración. Que nadie me tomó en serio, pero yo cuento lo que ví. A usted tampoco lo invité a venir por mi iniciativa, mi invitación nació de su pedido. Pero bueno crea lo que quiera. Ya le dije antes lo que pienso de los prejuicios. Yo no soy prejuiciosa.- Terminando de hablar esbozó una sonrisa triste un tanto torcida. Que ya no trasuntaba aquel estado de ánimo divertido de su monólogo inicial.
-                     Pero comprenderá-afirmé con suavidad-que es algo muy difícil de creer. Serra murió el Jueves anterior al domingo que usted afirma haberlo visto. Lo mataron de cuatro balazos en la puerta de su casa en el Gran Buenos Aires, le realizaron la necropsia. Lo sepultaron el Viernes. Yo entrevisté a su mujer y sus hijas. También entrevisté al personal de la funeraria-me detuve mirando las hojas que tenía en mis manos.  Estaba dispuesto a mostrárselas como una especie de disculpa. Como diciéndole: “Aquí está. No son cosas que se me ocurren”
-                     Yo comprendo y usted no dudo que podrá haber entrevistado a cuanta gente se le antojara. Pero ahora yo le pregunto a usted ¿qué gano yo, qué beneficio obtengo en inventar una historia tan descabellada? Que me tomen por loca, como los policías o usted. No joven, yo vi lo que vi. Y no soy mujer de creer en cosas sobrenaturales. Ni en resucitados. Le hago otra pregunta ¿A Serra lo encontraron o no en la iglesia?- calló de pronto y me miró esperando mi respuesta. Su tono se había ido elevando hasta casi terminar gritando. Pareció la argumentación de un congresal. Yo involuntariamente había vuelto a dejarme ganar por la agresividad. Tengo un temperamento un poco inestable y cambiante.
-                     Si a Serra lo encontraron en la iglesia, mejor dicho al cadáver de Serra, bien muerto- contesté con cierto fastidio. Resaltando aquello “bien muerto” como una especie de escupitajo a la cara de mi reporteada.
-                     Tres horas antes yo lo ví entrar en la iglesia, ¡Bien vivo!-afirmó con una sonrisa socarrona. Como feliz de haber logrado mi descontrol.- Yo lo conocía, no tenía la menor idea de que lo habían matado unos días antes. Me enteré por el diario. Solo quise ayudar, por eso fui a declarar. Pero todo resultó inútil. Como me está pareciendo que esta charla también lo es.
-                     Volvamos nuevamente sobre el momento que usted lo vio ¿Alguna otra persona pudo haberlo visto? – contesté forzadamente condescendiente. Conciente de que la mujer de alguna forma jugaba con mi personalidad. Que de alguna manera sacaba ventaja de ella. En ese momento no me puse a pensar que no tenía motivos para hacerlo y que el entrevistador era yo.                                                                                                    
-                     Recuerdo que sentado en el atrio estaba el cieguito como siempre,-dicho esto me volvió a mirar con una sonrisita que adiviné burlona- creo que un par de mujeres se dirigían también a la iglesia.-agregó- Pero no sé si ingresaron porque yo me alejé del lugar caminando hacia la panadería. O si alcanzaron a verlo ingresar, tampoco sé si dentro de la iglesia había gente, yo no entré. Todo eso se lo dije a la policía lo debe tener usted anotado ahí-dijo señalando mi carpeta y mi libreta- Usted que ha entrevistado tanta gente, ¿no entrevistó a los feligreses habituales de ése lugar? Yo si fuera periodista lo hubiera hecho. Más aún ¿En el sitio donde lo encontraron nadie lo vio llegar o no notaron la presencia de un cadáver de cuatro días cuando ellos llegaron?- terminó ya sin la sonrisa.
-                     Lo encontró la mujer que limpia alrededor de las doce menos cuarto, al cadáver lo habían sentado en uno de los bancos. En eso usted tiene razón alguien debería haberlo visto.-contesté casi para mi. En un tono de voz casi susurrante.
-                     ¿Usted estaría sentado al lado de un muerto de cuatro días sin darse cuenta?-me interrumpió segura de que sus preguntas me habían creado dudas-¡Por favor! La gente no hacía ni diez minutos que se había ido de la iglesia cuando ésta mujer  encuentra el cadáver según leí en el diario. Muchos estarían aún conversando en la vereda. Y en ese momento un grupo de  ¿Cómo los denominó usted? Bromistas de mal gusto llevan un cadáver que además han traído desde Guernica.¡Por favor!-terminó con un resoplido y cierto gesto de cansancio.
-                     ¡Es raro todo esto! Pero cualquier explicación es más creíble que la que usted da. Un muerto insepulto caminando lo más campante por una de las avenidas mas transitadas de  Buenos Aires.-dije recordando el panteón y el cajón abierto de Serra, pero decidí guardar silencio. Pensé en aquello de trocar el tiempo sucesivo en tiempos paralelos, como vías de tren de juguete. Pero no dije nada. Acomodé mis papeles en la carpeta y me puse de pie para despedirme. La mujer me sonrió y se puso de pie a su vez, me acompañó hasta la puerta y permaneció en el umbral mientras yo esperaba el ascensor incómodo.  Deseoso de abordarlo solo sin ninguna compañía animal.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Gallito Ciego Tercera Entrada

Gallito Ciego Tercera Entrada



-                     Interesante-dije resignado, jugueteando con mi bolígrafo entre los dedos, sin mirarla. Pero ahora simulando un interés que no sentía.

-                     Si, los ritos tienen sus libretos y su coreografía. Como una obra de teatro. Es una puesta en escena de alguna manera. En la que se participa como actor principal o secundario según el rol que se desempeñe. Que debe tener un solo espectador, la deidad que se está invocando.  Hay quienes confunden sin embargo, el espíritu religioso con la ritualidad. – pareció terminar de forma abrupta. Al parecer aquello era una revelación que escapaba a mi pobre entendimiento.

-                     Interesante – volví a repetir, ésta vez esperanzado- me gustaría sin embargo realizarle algunas preguntas.  No obstante si usted quiere agregar alguna otra cosa. Es muy interesante lo que usted me estaba contando.

-                     Como usted quiera, no lo tome a mal es nada más que asociación de ideas. Una asociación libres de ideas. Por ahí me gusta jugar a eso. Lo escucho. – me contestó. Su gesto me hacía ver que no había creído ni una palabra de mis elogios hacia su discurso.

-                     ¿Usted presenció la llegada de Serra a la iglesia?- pregunté con  un estudiado aire de indiferencia. Algo emparentado a la simulación de normalidad que Donoso describe en el “Obsceno pájaro de la noche”.

-                     Sí-me contestó lacónica. Observándome. Evidentemente también estaba interesada en estudiar mis reacciones.

-                     ¿Cómo lo vio llegar entre tanta gente?- pregunté en el mismo tono. Llevando en lo posible el dialogo al nivel de una tertulia dominical sobre un tema intrascendente y fútil.

-                     A esa hora no había prácticamente nadie en la calle, además era domingo y los  domingos la actividad en la zona es mucho menor.-me dijo, observándome en una actitud en la que creí adivinar una especie de desilusión.  Seguramente, me imaginé, ella esperaba de mí un estudio previo de la situación. Un estudio de terreno. Un relevamiento como el que realizan las avanzadas de los ejércitos.

-                     ¿Usted está segura que la persona que usted vio entrar era Serra?-pregunté con  cierta incredulidad. En realidad lo hacía con total incredulidad, pero no podía demostrárselo abiertamente, si quería que aquella entrevista continuara.

-                     Totalmente- me contestó tajante. De una forma tan categórica como la que hubiera empleado para decirme que era de mañana. Una verdad que estaba fuera de toda discusión.

-                     ¿Cómo puede estar tan segura?- le pregunté sin ya poder ocultar mi descreimiento absoluto.

-                     Yo lo conocí, él les dio clases a mis hijos en Lomas de Zamora.- me contestó con una sencillez, que me desconcertó. Recorrí rápidamente aquel ambiente y no vi ningún retrato, ningún obsequio de ésos que los padres guardan como testimonio de la infancia de sus hijos. Pero claro cada persona es distinta. Expresa sus afectos de una forma diferente y personal.

-                     ¿Usted conoció a Serra?-dije sorprendido, todavía un poco desconcertado por su respuesta. Pues ella se refería a un conocimiento personal. A través de sus hijos. Lo que hacía más difícil una confusión.

-                     Eso es lo que le estoy diciendo- ésta vez su voz sonó un tanto molesta. Como si los evidentes signos de mi escepticismo hubieran empezado a hacer mella en su predisposición inicial.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Gallito Ciego Segunda Entrada

Gallito Ciego Segunda Entrada


Golpee la puerta blanca con la mano, casi inmediatamente me abrió ella en persona. Parecía más joven que lo que yo había imaginado. Con un gesto de su mano me indicó que tomara asiento  alrededor de la mesa. Esta estaba adornada por un caminito tejido de trama gruesa,  con motivos propios de las culturas andinas, parecidos a los que había visto en Tiahuanaco. Un cacharro de color arena se encontraba como único objeto ornamental en el medio del mismo.
Mi anfitriona tomo asiento en la cabecera más lejana a donde yo me había sentado como queriendo guardar distancia de mí. Le sonreí abrí mi carpeta con cuidado sobre la mesa, ante su atenta mirada y le pregunté si estaba dispuesta a comenzar. La mujer me miró seria por un  momento antes de hablar. Todavía no conocía su voz.
-                     ¿Hace mucho que es periodista?- me preguntó
-                     Quince años -contesté- he trabajado en varios medios. Desde hace cuatro trabajo en la revista.-Pensé que en realidad podría haberle contestado cualquier cosa. Le contesté la verdad. Pero la mujer, creía yo, no tenía forma de saberlo.
-                     Se debe a los prejuicios-dijo como para sí. Volvió a mirarme pero esta vez como divertida. Yo no comprendía la causa. Pero ésa es la impresión que me ocasionó
-                     ¿Qué cosa?-respondí, distraído en leer mis anotaciones. Pensando en como comenzar aquella entrevista tan particular.
-                     La imagen que yo me había formado de usted, no es acorde con la suya real. Y eso se debe a los prejuicios, a lo que uno imagina sin constatación. Lo que uno piensa de lo que desconoce y se convence de que se ajusta a la realidad.
-                     Bien -atiné a contestar un poco desconcertado. Mirándola con asombro. No me esperaba un giro tal en el dialogo. Que por cierto era casi un monólogo.
-                     Así son muchas cosas, más de las que usted piensa –agregó- muchas tan cotidianas que no nos ponemos a analizarlas. La religiosidad sin ir más lejos que es el convencimiento de la existencia de un ser trascendente, que crea en los creyentes la necesidad de tratar de comunicarse con él y hasta un deseo de sometimiento. De transformarse en alguien agradable a ése ser superior, de cumplir con una voluntad que desconocemos, que no solo nos es ajena a nosotros como individuos, sino que es una voluntad ajena al género humano.
-                     Seguramente – casi susurré volviendo a sentir la sensación de fastidio que me embargó más temprano. Comencé a ser presa de la desesperación.
-                     Sí, no lo dude.  Una voluntad ajena al género humano. ¿Y quienes nos comunican la voluntad de ése ser supremo?
-                     No sé –contesté mientras una oleada de calor me invadía el rostro.
-                     ¿No sabe? Usted que es un periodista de quince años de experiencia no sabe. ¿Qué podemos esperar entonces de la gente común? Usted que vive rodeado de la información, que de alguna manera es un privilegiado, no sabe.- me miró y esbozó una sonrisa sarcástica brevemente, para luego  retornar a su seriedad anterior.-Piense caramba-agregó divertida mirándome .
-                     Los sacerdotes, supongo –dije ya francamente fastidioso. Sin interés alguno en continuar con aquel intercambio de opiniones inútiles.
-                     Crear y creer, son dos palabras de fonética muy similar. Existen muchos creadores y muchos creyentes. Los creadores, a través de su imaginación exaltada. No solo los sacerdotes, o por lo menos no solo los sacerdotes o los pastores cristianos. Fíjese, la palabra pastores nos remite a un rebaño, a un conjunto de animales que deben ser cuidados, manejados, a los que no se les puede dejar librados a su propia voluntad. Pero además de éstos existen los predicadores de otros credos. Innumerables credos. No solo monoteístas, sino también panteístas, animistas etc. Todos crean una mitología. Alrededor de ésa mitología crean rituales, conductas repetitivas y ceremoniales, que deben servir de instrumentos convencionales para comunicarse con el ser trascendental y someterse a su voluntad. –se detuvo pensativa. Esta mujer parecía gozar  con su perorata y con mi incomodidad.  Decidí cambiar de estrategia. Además demostraba una capacidad aparentemente inagotable para continuar alargando aquello. Parecía imposible que la sola palabra “prejuicio” hubiera desatado esa catarata de palabras.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Primera Entrada de Gallito Ciego

 "Gallito Ciego" es el nombre que le puse a esta novela, una especie de policial negro, que integra junto con "Veinte Cuentos Prescindibles" el  libro "Búsqueda Insensata" por el que me otorgaron el premio Escenario 2009 otorgado por el Diario Uno.  Gallito Ciego es el nombre de un juego infantil y también es la denominación que en ciertos ambientes se le da al sujeto que es introducido en una problemática que ignora en su totalidad, desconociendo la naturaleza, muchas veces letal, del contexto en el que se desenvuelve  la actividad encomendada. Esa es la característica del protagonista. Es una novela cuyo tiempo es contemporáneo, pero está impregnada de la violencia que asoló la Argentina, durante la dictadura y cuyos cadáveres insepultos, por una justicia tardía, aún hoy emergen de sus tumbas abiertas.  Juego un poco con los mitos, como el de López Rega el lugarteniente de Perón y de Estela Martínez al que se le atribuían prácticas y poderes oscuros, líder de un grupo paramilitar de ultraderecha la Triple A, pionera de las desapariciones en  la Argentina. Esta práctica deleznable luego fue perfeccionada y aumentada a su enésima potencia por la dictadura y sus grupos de tareas,  pero es necesario repetir que comenzó antes del golpe. Esto último ocultado por muchos sectores del partido hegemónico de la Argentina.  Tampoco esta es una novela histórica, ni pretende serlo, es una ficción contextualizada  así. Espero que les guste y si no igual gracias por su atención.

                                                                                                   Gustavo Cresta





                                                   GALLITO CIEGO

  I Lázaro y los Hermanos.

Tomé el café parado frente a la mesada de la cocina. Di una última leída a mis apuntes de la noche anterior.  Me dirigí al baño me cepillé los dientes y observé mi aspecto, quería estar presentable. Constaté que mi I Pod estuviera en orden. Pocas veces lo usaba, pero era probable que en ésta ocasión lo hiciera. No quería perder palabra de lo que me dijera y quería tener la inflexión de su voz registrada, el énfasis o el desgano de sus respuestas. Muchas veces era importante para poder escuchar más allá de las palabras. Y tenía el pálpito de que en esta oportunidad tendría  que hacerlo. Había entrevistado a muchas personas en mi vida, pero ésta era una persona especial. Su experiencia había sido por lo menos muy singular.

Bajé por el ascensor repasando mentalmente las cosas que me interesaba indagar, en el subsuelo me dirigí hasta mi coche, el chillido agudo de la alarma de apertura inundo todo el ámbito cuando accioné el pulsador de mi llave. Me acomodé en el asiento dejé la libreta con los apuntes sobre  la butaca del acompañante y puse en marcha el motor. Retrocedí con cuidado, ya en una oportunidad había colisionado con uno de los vehículos de la fila opuesta, y en dos o tres maniobras suaves estuve  en posición para dirigirme a la rampa. Coloqué la llave en la pequeña columna y esperé que la estructura metálica descendiera lentamente con ése ruido agudo que me recordaba a los molinos de viento de la infancia con mi abuelo. Una vez  en la calle me integré al tráfico enloquecido de ésa hora. Las demoras en los semáforos me ocasionaban fastidio, me noté  presa de una ansiedad inusitada  e incomprensible. Lo que estaba por hacer, lo hacía casi todos los días , era mi trabajo.

Quizás no debería haber utilizado el auto, pensé, es una complicación.  Pero yo era una de esas personas que disfrutan con el suplicio de los bocinazos, los gestos soeces, la prepotencia de los colectiveros y los taxistas. En  fin disfrutaba con el movimiento de aquel sistema circulatorio de la ciudad, en el cual parece contradecirse el principio de que la materia es excluyente.  Un poco de adrenalina, un safari urbano. Riéndome por mis pensamientos tengo que haber parecido un demente, en más de una oportunidad noté las miradas de otros automovilistas, curiosos o quizás con alguna secreta envidia de mi  aparente felicidad.  Poco a poco y en forma imperceptible la ansiedad había desaparecido, cuando llegué a mi destino estacioné en un garaje de la calle Tucumán  y caminé hasta el edificio donde me esperaban.  Pulsé el portero eléctrico del 6º A y luego de un momento que me pareció interminable, en el que la inquietud volvió  a mí, una voz femenina, que se me antojó de una mujer joven , quizás una adolescente, me contestó. Expliqué quien era yo y el propósito de mi visita . Transcurrido un momento, lapso en el que seguramente realizó alguna consulta, me abrió la puerta. La recepción era un ambiente oscuro con sus paredes recubiertas de madera y bronces descuidados que le daban un aspecto de serena decadencia. Me  dirigí  hacia los ascensores, esperé su llegada y subí en compañía de una anciana teñida de un rubio casi blanco que sostenía un pequeño perro pequines en sus brazos, desee que el ascensor fuera más grande pues  los perros siempre me causaron  repulsión. Los pequineses en particular con esa cara achatada, que siempre se me ocurrió agresiva. Además he  leído que tienen un  temperamento por demás inestable. Temí que saltara de los brazos de la vieja y se me prendiera al cuello, como una especie de vampiro canino. Tuve el impulso de detener el ascensor y huir. A ese punto llega mi fobia. Mi acompañante y su mascota descendieron en el 4º piso, lo que me provocó una sensación de alivio.

sábado, 27 de agosto de 2011

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Próximamente comenzaré con la primer entrada de la Novela Gallito Ciego. Gracias a todos los lectores por su tiempo, agradezco los comentarios recibidos aunque como saben solo publico algunos y  no contesto prácticamente ninguno, pero los leo a los excesivamente generosos y a los críticos. Otra vez gracias.

viernes, 25 de marzo de 2011

Entrada Final de Las Brumas del Destino.

Gracias a todos los que me acompañaron hasta aquí. Este es el final de "Las Brumas del Destino" ¡ojalá les haya provocado algún placer leer la novela y alguna reflexión sobre el frágil mundo de los adolescentes! Está ambientada en mi pueblo, una pequeña ciudad de la Argentina interior, donde se mantienen mitos y creencias arraigadas en el imaginario de la gente. Seguramente no es fácil su lectura desde una visión más urbana. Pero en fin, cada uno escribe desde donde cree que debe escribir. Gracias de nuevo y un fuerte abrazo.


Epílogo

Todo lo que he narrado me lo han contado. Muchas personas.

Una historia que va de la sonrisa al llanto , de la inocencia a la desesperación.

Me lo han contado como se cuentan los misterios. Lo inexplicable. Con las medias palabras de la gente sencilla. Armando el rompecabezas he logrado éstas imágenes descriptas en palabras. Quizás alguna imprecisión se debe a las fallas de mi memoria.

El tiempo es como la arena que va borrando las huellas en el desierto. Y los recuerdos no siempre son la exacta representación de la experiencia que los originó.

Lo del loco Santella, muchos que lo conocieron, lo dan como un hecho cierto. Probablemente un trastorno mental. El delirio de un solitario, apesadumbrado por alguna culpa oculta, por algún temor.

A la vieja de Montoya la localicé , pero nunca me atendió, las cuatro veces que fui no respondió al llamado del cencerro ni al batir de palmas. Se por sus vecinos que está viva y que de vez en cuando se la ve, alrededor de su casa o es visitada por un sobrino suyo que llega en una Estanciera destartalada. Ya casi nadie va a verla según dicen.

Y en su entorno nadie la quiere, nadie la visita.

Fran se sabe murió en un accidente de tránsito. Encabecé cada parte principal del relato con uno de los versos que él fue escribiendo en aquél papel que guardaba en su escritorio y que me dio su madre. Creo que sintetizan cada una de ésas etapas de su vida incluso su percepción del después. He hablado con la gente que investigó el hecho y nadie duda de que fue un accidente. Solo Mili sigue sosteniendo que lo mataron. Pero nada sustenta ésta teoría. Ella ahora pasa mucho tiempo con el negro Seba, algunos dicen que son pareja. Pero como siempre se los ha visto juntos, nadie puede afirmarlo. Facu continúa con sus estudios y al parecer le va muy bien. Todos los meses vuelve por Nogoyá y se lo ve con sus amigos. Al ciego de su cuaderno lo conocí, en una sola oportunidad pude hablar con él, un hombre muy extraño, pero me contó algo muy parecido a lo que escribió Facu a la madre de Fran. Lamentablemente murió en un accidente de tránsito, que sufrió junto a su sobrino que resultó mal herido. Parece que calcularon mal la velocidad de un camión al cruzar la ruta 12.

Ami murió por la ruptura de un aneurisma congénito según el certificado de defunción, es algo así como una bolsita que se forma en una arteria del cerebro y al romperse produce una hemorragia mortal. Dicen que es muy frecuente en los jóvenes.

Pero algunas voces en la intimidad, en el silencio de un bar vacío, o en la protección de una sala familiar, cuando ya los niños duermen, afirman que algunos han visto por los campos, por los montes, por las cañadas y zanjones dos jóvenes asidos de la mano, correr y saltar. Besarse apasionadamente, para luego desaparecer como aparecieron de la nada. Otros me han contado que en las frías noches de invierno por una bocacalle han visto cruzar una moto silenciosa donde una pareja envuelta en un brillo de luna pasea por las calles, sonrientes. Otros los han visto detenerse en el Paseo de los Puentes apearse y sentarse en un banco abrazados, y en un momento disolverse como la neblina bajo la luz del sol.

Todas ésas cosas me han contado. Y yo a pesar de la razón que me indica lo contrario, a pesar de estar advertido del pensamiento mágico de nuestra gente. Por momentos lo creo. Creo que tras la muerte se habrán unido , los dos desesperados.

Es por eso que aquella tarde que hablé con Elena, y ella me gritó :

-¡Que clase de amigas son ésas que llevaron a mi hija a la muerte!

Le contesté

- No es fácil definir la palabra amistad.


Índice

PRIMERA

-Reflexiones iniciales

-Ami

-Fran

-La madre

-El negro Seba y el gordo Jorge

-Ami, Vale y Flor.

-Elena

-Los amigos

-El capricho

-La ilusión.

- Los de la vereda y las Ardiles.

-El beso.

-Facu

-El hormigueo

-Aquella noche.

-La mañana siguiente

-Las Brumas

-La colilla

-La moto

-El amor.

-Tarde y lluvia

-La conspiración.

-La aguja de hielo

-El asado y el loco Santella

-El aquelarre y la ruptura.

SEGUNDA

-El alcohol y el laberinto

-La pena

-La caída.

-La vieja

-El sueño

-El presentimiento

-La madre y la hermana

-Los puentes

-Milagros

-Soledad, marca el camino

-El médico

-Recuerdos de la pasión y la desesperación.

-El predador.

-Continúa la declaración de Milagros.

-De fierro con los amigos.

-Sin ninguna flor.

-El oficial apurado.

-Volver a ser feliz

-Aquellos papeles y el páramo.

-Los porrones se calientan.

-Lágrimas en el hombro.

-La pitonisa

- El viaje y la ciénaga.

TERCERA O FINAL.

- El cuaderno de Facu.

- La búsqueda.

- La posdata.

- Recuerdos de una charla.

- Otra vez las notas.

- Dos más.

- La última consulta.

- El presagio del negro Seba.

- La luna nueva de Julio.

- Aquellos dos

- Epílogo

viernes, 18 de marzo de 2011

Tercera Parte de Brumas Décimoprimera Entrada

Aquellos dos

Las noticias en los pequeños pueblos corren como reguero de pólvora. No tardó el gordo Jorge en enterarse de la muerte de aquella pendeja que había conocido hace varios años, a la que le había prestado atención solo por el interés que tenía Matías en ella. Matías , ya lo veía poco, solo de vez en cuando , en las ocasiones en que él venía a Nogoyá cada vez más distanciadas. Algunas veces se hablaban por teléfono, no mucho.

El gordo Jorge no era un tipo de cultivar afectos, más podría decirse que cultivaba relaciones , por el beneficio que éstas le podrían deparar en el futuro. “Siempre hay que tener palenque donde rascarse “ era una de sus frases preferidas. Por eso en realidad había ayudado a Matías en aquella oportunidad, no digamos por una verdadera amistad, sino para tener un crédito de favores en su haber, con la intención de cobrarlo el día que necesitara una contraprestación. Desde que éste pendejo estudiaba derecho, y al parecer andaba muy bien, el gordo Jorge tuvo la certeza de que algún día le podría ser útil. Ya se sabe el mundo de la noche, tiene muchos dimes y diretes y quilombillos varios.

Por eso mantenía una relación distante, pero la mantenía, en “Stand by” como decía, dándole el significado de “lista de espera” esperando el momento en que le fuera útil.

Pero ésa mañana cuando escuchó la noticia, al principio la tomó con indiferencia como acostumbraba a hacer con noticias de ésa índole. Al final uno no puede estar llorando en los rincones por cada boludo que se rompe la cabeza en un accidente o se vuela la tapa de los sesos, el negocio de él ,pensaba, sobre todo desde que estaba como accionista en la sociedad, como un gerente de relaciones públicas, un “RR.PP” como le gustaba llamarse, le requería un permanente buen humor, chispa , dinamismo.

Él encarnaba la alegría , el buen rato, la joda plena en definitiva. Como siempre decía

“la sonrisa dibujada en el rostro, nada de bajones”. Siempre ponía como ejemplo , lo que pasó aquella noche de la tragedia de Cromañón, sus socios no querían abrir, que debían respetar el duelo, que las víctimas y no se cuantas otras boludeces por el estilo,

“¡No señores!” Contaba siempre el gordo que les dijo y se plantó. “¡Nosotros tenemos que abrir, el show debe continuar!” les había gritado, “caliente , pero recaliente y tuve razón nomás” decía, esa noche habían tenido lleno total y habían levantado guita a pala.

Las cosas son así, se decía a sí mismo.

Pero si bien la indiferencia había sido su primer reacción, mientras tomaba un exprimido de frutas en la cocina, algo así como un remordimiento, o lo más parecido a esto que un tipo como él podía sentir, comenzó a rondarlo. Comenzó a recordar las historias que habían armado con Matías, para que la pendeja ésta, la muerta, se peleara con el boludito de su novio, las imágenes comenzaron a agolparse en su conciencia con una nitidez tal como si las volviera a vivir. Se había mandado un cagada grande, una macana , se le había ido la mano de eso estaba seguro de pronto, como si algo se le hubiera revelado de improviso. El remordimiento comenzó a ser mayor. Una inquietud desconocida, para un hombre de sus escasos escrúpulos, comenzó a invadirlo, progresivamente hasta colocarlo en una situación en la que sentía un terrible desasosiego. Poco a poco la charla, que la mujer que le limpiaba la casa, el día anterior había mantenido con él, se volvió a representar en su mente. Pero con otra significación. “La charla” es una forma de denominar aquello que en realidad había sido un monólogo de la mujer, ante la sonrisa socarrona del gordo Jorge que la escuchaba divertido, mientras ella le contaba de la muchacha que se había muerto en el cementerio, que estaba realizando “un rito satánico” para llamar a los muertos con otras amigas y se había atacado de repente como “poseída por un diablo”. Claro, la mujer no sabía de quien se trataba, “era una chica del centro” le había dicho, pero no la conocía, no sabía como se llamaba. Y ahora luego de escuchar la noticia por la radio aquella conversación adquirió en su inconsciente otra dimensión, los cabos sueltos comenzaron a atarse en su mente, revelada la identidad de la muchacha fallecida. Y ahora mientras bebía como de costumbre su exprimido sentado en el desayunador de su cocina comedor, las ideas habían comenzado a moverse en forma autónoma en su mente, recordó el accidente de Fran, al que nunca tuvo mucha simpatía, pero que tampoco nunca le había causado ningún daño a él, recordó la gratuita maldad con la que había contribuido a separarlos. Y ahora la muerte de ésta pendeja en circunstancias tan especiales. Y sintió un nudo en la garganta, como si hubieran inflado un globo en su esófago. El remordimiento transformado en desasosiego, lo fue llevando a un estado para él desconocido. Y tuvo miedo. Por primera vez en su vida tuvo miedo a algo distinto que perder algún buen negocio. ¿Cómo sería eso del rito satánico? Pensó. Y desde ésa noche evitaba irse a dormir solo, volvía de ratos a casa de su madre a la que frecuentaba poco y nada, o traía alguna de sus muchas amigas, no por ser un obseso sexual sino porque comenzó a sentir miedo a la soledad. Temía que aquella muchacha poseída por el diablo quisiera vengarse de él. Y un día llamó a su cómplice de antaño y le contó lo que había ocurrido y lo que le pasaba. De repente habló con Matías como con un amigo , de ésos que él no tenía , que nunca había valorado. Pero nada le ha vuelto a dar la paz.

Matías cuando escuchó esa noticia le dijo”no jodas ,¿en serio?” . Pero también para Matías la vida cambió. Había tenido sexo con una mujer, que ahora estaba muerta.

Poseída o no por el diablo. Estaba muerta. Y de pronto mirándose al espejo tuvo conciencia de su propia finitud, de su propia mortalidad.