Epílogo
Marisa, me contó una tarde, bajo el roble de su jardín, sobre una charla que hace muchos años había tenido con Carolina. Alrededor del tiempo de la muerte de NOAR.
“Carolina venía casi todas las tardes a visitarme, sentía como una obligación de acompañarme luego de la muerte de papá. Yo estaba sola, y su compañía me resultaba reconfortante. Me aliviaba el dolor. Me distraía de los pensamientos penosos y me alejaba de los fantasmas que por ésa época habitaban en cada resquicio de la casa. Siempre le voy a estar agradecida, por ésos momentos que le robaba a su hermana enferma para dedicarlos a mí. Aún hoy luego de tantos años de su trágica muerte, recuerdo con cariño ésos momentos. Siempre tenía algún tema de conversación , alguna ocurrencia alegre, que en ésa etapa de mi vida valían más que el oro. Es el oro de la solidaridad, el que ella me brindó. Pero una tarde llegó con una evidente preocupación, con una turbación profunda. Sentadas aquí en este mismo banco charlábamos, poco animadas, guardando largos silencios. Hasta que en un momento me contó la razón de su estado de ánimo. Esa mañana había dejado a su hermana sentada, en el fondo de su casa, bajo los limoneros, Julia apenas caminaba, lo hacía con un andador, y Carolina la sacaba en los días soleados para que mirara las plantas, sintiera el perfume del jardín y viera el cielo abierto. Ella la vigilaba desde la cocina a través del ventanal, esa mañana estaba realizando sus tareas cotidianas como todos los días , particularmente alegre porque todo marchaba bien en su vida, no tenía de que quejarse según me manifestó , cuando vio una sombra moverse entre los macizos de flores , arrastrase hasta las azucenas y envolver los troncos alrededor de su hermana. Creyó que sería algún animal, sus ojos no eran los de su juventud y desde el ventanal veía solo una porción del patio.
Continuó con sus tareas, un poco inquieta, miró reiteradas veces hacia su hermana sin ver nada raro, Julia dedicada a sus tareas de crochet y todo el patio en calma. Luego de colocar la carne que estaba preparando en el horno, cuando se secaba las manos en su delantal, giró para mirar hacia el patio y vio la sombra erguirse detrás de su hermana bajo el follaje de los árboles. Advirtió que se trataba de una forma antropoide, no humana, en cuyo rostro horrible brillaban ojos como de brasa. Paralizada, vio como de su nariz surgían culebras multicolores y de su boca abierta surgían sapos incandescentes que al saltar sobre el terreno encendían todo a su paso, su hermana rodeada indiferente ante un cerco de fuego. Pudo vencer su temor y con toda la agilidad que su viejo cuerpo le permitía salió hacia afuera, corrió enceguecida y mareada, hacia las llamas. Para encontrarse con su hermana tejiendo tranquilamente y mirándola con ojos de asombro. Todo el lugar estaba en calma, una tacuarita cantaba entre las ramas, las azucenas elevaban sus cañas junto al muro, las flores se mecían por una suave brisa. Se agachó hacia su hermana, sensiblemente agitada y la besó. La otra sonrió sorprendida, Carolina, volvió a la cocina pensando en su visión, preocupada por su salud mental. Al mirar nuevamente vio detrás de su hermana un chispazo entre los troncos y notó que Julia giró su cabeza como si hubiera escuchado algo. Luego todo prosiguió en calma, o en aparente calma. No mencionó nada a su hermana, pero estaba muy preocupada, Carolina creía en las señales. Creía en la presencia del demonio, como materialización del mal. Esa tarde mientras me lo contaba estaba muy angustiada, como si su experiencia fuera una premonición. Un anticipo del futuro de su hermana, temía por Julia no por ella misma, creo que era incapaz de temer por ella misma, quizás por un sentimiento erróneo de inmortalidad o de omnipotencia. Quizás por su profunda fe. Nunca se sabe cuál es el límite entre la valentía y la locura. Ella era una personalidad protectora que siempre estaba al servicio de los demás. Creía que el diablo rondaba a su hermana. El día de su accidente pensé mucho en esto, que me vino inmediatamente a la memoria, cuando me contaron de su muerte. Muchas veces cuando me siento aquí a descansar, la recuerdo y siento que fue muy injusta su forma de morir”
Uno a uno, los viejos nos han ido abandonando, varios de manera muy trágica, otros de forma natural, todos los protagonistas de ésta historia emprenderán el camino final, tarde o temprano. Como todos los mortales, es nuestra única certeza.
Cuando todos se hayan ido, quedarán sus recuerdos vagando por las calles desiertas de la madrugada, por las sendas polvorientas o humedecidas de rocío de los campos,
por las pedregosas bocacalles de los barrios ,en la semipenumbra dormida de los suburbios. Quebrarán el silencio de la noche los ecos de antiguas charlas. Rostros olvidados se materializarán en los sueños, como negándose a abandonar el mundo sensible. Los muertos se pasearan por la Plaza Libertad, por la calle San Martín, por el Boulevard España invisibles y silenciosos. Los sordos ruidos de las huestes del Apocalipsis se confundirán con truenos desde las profundidades abismales de la tierra o desde las alturas insondables del cielo, no se donde están las puertas, si están arriba o abajo, pero están aquí. Solo nos queda esperar, sin esperanzas.
Mientras tanto en el silencio de la noche un grupo de personas en un claustro dice
“Creo en Dios Padre creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo su único hijo nuestro señor…”. El fiel de una balanza cósmica oscila amenazante, en algunas noches me ha parecido sentir calientes las baldosas de la vereda y he creído ver que se bambolea el mástil de la plaza. Entonces prendo otro cigarrillo nervioso y pienso que debo identificar al emisario, debe haberlo, seguramente. Tengo que encontrarlo, tengo que estar alerta. Las luces de los autos que se alejan me parecen brasas que súbitamente
se avivan en las esquinas. De tanto en tanto en alguna ochava me parece ver una sombra delgada que fuma apoyada contra la pared, como vigilante, al instante ya no está.
Por el rabillo del ojo veo cosas que se mueven sigilosas, siempre en la periferia de mi campo visual, como sitiadores ocultos en la maleza. Presiento su presencia maligna. Espero el regreso de los que buscan al anoftalmo, no tengo noticias de ellos. De alguna u otra manera un día de éstos todo terminará.
Apéndice
Creo conveniente agregar esto al relato que antecede. Lo acabo de recibir.
Manos anónimas lo arrojaron bajo mi puerta. Iriarte niega tener ningún conocimiento sobre ello. Incluso afirma no saber nada de los planes de Cudini. Muchas veces me preguntó si Iriarte tiene algún conocimiento de algo, realmente. O si como su apariencia, tiene también la mente adiposa y perezosa, el exceso de desayunos y meriendas puede haber dañado sus arterias y la falta de oxígeno haber terminado con su cerebro. En el fondo creo, que es un personaje realmente enigmático y es una tarea imposible tratar de sonsacarle una verdad que no desea revelar. Cudini ya me advirtió que no sentía ninguna simpatía por mí y menos confianza. Garófalo no se encuentra disponible para nadie y por toda contestación me dicen que viajó a Roma.
Espero que no sea un segundo ascendido de Villa La Ola, ése lugar parece tragarse a los hombres. Desaparecen así como así. No tengo con quien corroborar éstos hechos, quizás sea como uno de ésos soldados japoneses que aún hoy se encuentran en las selvas tropicales, sin saber que la segunda guerra mundial terminó hace décadas. Todo es posible. Cudini se retiró de la policía según me informaron y nadie sabe nada de su paradero. No sé quienes eran los “amigos” que lo acompañaron en su misión a
Los Caranchos por lo que me es imposible por el momento sospechar quien es el autor de lo que transcribo. Yo espero que sea real, todo lo que allí se dice. Deseo que sea real lo que allí se dice. Por más terribles que sean las cosas que describe. La nota escrita en un ordenador, no tiene pistas sobre su origen. Ya no podemos buscar la máquina de escribir que la tipeó y sus características especiales, de alguna forma la tecnología hace en éste aspecto las cosas más difíciles. Por lo menos para mí, que soy un ignorante en la materia.
Amigo:
El lugar y la fecha no importan, para vos será Nogoyá y el día en que lo leas.
Por el momento hemos triunfado. El Bien ha triunfado. Lo encontramos. Fue difícil acceder a él, y muy cruento también. Su cuerpo había crecido en exceso para sus tres años de edad. Su forma era monstruosa. Es difícil saber cuando un ser sin ojos duerme, si es que en algún momento lo hace. Neutralizar a los vigías fue nuestro primer paso, murieron en silencio. Alguno de los nuestros murió, pero era un riesgo que todos teníamos asumido. Su recámara era amplia y casi despoblada de muebles. Sin ventanas.
La luz de las velas solo servía evidentemente a los sirvientes. Los estertores de su respiración aceleraban el pulso y erizaban la piel. Cuando Garófalo lo bautizó se incorporó bruscamente emitiendo gruñidos y alaridos de horror. Sus zarpas lo alcanzaron en el cuello y por poco no se desangra allí mismo. Luego, su gran cuerpo se acurrucó en posición fetal. Haciendo crujir el lecho. Cudini lo degolló con su cuchillo de monte, su sangre le bañó el rostro y los antebrazos empapando su camisa blanca. Todos rezamos por su alma, mientras agonizaba y Garófalo le administró los Santos Oleos. Cuando nos fuimos, aún a varios kilómetros de distancia, se veían las llamas, de la casa que incendiamos. Al amanecer ya muy lejos de allí, Garófalo nos confesó uno por uno antes de despedirse. Todo terminó amigo. Ya puedes descansar, y saber que la lucha de los Custodios no fue en vano. Por ahora, el mundo está a salvo.
He releído infinidad de veces ésta nota sin firma. No sé que hacer.
La viudita hace varias semanas que no aparece. Dicen que nadie la ha visto ni en el campo, ni en la ciudad. Yo, realmente no la extraño. Quizás es un buen augurio.
Puede existir una relación con la muerte del anoftalmo, de ser cierto lo que expresa la misiva. Yo en realidad no lo sé. Deseo que sea verdad.
Creo que ésta noche dormiré tranquilo, las estrellas se ven tan hermosas y la luna en cuarto creciente baña todo de plata. El aroma del campo invade la atmósfera
Índice
1) Introducción 48)Sueños
2) Introducción alternativa 49)Notas
3) Notas 50)Última Charla con el viejo Bautista
4) Primer conocimiento 51) Notas
5) Las Señales 52) El Plan
6) Vísperas de San Miguel 53) Epílogo
7) Fiesta Patronal 54) Apéndice
8) La Tentación
9) Charla con L
10) Recordando a Fioramonti
11) La Conspiración imaginada
12) Notas
13) La Serpiente
14) La Cena
15) Las Inconsistencias de NOAR
16) El entierro
17) Notas
18) El Pez Fosforescente
19) El Pozo
20) León Morientes
21) Monte Santiagueño
22) Monte Entrerriano
23) Notas
24) Las personas importantes
25) Arroyo de los Huesos
26) La Carta de L
27) Los Custodios y Las Dudas
28) Sueños
29) El Cadáver
30) Morientes pasa a al eternidad
31) El Éxodo de los Oludos
32) Comentarios
33) La Revelación
34) Casto Morales y el busto de Morientes
35) Notas
36) Sobre el puente Rosario-Victoria
37) Iriarte
38) Barrio La Estación
39) El Encuentro
40) Trascripción
41) Carolina y el Súcubo
42) El Mapa
43) El Sobre
44) Neuropsiquiatrico
45) Litoral Marítimo
46) Barrio San Blas
47) Notas
domingo, 14 de marzo de 2010
domingo, 7 de marzo de 2010
Vigésimo Sèptima Entrada
Nogoyá , en éste tiempo. El Plan.
Por las mañanas acostumbro a salir a caminar temprano, invierno y verano poco antes de la salida del sol. Trato de no ir siempre al Paseo de los Puentes porque se encuentra atestado de enfermos que salen a caminar por recomendación de sus médicos, lo que resulta muchas veces una visión poco edificante. Yo en cambio salgo a caminar por placer. Me gusta hacerlo y ésa actividad matutina me predispone positivamente para el resto del día. Quizás no corra como Garófalo, ni pretenda convertirme en un atleta, pero el caminar evidentemente estimula la secreción de las endorfinas del bienestar en mi cerebro y contrapesa la vigilia y el stress. El tráfico de enfermos, no obstante, es menos intenso en invierno, pues el intenso frío los mantiene en sus hogares, hasta que el sol de la tarde, calienta el ambiente lo suficiente como para animarlos a practicar su derrotero por el Paseo. A mí en cambio el frío no me afecta mayormente, no digo que me guste caminar en las heladas, pero bien abrigado muchas veces los prefiero al calor. Otra faceta negativa de pasear por Los Puentes en Verano es que sumado a los enfermos, están los mosquitos que por millones asolan ésa zona como pequeños vampiros, martirizando a cuanto transeúnte encuentren. Y por último el olor, nuestro olor, el que estimula nuestra memoria perceptiva el de las Lagunas de Estabilización de las cloacas que inunda con su perfume embriagador a detritos humanos nuestra ciudad pero especialmente la zona Este donde se encuentra el Paseo. Ojo! Con esto no quiero decir que no me guste el Paseo de Los Puentes, al contrario me gusta mucho, pero claro frecuentemente enfermos, mosquitos y aromas me convencen de tomar otros rumbos para mis caminatas. Suelo tomar por la ruta 12 hasta la entrada de El Pueblito o me desvío por el camino de tierra, antiguo ingreso a Nogoyá, cruzando el pequeño puente viejo sobre El Chañar y entrando por la Escuela Pestalozi y el club Ferro. Otras camino por la ruta 26 hasta el Polideportivo o me desvío hasta la Rural para regresar por detrás del hospital hasta el triángulo y luego continuando por San Lorenzo hasta el Soldado. Depende además de la estación del año, del clima, ya que por ejemplo en días ventosos es mejor caminar por los circuitos que ofrecen más reparos, para protegerse del viento, que puede convertir una caminata en una experiencia desagradable. El Paseo de los Puentes tiene la ventaja de ser como un espigón que se interna en el campo, que cruza sobre los cursos de agua y presenta comodidades como bancos, canillas y sobre todo iluminación que a veces temprano en la mañana, en ocasiones es de gran utilidad, si bien el alba en general proporciona luz suficiente, no es así en días con cielo cubierto de nubes. Me gusta ver Nogoyá desde El Paseo a primeras horas de la mañana, con sus torres y sus techos iluminados por el sol horizontal del amanecer. Hacia el Norte se puede observar, más allá de la ruta las vías del Ferrocarril y lo que queda de La Alameda y del bosque de Eucaliptos de Ormaechea cada vez más pequeño a fuerza de tala sin reposición. Hacia el sur las arboledas y de tanto en tanto las columnas de humo que surgen del basural. Algunos animales pastando. El paseo es como una pasarela hacia la naturaleza. Caminaba con paso firme ésa mañana, acompañado de Cudini a quien había encontrado casualmente en la cruz del Milenio.
Charlábamos de cosas intrascendentes cuando de pronto me dijo. “La viudita, hace como tres años compró una estancia en la Provincia de La Pampa, en un pueblo llamado Los Caranchos al este de Gral. Acha una zona muy poco poblada, aparentemente para otra reserva natural.” Comentó. “Se expande el negocio” Contesté casi con indiferencia, ya nada me sorprendía del florecimiento económico de ésa gente, aquí en Nogoyá sus negocios eran cada vez más prósperos y se estaban extendiendo por toda la provincia, era lógico que tarde o temprano buscaran otros horizontes. La Señora es muy respetada en todos lados, sobre todo en todos los ámbitos económicos y políticos. “Mandé algún amigo a husmear por aquellos lados” Agregó, lo miré sin contestarle mientras seguía caminando a su lado “No fue fácil, como te dije es una zona muy poco poblada y cualquier movimiento llama enseguida la atención, a pesar de que mis amigos son muy cuidadosos y muy profesionales, no se les hizo fácil.” continuó enigmático “¿Y que esperás encontrar? Ellos hacen cualquier cosa, muchas horribles, pero si algo saben es guardar las apariencias” Contesté con cierto fastidio.
“Hace mucho quiero encontrar al matrimonio que adoptó ese nenito discapacitado, para charlar con ellos nada más, pensé que quizás podían andar por ésa zona, se me ocurrió cuando me enteré de la inversión inmobiliaria de la viudita” Dijo “¿Por qué relacionas a ésa pobre gente con nuestra Señora? Según pude averiguar era un matrimonio, de casi cincuenta años sin hijos, que desde hace mucho estaban en lista de espera”
Dije, haciéndome el tonto, al mejor estilo de L “Si, sí ,eso consta en los papeleríos oficiales” habló mirándome con un atisbo de ira, Cudini , bajo su apariencia de hombre contenido, moderado, ocultaba una personalidad sanguínea , propensa a bruscos accesos de enojo, a veces incontenibles. Era famoso por ello. Traté de ser contemporizador, no deseaba interrumpir ésta conversación y tuve la sensación de que si no me mostraba realmente interesado, el hombre se callaría y quizás para siempre.
“Bueno, disculpa, yo solo te hacía el comentario en base a lo que pude averiguar en el Hospital San Roque, charlando con unos, charlando con otros. Nunca pude tampoco saber de quienes se trataba pues esa información requería intervención de la justicia, y desde ya mis motivaciones no convencerían a ningún juez a no ser de mandarme de nuevo al loquero” dije condescendiente. “No creas que te las sabes todas, algunos ya sabes que te aceptan a regañadientes, otros en cambio te apreciamos y vos no haces otra cosa que tomarme el pelo.” Casi gritó en el Paseo desierto “Iriarte muchas veces me dijo, que eras un loquito, que no se explicaba, como los de allá te aceptaron, en su opinión vos no sos muy confiable, y sos muy amigo de cortarte sólo.” Agregó más calmo. “Y bueno, no es posible que todas las personas sientan simpatía por mí” contesté con ironía a la vez que le daba una palmada amistosa en su hombro izquierdo, Cudini movió la cabeza de un lado a otro, como en un gesto de no comprender, o de resignación. “Yo sí pude acceder al nombre de los adoptantes, son las ventajas de la profesión, pero ahí comenzaron mis sospechas” carraspeó cerrándose el cuello de su campera polar. “Te escucho” le dije para estimularlo “En realidad creo que vos nunca deberías haber ido a meter tus narices en el San Roque, de eso estoy convencido, creo que revolviste el avispero” Añadió, más cómo un comentario, que en tono de reproche.
“Hace casi 18 meses viajé a Trenque Lauquen, de donde era ésta gente, y ahí me llevé la gran sorpresa.” Calló por un momento como repasando mentalmente aquellos momentos, lo miré interrogativo “Todo el asunto era una patraña, nosotros marchamos a la saga de todo éste merengue, creo que probablemente, por no haber prestado atención a los indicios, a los relatos de tipos como Fioramonti que revolvieron cielo y tierra para tratar de esclarecer algo, para dejarnos algo. O el mismo Bautista con sus visiones místicas y su mensaje. Martiarena, muchas veces advirtió a la Congregación, de las visiones del viejo, pero nadie le dio importancia, todos se centraban sobre el Sello. Tu amigo NOAR creo que lo vislumbró, el convenció a Del Monte para que se acercara a la congregación pero no tuvo mejor idea que ir a comentar el asunto con González Millán, dicen quienes escucharon los gritos que fue una discusión fenomenal, lo echó de la curia rociándolo con agua bendita llamándolo hereje, pagano y no sé que otras cosas más.” Rió con ganas “Pobre NOAR, erró de cura, González Millán está solo interesado en su carrera, y es obispo auxiliar, tan mal no le va” dije riéndome también al imaginarme la escena, que por cierto explicaba la negativa cerrada del cura de pasarlo por la iglesia al pobre Nicolás el día de su entierro. Me llamó la atención que Marisa nunca me lo hubiera contado, quizás no lo sabía. De pronto Cudini volvió a hablar “Si hubiéramos prestado atención a éstas cosas, a éstos indicios, podríamos haber esperado al anoftalmo, no solo proteger el Sello, podríamos habernos anticipado, podríamos haber puesto al niño al cuidado de la Congregación, pero perdimos la bocha, y la tienen ellos, la próxima jugada es de ellos a no ser que podamos dar un golpe de Knock Out” dijo con amargura “Garófalo me dijo que el Sello está aquí y protegido, ¿de que tenemos que preocuparnos?” Dije asombrado, pero con la precaución de no decir nada sobre mi conocimiento del sitio, ya muchas veces me habían tirado la lengua, pensé recordando mis charlas con mi primo. “Si es cierto, pero cuanto tiempo podremos protegerlo, los custodios envejecieron en ésa tarea , se murieron y la lucha continúa, no te engañes, siempre estamos en desventaja, ellos saben cosas que nosotros no sabemos o que no hemos sabido ver” Se detuvo momentáneamente cuando llegamos al extremo de Paseo saludó con la mano alzada a los agentes que controlaban el tránsito sobre la ruta 39 y continuó “pobres pendejos con éste frío parados en medio de la ruta, te contaba cuando llegué a Trenque Lauquen busqué la dirección de éste matrimonio, quería hablar con ellos, quería convencerlos de alguna manera, nunca supe realmente cuál , pero convencerlos de alguna manera que dejaran al niño al cuidado de la Congregación, Iriarte estaba de acuerdo en éste punto , y seguramente antes de darme el visto bueno tiene que haber consultado con los otros, sabés que andar solo en éstos menesteres muchas veces es peligroso, sino con lo de Lorena tenés sobrado ejemplo.” Volvió a carraspear, evidentemente tenía algún problema en la garganta, una virosis o algún tipo de irritación faríngea. “Te éstas engripando.” Le dije “Si hace dos o tres días que estoy resfriado, pero quería hablar con vos y supuse que hoy vendrías por aquí, los muchachos me dijeron que acostumbras a caminar todas las mañanas, los muchachos miran todo, a veces no lo que tienen que mirar, pero te pueden dar un reporte completo de la actividad de casi todos” dijo sonriendo con picardía. “Como yo también camino con regularidad, éste encuentro casual, no le llama la atención a nadie.” Me golpeó la espalda con su manota al punto de hacerme doler, pero con un gesto amistoso.
“ Busqué, como te decía la dirección del matrimonio, y me encontré con la sorpresa de que ésa gente había muerto en un accidente automovilístico en 2000 volvían de Salliqueló de visitar unos amigos y parece que un camión los encerró cerca de un paraje que se llama La Porteña, el hombre murió en el acto, la mujer duró unas semanas más pero nunca se recuperó de sus heridas y falleció semanas después.” Calló como sopesando el peso de sus palabras, el peso de la revelación que me había hecho y seguramente pensando si habérmelo contado había sido correcto, me apuré a contestar pues seguramente eso no era todo lo que tenía para decirme y no deseaba dejarlo pensar demasiado “¿Y O Rourke?, quizás siguiendo su pista podríamos avanzar algo” dije pensando en mi charla y en las afirmaciones del viejo Benítez, que en realidad no podía dar por ciertas pero que sospecho que lo eran. “Iriarte, nunca se perdona, lo de O Rourke, él lo trajo para aquí, él lo recomendó para colaborar con Lorena, se le había metido bajo el ala y resultó lo que resultó” contestó con tristeza. “Iriarte, se castiga permanentemente de haber sido un instrumento involuntario del mal, de haber facilitado el accionar de O Rourke, pero fue burlado en su buena fe. No todos podemos saber que el que moja el pan en nuestro vino, nos va a traicionar. Solo somos hombres” agregó. Yo pensé en cuanta sabiduría tenían ésas palabras, la imagen del Audi negro se me representó en la mente, la imagen de aquel amigo dándome el viejo mapa, ya inútil, pero testimonio indubitable de las verdades por él negadas, escuche las palabras de Cudini que penetraban en mi ensimismamiento. “Después que Iriarte pidió que lo trasladaran, sobre todo luego de su defensa pública de Casto Morales, al parecer dejó los hábitos y se lo tragó la tierra, desapareció. Poco podemos hacer siguiendo su pista pues ésta no existe. Y no hay ningún Fioramonti, por lo menos mortal, capaz de encontrarlo. Ese maldito o era un poseído o era el mismo Mefistófeles” recordé las palabras de Bautista sobre el semen maldito en el vientre virgen de una joven, las palabras de Benítez y de repente un temblor interior me invadió, tuve que hacer un gran esfuerzo para que no se me transmitiera a las piernas a los brazos al cuello, me detuve un instante jadeante “¿que te pasa?” Me preguntó Cudini con rostro de preocupación
“Nada, nada, esto me pasa a veces” Le contesté deseando que siguiera con su conversación y al mismo tiempo deseando que se callara, que me dejara sólo para poder sentarme en uno de los bancos del segundo puente y poder respirar la brisa que subía desde el arroyo, mi corazón latía con fuerza golpeando sobre mi pecho como un tambor en la batalla. “Lo que te quiero decir, es que la única pista que podemos seguir es la de la viudita, pero en forma informal, ya sabés que salió limpia de todas las causas que se le abrieron por la falopa, parece ser que era víctima de una banda que traficaba en sus locales sin que ella tuviera ni el más mínimo conocimiento, ¡pobrecita!” dijo con ironía
“Entiendo.” Dije con un hilo de voz. “Debemos ser muy cautos, si pretendemos dar el golpe definitorio, a ésta pelea la estamos perdiendo por puntos. Los muchachos están trabajando bien en Los Caranchos, pero ya te dije que no es fácil. Sospecho que ahí deben estar criando al niño, tenemos que recuperarlo antes de que esté listo. Yo voy a pedir una licencia, unas vacaciones, he trabajado demasiado, ya lo sabe la superioridad y el stress me está afectando” Me dijo con una sonrisa cómplice, casi al lado de mi cara, a la vez que con una mano bajo mi axila me ayudaba a incorporarme del banco
” Sigamos caminando, no llamemos la atención, como dice José Hernández nadie sabe en que rincón se esconde el que es tu enemigo.” Me puse de pie y emprendí nuevamente la marcha a paso firme, tratando de borrar las imágenes de aquél encuentro con el Diablo que me había dejado postrado tanto tiempo, traté de pensar en la lógica del plan de Cudini. “¿Están de acuerdo que hagas eso?” pregunté pensando en el Edificio de Villa la Ola y en sus ocupantes. “Si están de acuerdo, saben que no nos quedan muchas opciones, y que no tenemos otro L, otro cruzado solitario capaz de arremeter contra las murallas de Lucifer” contestó mirando su reloj. Nos despedimos en la Cruz del Milenio el tomó por Belgrano a la izquierda yo continué por Boulevard España, pensativo, apenas repuesto de mi pánico atávico. Varios días después me llamó para despedirse, diciéndome que se tomaría unas vacaciones largas, por motivos de salud, una fatiga crónica que lo aquejaba por exceso de trabajo, comprendí que comenzaba su viaje, su viaje en el que podría dar, por todos nosotros el golpe de Knock out. Iriarte está tan cascarrabias como siempre, consumiendo enormes cantidades de mate cocido con medias lunas de manteca y yo aquí sentado en éste banco bajo la lluvia, la misma que cae sobre las reliquias del Catapultado, espero, y vigilo. He empezado a fumar de forma descontrolada, compré una Beretta calibre 22 a un amigo que las consigue sin papelerío, para cuando identifique al emisario. Muchas veces pienso ¿Qué le habrá contado Lorena a O Rourke?, pero la Serpiente era muy ladina, hacía honor a su apodo, si lo sabré yo que cené con ella, hace ya varios años. Pero el maldito había jugado su carta, nosotros ahora tendremos que jugar la nuestra, con maestría, tenemos una sola carta y el enemigo la eternidad.
Por las mañanas acostumbro a salir a caminar temprano, invierno y verano poco antes de la salida del sol. Trato de no ir siempre al Paseo de los Puentes porque se encuentra atestado de enfermos que salen a caminar por recomendación de sus médicos, lo que resulta muchas veces una visión poco edificante. Yo en cambio salgo a caminar por placer. Me gusta hacerlo y ésa actividad matutina me predispone positivamente para el resto del día. Quizás no corra como Garófalo, ni pretenda convertirme en un atleta, pero el caminar evidentemente estimula la secreción de las endorfinas del bienestar en mi cerebro y contrapesa la vigilia y el stress. El tráfico de enfermos, no obstante, es menos intenso en invierno, pues el intenso frío los mantiene en sus hogares, hasta que el sol de la tarde, calienta el ambiente lo suficiente como para animarlos a practicar su derrotero por el Paseo. A mí en cambio el frío no me afecta mayormente, no digo que me guste caminar en las heladas, pero bien abrigado muchas veces los prefiero al calor. Otra faceta negativa de pasear por Los Puentes en Verano es que sumado a los enfermos, están los mosquitos que por millones asolan ésa zona como pequeños vampiros, martirizando a cuanto transeúnte encuentren. Y por último el olor, nuestro olor, el que estimula nuestra memoria perceptiva el de las Lagunas de Estabilización de las cloacas que inunda con su perfume embriagador a detritos humanos nuestra ciudad pero especialmente la zona Este donde se encuentra el Paseo. Ojo! Con esto no quiero decir que no me guste el Paseo de Los Puentes, al contrario me gusta mucho, pero claro frecuentemente enfermos, mosquitos y aromas me convencen de tomar otros rumbos para mis caminatas. Suelo tomar por la ruta 12 hasta la entrada de El Pueblito o me desvío por el camino de tierra, antiguo ingreso a Nogoyá, cruzando el pequeño puente viejo sobre El Chañar y entrando por la Escuela Pestalozi y el club Ferro. Otras camino por la ruta 26 hasta el Polideportivo o me desvío hasta la Rural para regresar por detrás del hospital hasta el triángulo y luego continuando por San Lorenzo hasta el Soldado. Depende además de la estación del año, del clima, ya que por ejemplo en días ventosos es mejor caminar por los circuitos que ofrecen más reparos, para protegerse del viento, que puede convertir una caminata en una experiencia desagradable. El Paseo de los Puentes tiene la ventaja de ser como un espigón que se interna en el campo, que cruza sobre los cursos de agua y presenta comodidades como bancos, canillas y sobre todo iluminación que a veces temprano en la mañana, en ocasiones es de gran utilidad, si bien el alba en general proporciona luz suficiente, no es así en días con cielo cubierto de nubes. Me gusta ver Nogoyá desde El Paseo a primeras horas de la mañana, con sus torres y sus techos iluminados por el sol horizontal del amanecer. Hacia el Norte se puede observar, más allá de la ruta las vías del Ferrocarril y lo que queda de La Alameda y del bosque de Eucaliptos de Ormaechea cada vez más pequeño a fuerza de tala sin reposición. Hacia el sur las arboledas y de tanto en tanto las columnas de humo que surgen del basural. Algunos animales pastando. El paseo es como una pasarela hacia la naturaleza. Caminaba con paso firme ésa mañana, acompañado de Cudini a quien había encontrado casualmente en la cruz del Milenio.
Charlábamos de cosas intrascendentes cuando de pronto me dijo. “La viudita, hace como tres años compró una estancia en la Provincia de La Pampa, en un pueblo llamado Los Caranchos al este de Gral. Acha una zona muy poco poblada, aparentemente para otra reserva natural.” Comentó. “Se expande el negocio” Contesté casi con indiferencia, ya nada me sorprendía del florecimiento económico de ésa gente, aquí en Nogoyá sus negocios eran cada vez más prósperos y se estaban extendiendo por toda la provincia, era lógico que tarde o temprano buscaran otros horizontes. La Señora es muy respetada en todos lados, sobre todo en todos los ámbitos económicos y políticos. “Mandé algún amigo a husmear por aquellos lados” Agregó, lo miré sin contestarle mientras seguía caminando a su lado “No fue fácil, como te dije es una zona muy poco poblada y cualquier movimiento llama enseguida la atención, a pesar de que mis amigos son muy cuidadosos y muy profesionales, no se les hizo fácil.” continuó enigmático “¿Y que esperás encontrar? Ellos hacen cualquier cosa, muchas horribles, pero si algo saben es guardar las apariencias” Contesté con cierto fastidio.
“Hace mucho quiero encontrar al matrimonio que adoptó ese nenito discapacitado, para charlar con ellos nada más, pensé que quizás podían andar por ésa zona, se me ocurrió cuando me enteré de la inversión inmobiliaria de la viudita” Dijo “¿Por qué relacionas a ésa pobre gente con nuestra Señora? Según pude averiguar era un matrimonio, de casi cincuenta años sin hijos, que desde hace mucho estaban en lista de espera”
Dije, haciéndome el tonto, al mejor estilo de L “Si, sí ,eso consta en los papeleríos oficiales” habló mirándome con un atisbo de ira, Cudini , bajo su apariencia de hombre contenido, moderado, ocultaba una personalidad sanguínea , propensa a bruscos accesos de enojo, a veces incontenibles. Era famoso por ello. Traté de ser contemporizador, no deseaba interrumpir ésta conversación y tuve la sensación de que si no me mostraba realmente interesado, el hombre se callaría y quizás para siempre.
“Bueno, disculpa, yo solo te hacía el comentario en base a lo que pude averiguar en el Hospital San Roque, charlando con unos, charlando con otros. Nunca pude tampoco saber de quienes se trataba pues esa información requería intervención de la justicia, y desde ya mis motivaciones no convencerían a ningún juez a no ser de mandarme de nuevo al loquero” dije condescendiente. “No creas que te las sabes todas, algunos ya sabes que te aceptan a regañadientes, otros en cambio te apreciamos y vos no haces otra cosa que tomarme el pelo.” Casi gritó en el Paseo desierto “Iriarte muchas veces me dijo, que eras un loquito, que no se explicaba, como los de allá te aceptaron, en su opinión vos no sos muy confiable, y sos muy amigo de cortarte sólo.” Agregó más calmo. “Y bueno, no es posible que todas las personas sientan simpatía por mí” contesté con ironía a la vez que le daba una palmada amistosa en su hombro izquierdo, Cudini movió la cabeza de un lado a otro, como en un gesto de no comprender, o de resignación. “Yo sí pude acceder al nombre de los adoptantes, son las ventajas de la profesión, pero ahí comenzaron mis sospechas” carraspeó cerrándose el cuello de su campera polar. “Te escucho” le dije para estimularlo “En realidad creo que vos nunca deberías haber ido a meter tus narices en el San Roque, de eso estoy convencido, creo que revolviste el avispero” Añadió, más cómo un comentario, que en tono de reproche.
“Hace casi 18 meses viajé a Trenque Lauquen, de donde era ésta gente, y ahí me llevé la gran sorpresa.” Calló por un momento como repasando mentalmente aquellos momentos, lo miré interrogativo “Todo el asunto era una patraña, nosotros marchamos a la saga de todo éste merengue, creo que probablemente, por no haber prestado atención a los indicios, a los relatos de tipos como Fioramonti que revolvieron cielo y tierra para tratar de esclarecer algo, para dejarnos algo. O el mismo Bautista con sus visiones místicas y su mensaje. Martiarena, muchas veces advirtió a la Congregación, de las visiones del viejo, pero nadie le dio importancia, todos se centraban sobre el Sello. Tu amigo NOAR creo que lo vislumbró, el convenció a Del Monte para que se acercara a la congregación pero no tuvo mejor idea que ir a comentar el asunto con González Millán, dicen quienes escucharon los gritos que fue una discusión fenomenal, lo echó de la curia rociándolo con agua bendita llamándolo hereje, pagano y no sé que otras cosas más.” Rió con ganas “Pobre NOAR, erró de cura, González Millán está solo interesado en su carrera, y es obispo auxiliar, tan mal no le va” dije riéndome también al imaginarme la escena, que por cierto explicaba la negativa cerrada del cura de pasarlo por la iglesia al pobre Nicolás el día de su entierro. Me llamó la atención que Marisa nunca me lo hubiera contado, quizás no lo sabía. De pronto Cudini volvió a hablar “Si hubiéramos prestado atención a éstas cosas, a éstos indicios, podríamos haber esperado al anoftalmo, no solo proteger el Sello, podríamos habernos anticipado, podríamos haber puesto al niño al cuidado de la Congregación, pero perdimos la bocha, y la tienen ellos, la próxima jugada es de ellos a no ser que podamos dar un golpe de Knock Out” dijo con amargura “Garófalo me dijo que el Sello está aquí y protegido, ¿de que tenemos que preocuparnos?” Dije asombrado, pero con la precaución de no decir nada sobre mi conocimiento del sitio, ya muchas veces me habían tirado la lengua, pensé recordando mis charlas con mi primo. “Si es cierto, pero cuanto tiempo podremos protegerlo, los custodios envejecieron en ésa tarea , se murieron y la lucha continúa, no te engañes, siempre estamos en desventaja, ellos saben cosas que nosotros no sabemos o que no hemos sabido ver” Se detuvo momentáneamente cuando llegamos al extremo de Paseo saludó con la mano alzada a los agentes que controlaban el tránsito sobre la ruta 39 y continuó “pobres pendejos con éste frío parados en medio de la ruta, te contaba cuando llegué a Trenque Lauquen busqué la dirección de éste matrimonio, quería hablar con ellos, quería convencerlos de alguna manera, nunca supe realmente cuál , pero convencerlos de alguna manera que dejaran al niño al cuidado de la Congregación, Iriarte estaba de acuerdo en éste punto , y seguramente antes de darme el visto bueno tiene que haber consultado con los otros, sabés que andar solo en éstos menesteres muchas veces es peligroso, sino con lo de Lorena tenés sobrado ejemplo.” Volvió a carraspear, evidentemente tenía algún problema en la garganta, una virosis o algún tipo de irritación faríngea. “Te éstas engripando.” Le dije “Si hace dos o tres días que estoy resfriado, pero quería hablar con vos y supuse que hoy vendrías por aquí, los muchachos me dijeron que acostumbras a caminar todas las mañanas, los muchachos miran todo, a veces no lo que tienen que mirar, pero te pueden dar un reporte completo de la actividad de casi todos” dijo sonriendo con picardía. “Como yo también camino con regularidad, éste encuentro casual, no le llama la atención a nadie.” Me golpeó la espalda con su manota al punto de hacerme doler, pero con un gesto amistoso.
“ Busqué, como te decía la dirección del matrimonio, y me encontré con la sorpresa de que ésa gente había muerto en un accidente automovilístico en 2000 volvían de Salliqueló de visitar unos amigos y parece que un camión los encerró cerca de un paraje que se llama La Porteña, el hombre murió en el acto, la mujer duró unas semanas más pero nunca se recuperó de sus heridas y falleció semanas después.” Calló como sopesando el peso de sus palabras, el peso de la revelación que me había hecho y seguramente pensando si habérmelo contado había sido correcto, me apuré a contestar pues seguramente eso no era todo lo que tenía para decirme y no deseaba dejarlo pensar demasiado “¿Y O Rourke?, quizás siguiendo su pista podríamos avanzar algo” dije pensando en mi charla y en las afirmaciones del viejo Benítez, que en realidad no podía dar por ciertas pero que sospecho que lo eran. “Iriarte, nunca se perdona, lo de O Rourke, él lo trajo para aquí, él lo recomendó para colaborar con Lorena, se le había metido bajo el ala y resultó lo que resultó” contestó con tristeza. “Iriarte, se castiga permanentemente de haber sido un instrumento involuntario del mal, de haber facilitado el accionar de O Rourke, pero fue burlado en su buena fe. No todos podemos saber que el que moja el pan en nuestro vino, nos va a traicionar. Solo somos hombres” agregó. Yo pensé en cuanta sabiduría tenían ésas palabras, la imagen del Audi negro se me representó en la mente, la imagen de aquel amigo dándome el viejo mapa, ya inútil, pero testimonio indubitable de las verdades por él negadas, escuche las palabras de Cudini que penetraban en mi ensimismamiento. “Después que Iriarte pidió que lo trasladaran, sobre todo luego de su defensa pública de Casto Morales, al parecer dejó los hábitos y se lo tragó la tierra, desapareció. Poco podemos hacer siguiendo su pista pues ésta no existe. Y no hay ningún Fioramonti, por lo menos mortal, capaz de encontrarlo. Ese maldito o era un poseído o era el mismo Mefistófeles” recordé las palabras de Bautista sobre el semen maldito en el vientre virgen de una joven, las palabras de Benítez y de repente un temblor interior me invadió, tuve que hacer un gran esfuerzo para que no se me transmitiera a las piernas a los brazos al cuello, me detuve un instante jadeante “¿que te pasa?” Me preguntó Cudini con rostro de preocupación
“Nada, nada, esto me pasa a veces” Le contesté deseando que siguiera con su conversación y al mismo tiempo deseando que se callara, que me dejara sólo para poder sentarme en uno de los bancos del segundo puente y poder respirar la brisa que subía desde el arroyo, mi corazón latía con fuerza golpeando sobre mi pecho como un tambor en la batalla. “Lo que te quiero decir, es que la única pista que podemos seguir es la de la viudita, pero en forma informal, ya sabés que salió limpia de todas las causas que se le abrieron por la falopa, parece ser que era víctima de una banda que traficaba en sus locales sin que ella tuviera ni el más mínimo conocimiento, ¡pobrecita!” dijo con ironía
“Entiendo.” Dije con un hilo de voz. “Debemos ser muy cautos, si pretendemos dar el golpe definitorio, a ésta pelea la estamos perdiendo por puntos. Los muchachos están trabajando bien en Los Caranchos, pero ya te dije que no es fácil. Sospecho que ahí deben estar criando al niño, tenemos que recuperarlo antes de que esté listo. Yo voy a pedir una licencia, unas vacaciones, he trabajado demasiado, ya lo sabe la superioridad y el stress me está afectando” Me dijo con una sonrisa cómplice, casi al lado de mi cara, a la vez que con una mano bajo mi axila me ayudaba a incorporarme del banco
” Sigamos caminando, no llamemos la atención, como dice José Hernández nadie sabe en que rincón se esconde el que es tu enemigo.” Me puse de pie y emprendí nuevamente la marcha a paso firme, tratando de borrar las imágenes de aquél encuentro con el Diablo que me había dejado postrado tanto tiempo, traté de pensar en la lógica del plan de Cudini. “¿Están de acuerdo que hagas eso?” pregunté pensando en el Edificio de Villa la Ola y en sus ocupantes. “Si están de acuerdo, saben que no nos quedan muchas opciones, y que no tenemos otro L, otro cruzado solitario capaz de arremeter contra las murallas de Lucifer” contestó mirando su reloj. Nos despedimos en la Cruz del Milenio el tomó por Belgrano a la izquierda yo continué por Boulevard España, pensativo, apenas repuesto de mi pánico atávico. Varios días después me llamó para despedirse, diciéndome que se tomaría unas vacaciones largas, por motivos de salud, una fatiga crónica que lo aquejaba por exceso de trabajo, comprendí que comenzaba su viaje, su viaje en el que podría dar, por todos nosotros el golpe de Knock out. Iriarte está tan cascarrabias como siempre, consumiendo enormes cantidades de mate cocido con medias lunas de manteca y yo aquí sentado en éste banco bajo la lluvia, la misma que cae sobre las reliquias del Catapultado, espero, y vigilo. He empezado a fumar de forma descontrolada, compré una Beretta calibre 22 a un amigo que las consigue sin papelerío, para cuando identifique al emisario. Muchas veces pienso ¿Qué le habrá contado Lorena a O Rourke?, pero la Serpiente era muy ladina, hacía honor a su apodo, si lo sabré yo que cené con ella, hace ya varios años. Pero el maldito había jugado su carta, nosotros ahora tendremos que jugar la nuestra, con maestría, tenemos una sola carta y el enemigo la eternidad.
sábado, 27 de febrero de 2010
Vigésimo Sexta Entrada de Los Custodios del Sello
Ultima charla con el viejo Bautista alrededor de 1992
“Se asombrarán viendo a la Bestia que era y no es, y será” Apocalipsis17-8
Los eucaliptos derramaban su generosa sombra sobre la calzada de asfalto. Estacioné mi auto junto a uno de los monumentales troncos, tomé el paquete con tortas negras y descendí del coche. El sol del medio día caía a plomo sobre los edificios del Hospital, miré hacia el asilo y ví sentado en la galería al viejo Bautista, que parecía desaparecer dentro del sillón de mimbre. Caminé hacía el portón y lo traspuse, me acerqué hasta el anciano y le di la mano con cuidado pues la suya me pareció de un fragilidad inmensa. No podía creer como aquel hombre había envejecido en tan pocos años, de una forma tan marcada, su cuello se hundía sobre su esternón dejando sobresalir el extremo proximal de sus clavículas como si solo los tegumentos recubrieran su esqueleto. Me saludó brevemente se agitaba al hablar. Le entregué las tortas negras y las dejó sobre una pequeña mesa que se encontraba a su lado. Me sonrió. Charlamos de nuestra entre vista anterior, de su experiencia juvenil, parecía feliz de que yo no hubiera olvidado aquella charla. “Aquí me ves muchacho, me estoy cayendo a pedazos, no me dicen nada pero sé que el cáncer me mata, no me dicen nada, pero los dolores no me abandonan, se los ofrezco a la Virgen para que derrame sus gracias sobre Nogoyá, sobre todos nosotros. Me queda poco tiempo muchacho, muy poco. Me consuela saber que cuando trasponga la última puerta veré a Dios y ya no sufriré las miserias de mi cuerpo” me dijo. “No ha de ser para tanto don Bautista” Le dije condescendiente “Si es para tanto, no lo dudes, pero si a mí no me aflige no se porque te va a afligir a vos. Yo no tengo miedo a lo que me espera. Solo temo por lo que dejo” Contestó. “¿por lo que deja?” pregunté pensando en que quizás le preocuparían sus bienes o algún familiar en particular “Por los que quedan, quizás sea la respuesta correcta” Se detuvo un momento y me miró largamente “Cuídate de tus compañías muchacho, mucha hipocresía te rodea, el mal está desplegando sus fuerzas, lo siento, debes confiar en la oración, en la comunicación directa con Dios, en la preparación del espíritu” Afirmó. “No se a que fuerzas malignas desplegadas, se refiere” Contesté asombrado “Te he dicho que yo hablo con la Virgen, ella me visita, se me aparece, ella me lo advirtió. El Leviatán engendrará un hijo monstruoso en éste lugar. Un hijo capaz de condenar al mundo. Como fue engendrado el hijo de Dios. La Bestia engendrará un monstruo en el vientre de una virgen, que será desflorada por el mismo Satanás. Sólo la oración será barricada eficaz contra ésta calamidad, ninguna otra cosa, o por lo menos nada por si mismo sin el poder de la fe y la oración. Por eso, las carmelitas y todos los otros que colaboramos. Existen otros que nos apoyan desde otros lugares en mancomunión” terminó su parlamento con voz apenas audible y sensiblemente agitado, comenzó a toser en accesos interminables que parecían hacer quebrar su humanidad endeble. Una enfermera se acercó y me dijo “Es hora del almuerzo, se acabó la visita” Alcancé a ver cuando subía al auto como alzaban a Bautista y lo colocaban en una silla de ruedas, su cabeza se bamboleaba hacia los costados mientras ingresaba por la puerta del Asilo. Unas semanas después falleció. Recién mucho después pude comprender sus palabras. Nunca hasta hoy, he podido dar con el paradero del niño sin ojos. Como en la desaparición de Villa La Ola y la ascensión a los cielos del catapultado un pacto de silencio, envuelve todo como la neblina espectral a la que se refería L “Y ése silencio constituye la sombra que rodea ésta historia y de la que te hable antes.”
Como Fioramonti tendré que marchar tras las huellas de un fantasma, antes que sea tarde. El anoftalmo a nacido y es ciego a la misericordia, al perdón , a la inocencia derramará el mal sin distinciones. Preparando el camino al ángel del abismo.
Notas
“Cuando llegué a aquel lugar, lo hice sólo con mis dos ayudantes, los baqueanos no quisieron ir. No hubo forma de convencerlos de que nos acompañaran. Al preguntarles el porqué se limitaban a bajar la cabeza y menearla en forma de negación. Temprano antes de que saliera el sol, con las primeras luces del alba en el oriente, los tres montamos a caballo y nos dirigimos a aquel sitio maldito. No existía sendero, por lo que en muchos trayectos tuvimos que desmontar y continuar a pie abriéndonos camino con nuestros machetes, recién entrada bien la tarde llegamos al lugar. Ubicado a la orilla del mar, azotado por el viento, cubierto de matas, platas rastreras y escasos árboles casi todos agrupados en un pequeño sector. Luego de la primera recorrida a pie, el sol se ocultó sobre el continente. Instalamos nuestra tienda de campaña, encendimos fuego y cenamos. Fue una noche larga, extraña, una noche casi sin ruidos, solo el ulular del viento. Esa noche en los pocos momentos que nos dormitamos, tuvimos sueños extraños, sueños inquietantes, que nos dieron a los tres un ánimo taciturno. Solo meses después hablamos entre nosotros de la experiencia de ésa noche, casi aterradora. Creo que la mayoría de las noches de mi vida, las pasé en sitios extraños, en descampados, selvas, montañas, en la interminable llanura de la Pampa o en inhóspitos parajes de la Cordillera o la Patagonia. Nunca, me invadió la inquietud de aquella noche de Villa La Ola. Nunca en las incontables atmósferas que respiré, en las incontables oscuridades impenetrables que me rodearon, sentí una sensación como aquella a la que ahora me refiero. Al abrir los ojos sobresaltado, por aquellos ensueños que mencioné, se percibía en el ambiente una presencia, una presencia inmaterial que todo lo inundaba, que penetraba entre los granos de arena del suelo, que circulaba por la savia de las plantas, que se revolvía entre las olas de la playa. Cuando tememos al Puma o a la Yarará , cuando tememos a la tormenta de nieve o al viento blanco, cuando tememos a la correntada indómita de un río, tememos a algo concreto, algo terrible pero conocido, feroz por naturaleza , de nuestra misma sustancia, capaz de destruirnos pero comprensible a los esfuerzos de nuestra razón. Pero a lo que temí esa noche, nunca lo pude comprender. Solo me ayudó a entender, la sombra de espanto, que velaba la mirada de los Oludos, cuando los indagaba sobre los hechos acaecidos en éste lugar aciago, al que nunca quisiera volver. Las primeras luces del alba tardaron en llegar tanto como nuestro desasosiego las deseaban prontas. Nos juntamos los tres junto al rescoldo del fogón casi extinguido y nos miramos en silencio, sin ninguno pronunciar palabras, mirándonos con recelo unos a otros, mientras calentábamos el agua para el mate, arrimando nuevos palitos a las brasas. Recorrimos el lugar en silencio, tomando medidas, ubicándonos con respecto a los puntos cardinales, a no ser vegetal, casi no existía vida, si hasta me imaginé que el mar en ése sitio era estéril. Vacío de peces, de vida. Junto a la arboleda solitaria, la única construcción visible era un rectángulo de ladrillos, casi totalmente hundida en la arena, supongo que se trataba de los restos de la antigua capilla, realizar la excavación excedía nuestra capacidad y excedía en mucho el tiempo que deseábamos prolongar nuestra permanencia. Recogí unos trozos de mampostería los clasifique, levanté un croquis de la misma y luego excavamos en un sitio cercano al extremo opuesto de la arboleda, la capa de ceniza se encontraba más o menos a metro y medio de profundidad, formaba un estrato de aproximadamente 10 cm. Recogimos algunos trozos de madera calcinada que clasificamos y guardamos, poco más pudimos hacer pues promediaba la tarde y un deseo casi compulsivo de irnos, nos invadió. Desarmamos nuestra tienda y desandamos el camino, llegamos en medio de la noche a nuestro campamento, que permanecía en silencio, los otros no nos preguntaron nada, como si comprendieran nuestro ánimo callado y receloso.” Fragmento de “Recuerdos….” Giussepe Fioramonti 1925.
“Se asombrarán viendo a la Bestia que era y no es, y será” Apocalipsis17-8
Los eucaliptos derramaban su generosa sombra sobre la calzada de asfalto. Estacioné mi auto junto a uno de los monumentales troncos, tomé el paquete con tortas negras y descendí del coche. El sol del medio día caía a plomo sobre los edificios del Hospital, miré hacia el asilo y ví sentado en la galería al viejo Bautista, que parecía desaparecer dentro del sillón de mimbre. Caminé hacía el portón y lo traspuse, me acerqué hasta el anciano y le di la mano con cuidado pues la suya me pareció de un fragilidad inmensa. No podía creer como aquel hombre había envejecido en tan pocos años, de una forma tan marcada, su cuello se hundía sobre su esternón dejando sobresalir el extremo proximal de sus clavículas como si solo los tegumentos recubrieran su esqueleto. Me saludó brevemente se agitaba al hablar. Le entregué las tortas negras y las dejó sobre una pequeña mesa que se encontraba a su lado. Me sonrió. Charlamos de nuestra entre vista anterior, de su experiencia juvenil, parecía feliz de que yo no hubiera olvidado aquella charla. “Aquí me ves muchacho, me estoy cayendo a pedazos, no me dicen nada pero sé que el cáncer me mata, no me dicen nada, pero los dolores no me abandonan, se los ofrezco a la Virgen para que derrame sus gracias sobre Nogoyá, sobre todos nosotros. Me queda poco tiempo muchacho, muy poco. Me consuela saber que cuando trasponga la última puerta veré a Dios y ya no sufriré las miserias de mi cuerpo” me dijo. “No ha de ser para tanto don Bautista” Le dije condescendiente “Si es para tanto, no lo dudes, pero si a mí no me aflige no se porque te va a afligir a vos. Yo no tengo miedo a lo que me espera. Solo temo por lo que dejo” Contestó. “¿por lo que deja?” pregunté pensando en que quizás le preocuparían sus bienes o algún familiar en particular “Por los que quedan, quizás sea la respuesta correcta” Se detuvo un momento y me miró largamente “Cuídate de tus compañías muchacho, mucha hipocresía te rodea, el mal está desplegando sus fuerzas, lo siento, debes confiar en la oración, en la comunicación directa con Dios, en la preparación del espíritu” Afirmó. “No se a que fuerzas malignas desplegadas, se refiere” Contesté asombrado “Te he dicho que yo hablo con la Virgen, ella me visita, se me aparece, ella me lo advirtió. El Leviatán engendrará un hijo monstruoso en éste lugar. Un hijo capaz de condenar al mundo. Como fue engendrado el hijo de Dios. La Bestia engendrará un monstruo en el vientre de una virgen, que será desflorada por el mismo Satanás. Sólo la oración será barricada eficaz contra ésta calamidad, ninguna otra cosa, o por lo menos nada por si mismo sin el poder de la fe y la oración. Por eso, las carmelitas y todos los otros que colaboramos. Existen otros que nos apoyan desde otros lugares en mancomunión” terminó su parlamento con voz apenas audible y sensiblemente agitado, comenzó a toser en accesos interminables que parecían hacer quebrar su humanidad endeble. Una enfermera se acercó y me dijo “Es hora del almuerzo, se acabó la visita” Alcancé a ver cuando subía al auto como alzaban a Bautista y lo colocaban en una silla de ruedas, su cabeza se bamboleaba hacia los costados mientras ingresaba por la puerta del Asilo. Unas semanas después falleció. Recién mucho después pude comprender sus palabras. Nunca hasta hoy, he podido dar con el paradero del niño sin ojos. Como en la desaparición de Villa La Ola y la ascensión a los cielos del catapultado un pacto de silencio, envuelve todo como la neblina espectral a la que se refería L “Y ése silencio constituye la sombra que rodea ésta historia y de la que te hable antes.”
Como Fioramonti tendré que marchar tras las huellas de un fantasma, antes que sea tarde. El anoftalmo a nacido y es ciego a la misericordia, al perdón , a la inocencia derramará el mal sin distinciones. Preparando el camino al ángel del abismo.
Notas
“Cuando llegué a aquel lugar, lo hice sólo con mis dos ayudantes, los baqueanos no quisieron ir. No hubo forma de convencerlos de que nos acompañaran. Al preguntarles el porqué se limitaban a bajar la cabeza y menearla en forma de negación. Temprano antes de que saliera el sol, con las primeras luces del alba en el oriente, los tres montamos a caballo y nos dirigimos a aquel sitio maldito. No existía sendero, por lo que en muchos trayectos tuvimos que desmontar y continuar a pie abriéndonos camino con nuestros machetes, recién entrada bien la tarde llegamos al lugar. Ubicado a la orilla del mar, azotado por el viento, cubierto de matas, platas rastreras y escasos árboles casi todos agrupados en un pequeño sector. Luego de la primera recorrida a pie, el sol se ocultó sobre el continente. Instalamos nuestra tienda de campaña, encendimos fuego y cenamos. Fue una noche larga, extraña, una noche casi sin ruidos, solo el ulular del viento. Esa noche en los pocos momentos que nos dormitamos, tuvimos sueños extraños, sueños inquietantes, que nos dieron a los tres un ánimo taciturno. Solo meses después hablamos entre nosotros de la experiencia de ésa noche, casi aterradora. Creo que la mayoría de las noches de mi vida, las pasé en sitios extraños, en descampados, selvas, montañas, en la interminable llanura de la Pampa o en inhóspitos parajes de la Cordillera o la Patagonia. Nunca, me invadió la inquietud de aquella noche de Villa La Ola. Nunca en las incontables atmósferas que respiré, en las incontables oscuridades impenetrables que me rodearon, sentí una sensación como aquella a la que ahora me refiero. Al abrir los ojos sobresaltado, por aquellos ensueños que mencioné, se percibía en el ambiente una presencia, una presencia inmaterial que todo lo inundaba, que penetraba entre los granos de arena del suelo, que circulaba por la savia de las plantas, que se revolvía entre las olas de la playa. Cuando tememos al Puma o a la Yarará , cuando tememos a la tormenta de nieve o al viento blanco, cuando tememos a la correntada indómita de un río, tememos a algo concreto, algo terrible pero conocido, feroz por naturaleza , de nuestra misma sustancia, capaz de destruirnos pero comprensible a los esfuerzos de nuestra razón. Pero a lo que temí esa noche, nunca lo pude comprender. Solo me ayudó a entender, la sombra de espanto, que velaba la mirada de los Oludos, cuando los indagaba sobre los hechos acaecidos en éste lugar aciago, al que nunca quisiera volver. Las primeras luces del alba tardaron en llegar tanto como nuestro desasosiego las deseaban prontas. Nos juntamos los tres junto al rescoldo del fogón casi extinguido y nos miramos en silencio, sin ninguno pronunciar palabras, mirándonos con recelo unos a otros, mientras calentábamos el agua para el mate, arrimando nuevos palitos a las brasas. Recorrimos el lugar en silencio, tomando medidas, ubicándonos con respecto a los puntos cardinales, a no ser vegetal, casi no existía vida, si hasta me imaginé que el mar en ése sitio era estéril. Vacío de peces, de vida. Junto a la arboleda solitaria, la única construcción visible era un rectángulo de ladrillos, casi totalmente hundida en la arena, supongo que se trataba de los restos de la antigua capilla, realizar la excavación excedía nuestra capacidad y excedía en mucho el tiempo que deseábamos prolongar nuestra permanencia. Recogí unos trozos de mampostería los clasifique, levanté un croquis de la misma y luego excavamos en un sitio cercano al extremo opuesto de la arboleda, la capa de ceniza se encontraba más o menos a metro y medio de profundidad, formaba un estrato de aproximadamente 10 cm. Recogimos algunos trozos de madera calcinada que clasificamos y guardamos, poco más pudimos hacer pues promediaba la tarde y un deseo casi compulsivo de irnos, nos invadió. Desarmamos nuestra tienda y desandamos el camino, llegamos en medio de la noche a nuestro campamento, que permanecía en silencio, los otros no nos preguntaron nada, como si comprendieran nuestro ánimo callado y receloso.” Fragmento de “Recuerdos….” Giussepe Fioramonti 1925.
domingo, 21 de febrero de 2010
Vigésimo Quinta Entrada
Sueños
L dormitaba en la noche clara. A través del ramaje mecido por la brisa miraba el firmamento, que de pronto se transformaba en imágenes oníricas en las que se zambullía y emergía en espasmos de duermevela. Rodeaba las rodillas con sus manos y sumergía la cabeza entre sus brazos. Levantaba el rostro hacia el cielo y nuevamente vencido lo dejaba caer invadido por las avanzadas del sueño que como un ejercito victorioso se enseñoreaba sobre su cuerpo extenuado por la espera.
.
Pérez de Roldan tendido boca arriba en el suelo irregular de su templo hermético, escuchaba el ulular del viento en la techumbre, en la oscuridad apenas esclarecida por la luz de la vela en el altar, oraba mientras temblaba en violentos escalofríos y una transpiración fría corría por su cuerpo. Sus lágrimas se derramaban de sus ojos
e inundaban sus orejas. Comenzó a sentir entumecidos sus miembros derechos, y las fuerzas comenzaron a abandonarlo. Desesperado comenzó a orar con más énfasis con su lengua endurecida y una plegaria disártrica inundó el recinto. Los latidos de su corazón retumbaban en su cráneo cómo si un parche fuera batido tras sus ojos. Los haces mortecinos del pabilo encendido formaban caprichosos arabescos de claroscuros en el interior del techo. El viejo fue invadido por una inmovilidad soporosa. Cerró sus ojos por un largo rato, sus dolores comenzaron a abandonarlo y comenzó a sentir su cuerpo rejuvenecido, como si nuevos ímpetus juveniles hubieran reemplazado a su ancianidad. Como si una energía nueva penetrara por su sangre trastocando la senectud de sus tejidos en bríos de adolescencia. Abrió sus ojos y se vio tendido con sus brazos en cruz envuelto en una luminiscencia verde amarillenta que se irradiaba en su contorno como un aura, sintió la ingravidez como aquella vez que voló 25 metros por los aires hasta caer en un cesto de ropa, vio los techos del templo, el campanil rudimentario, vio el mar envuelto en una arrebol de fuego, vio los pastizales interminables de la llanura , vio el ancho rió marrón y el puerto donde arribó joven y soñador. Vio el Paraná y el Uruguay con sus riberas manchadas de sangre y montes. Vio la intrincada espesura de los bosques entrerrianos, salvajes e inhóspitos, salpicados de caseríos misérrimos. Se elevó sobre el océano atlántico, que había atravesado antaño en viaje de pesadillas, vio su tierra natal su campiña astorgana, quiso despertar, quiso salir de su ensueño, volver a su oración ,desandar su camino alucinatorio, quizás era una orden divina de desmontar los bloques de las puertas, de derribar con sus propias manos los tabiques y salir al exterior y gritar en la tormenta , despertar a los durmientes y hablarles en un discurso inflamado sobre las maravillas de Dios y lo que había visto, pero invadido por una luz brillante , cegadora, se vio rodeado de un coro de ángeles, y se constató inmaterial e intemporal. Abandonado de sus penurias.
L despertó de pronto. Escuchó un ruido a ramitas que se quiebran, el crepitar de los pastos bajo el calzado y pudo ver a lo lejos la luz oscilante de una linterna.
Notas
“A mi me gustan las cosas claras, pero bien claras nada de medias tintas ni dobleces.
Y para que las cosas sigan claras, yo le tengo que decir, pero clarito eh, bien clarito que a mi ningún cura, ni monaguillo ni chupacirios ninguno me cae simpático, no me gustan es algo que es superior a mí, algo que me surge, vio. A la iglesia voy poco y nada. Le diría mas nada que poco. Para mí, nunca se acuerdan de los pobres, los curas nunca se acuerdan de los pobres. Por eso para mi, yo de éste lado de la calle y ellos del otro.
Si de chiquito me acuerdo cuando los curas daban misa en la capilla, que nos decían que teníamos que ser caritativos, generosos, compartir con el prójimo y después de la misa se iban a comer a rajacincha con los mismos patrones que nos explotaban. Comer y chupar por cierto porque no me venga con que los curas tienen la boquita en la nuca, le dan de lo lindo al chupi, sobre todo si viene de arriba. Y hoy en día sigue siendo igual, podrán cambiar un poco las palabras, decirnos algunas un poco mas lindas pero la realidad, es la realidad y a ésa no la cambian. Ninguna simpatía tengo por los sotanudos, que eso le quede claro.
Yo si le cuento de éste asunto, no es porque le tenga bronca a la tipa ésa, que sí le tengo bronca, para que se lo voy a negar, pero la misma bronca que le tengo a cualquier ricachón de éstos, que vienen con botas de gamuza a recorrer el campo , más preocupados por no ensuciarse el calzado que por saber como marchan las cosas. Todos ésos ricachones son la misma bosta, yo los aborrezco para que le voy a negar.
Pero yo no le cuento nada de esto porque yo no la quiero a ésa tipa. No, nada que ver.
Yo antes que me despidiera, ya la tenía atravesada, a ella como al finado Flores Schneider, si todos son iguales. El viejo era más lisonjero, se la quería dar de compañero con uno, pero como le decía antes, yo de éste lado y ellos del otro. Yo siempre tuve claro que yo soy peón y él es patrón , por lo tanto nunca vamos a cinchar para el mismo lado, Flores Schneider, pensaba que sobándonos el lomo íbamos a trabajar mejor, y capaz que con muchos pudo tener suerte, pero conmigo no, no señor conmigo no. A lo último después que la trajo a la casa, ya el infeliz no mandaba nada, la mujer ésta lo llevaba de la nariz, para el lado que ella quería y él hacía lo que ella quería, ni más ni menos. Todavía recuerdo el día que la trajo en la chata, no sé de donde la sacó. No sé si alguien sabe de donde la sacó. El, no sé a quien, le contó que la había encontrado haciendo dedo, no se si en Nogoyá o en que lugar, tampoco sé si eso fue ése mismo día que la llevó a la estancia o si la había conocido antes.
Un misterio, de donde salió ése personaje, en todos los años que yo trabajé en la estancia después de su llegada, nunca la visitó ningún familiar, ni madre ni padre ni hermanos, nada.
Ojo, puede ser una huérfana, o el viejo la sacó de algún reformatorio, no sé, son cosas que siempre se me ocurrieron.
Desde que la trajo, todo cambió, no sólo el viejo cambió, se transformó en un pollerudo, todo el día prendido en las enaguas de la recién llegada. Sino que todo cambió. Yo estaba arreglando el alambrado del parque, cuando ví la camioneta acercarse por el camino grande, y vi que el patrón no venía solo, pensé que seguramente traería alguno de ésos mocosos recibidos de ingenieros, que vienen a querer enseñarnos a trabajar. Pero no, cuando la chata ingresó en el guardaganados la mujer me miró y me sonrió, con una sonrisa que no es fácil describir , una de ésas sonrisas que te hacen las mujeres en los bailes, cuando quieren que las saques afuera, viste, así, una sonrisa de calentona. Eso, de calentona.
Pero como le dije a mi eso no me cuadra. Yo en mi lugar, los ricos en el suyo.
Pero muchos, creo yo, que cayeron en sus redes, y de a poco se fueron transformando como el viejo en sirvientes, casi en esclavos, conmigo no, conmigo no tuvo suerte.
Al tiempo empezaron con eso de los apereas, y los bichos. Comenzaron a venir todos esos gringos a mirar el bicherío, y se ve que a los patrones les empezó a ir cada vez mejor. Después empezaron con eso de disfrazarnos para que guiemos a los gringos, pensar que yo fui el único en protestar, entonces me mandaron a limpiar los corrales del tambo y los gallineros. Pero por lo menos un trabajo de hombre. De cuando en cuando la tipa se me aparecía, y me preguntaba como andaba todo, mientras mostraba la mitad de las tetas por los escotes y no usaba corpiño lo más lindo. Así enloquecía a todos. Cuando el viejo se marchaba de viaje, seguro que alguno pasaba a la casa o venía un amigo del pueblo que siempre la visitaba, uno que después fue concejal. Ese siempre le pateaba el nido al viejo. Pero lo raro es que dicen que mientras estaba con uno también estaba con otros, como si tuviera varios cuerpos, y a veces en lugares muy retirados como para que se le hubiera escapado a uno para estar con otro. No sé. Se ve que muy caliente es, y muy exigente porque parece que nada la conforma. Nada la llena. Conozco muchas mujeres come hombres, pero como ésta ninguna. No se cansaba de voltear muñecos. Hasta ahí, que se yo, si la patroncita era muy puta, problema de ella y de los que se la cogían. Pero poco a poco, sobre todo después que quedó viuda, y la verdad que nunca se la vio muy triste, comenzó a invitar a las gurisas a su casa y eso ya no me gustó, no señor, eso ya es degeneramiento. Y a veces, creo que se las entregaba a ése otro que venía a visitarla. Yo traté muchas veces de decirles a los padres, cuando podía vio pero son como ciegos, en poco tiempo varias tenían la panza llena de huesos.
Varios de ésos gurises son medios locos. Como rabiosos, ¡son malos! amigo, son como diablos. Un día me echó acusándome de haberle robado unos terneros. Cada vez más cosas raras, visitaba la escuela, para llevar donaciones según decía y seguro, seguro que los chicos se enfermaban, algunos se murieron , algún otro se colgó de un árbol. Eso se lo conté a doña Carolina, cuando fui a venderle huevos una mañana, y justo la tipa pasó por enfrente a la casa donde estábamos hablando, por eso pienso que ella la mató, a mi nadie me lo saca de la cabeza, ésa mujer es un diablo. Ese día fui a cargar gasoil a la estación de servicio del centro , donde voy siempre y lo encontré al mayordomo , otro hijo de puta, y me gritó que era un viejo lengua larga, que seguro que andaba hablando al pedo, que para eso y para robar terneros tenía mucho aliento , que para trabajar nunca había servido, casi nos fuimos a las manos de no ser por el playero , que medio lo echó , diciéndole que no quería pendencias en su turno, y como es grandote y ése Carlos Maria un cagón, se mandó a mudar. Si no en ése mismo momento lo destripo, ya estaba sobando el mango de mi cuchilla cuando nos separaron. Mejor así, si no seguro que me podría en la cárcel, a los pobres nunca nos asiste la razón. Pero a la chinita ésa, la que yo llevé al Hospital, a ésa dicen que la empreñó el cura nuevo ése que iba todas las semanas a la capilla, y que después como todos comía y chupaba con la patroncita en la estancia. Por que la llevé, no sé, por lástima y porque alguna vez anduve enredao con su madre.” Entrevista con Fulgencio Benítez.
L dormitaba en la noche clara. A través del ramaje mecido por la brisa miraba el firmamento, que de pronto se transformaba en imágenes oníricas en las que se zambullía y emergía en espasmos de duermevela. Rodeaba las rodillas con sus manos y sumergía la cabeza entre sus brazos. Levantaba el rostro hacia el cielo y nuevamente vencido lo dejaba caer invadido por las avanzadas del sueño que como un ejercito victorioso se enseñoreaba sobre su cuerpo extenuado por la espera.
.
Pérez de Roldan tendido boca arriba en el suelo irregular de su templo hermético, escuchaba el ulular del viento en la techumbre, en la oscuridad apenas esclarecida por la luz de la vela en el altar, oraba mientras temblaba en violentos escalofríos y una transpiración fría corría por su cuerpo. Sus lágrimas se derramaban de sus ojos
e inundaban sus orejas. Comenzó a sentir entumecidos sus miembros derechos, y las fuerzas comenzaron a abandonarlo. Desesperado comenzó a orar con más énfasis con su lengua endurecida y una plegaria disártrica inundó el recinto. Los latidos de su corazón retumbaban en su cráneo cómo si un parche fuera batido tras sus ojos. Los haces mortecinos del pabilo encendido formaban caprichosos arabescos de claroscuros en el interior del techo. El viejo fue invadido por una inmovilidad soporosa. Cerró sus ojos por un largo rato, sus dolores comenzaron a abandonarlo y comenzó a sentir su cuerpo rejuvenecido, como si nuevos ímpetus juveniles hubieran reemplazado a su ancianidad. Como si una energía nueva penetrara por su sangre trastocando la senectud de sus tejidos en bríos de adolescencia. Abrió sus ojos y se vio tendido con sus brazos en cruz envuelto en una luminiscencia verde amarillenta que se irradiaba en su contorno como un aura, sintió la ingravidez como aquella vez que voló 25 metros por los aires hasta caer en un cesto de ropa, vio los techos del templo, el campanil rudimentario, vio el mar envuelto en una arrebol de fuego, vio los pastizales interminables de la llanura , vio el ancho rió marrón y el puerto donde arribó joven y soñador. Vio el Paraná y el Uruguay con sus riberas manchadas de sangre y montes. Vio la intrincada espesura de los bosques entrerrianos, salvajes e inhóspitos, salpicados de caseríos misérrimos. Se elevó sobre el océano atlántico, que había atravesado antaño en viaje de pesadillas, vio su tierra natal su campiña astorgana, quiso despertar, quiso salir de su ensueño, volver a su oración ,desandar su camino alucinatorio, quizás era una orden divina de desmontar los bloques de las puertas, de derribar con sus propias manos los tabiques y salir al exterior y gritar en la tormenta , despertar a los durmientes y hablarles en un discurso inflamado sobre las maravillas de Dios y lo que había visto, pero invadido por una luz brillante , cegadora, se vio rodeado de un coro de ángeles, y se constató inmaterial e intemporal. Abandonado de sus penurias.
L despertó de pronto. Escuchó un ruido a ramitas que se quiebran, el crepitar de los pastos bajo el calzado y pudo ver a lo lejos la luz oscilante de una linterna.
Notas
“A mi me gustan las cosas claras, pero bien claras nada de medias tintas ni dobleces.
Y para que las cosas sigan claras, yo le tengo que decir, pero clarito eh, bien clarito que a mi ningún cura, ni monaguillo ni chupacirios ninguno me cae simpático, no me gustan es algo que es superior a mí, algo que me surge, vio. A la iglesia voy poco y nada. Le diría mas nada que poco. Para mí, nunca se acuerdan de los pobres, los curas nunca se acuerdan de los pobres. Por eso para mi, yo de éste lado de la calle y ellos del otro.
Si de chiquito me acuerdo cuando los curas daban misa en la capilla, que nos decían que teníamos que ser caritativos, generosos, compartir con el prójimo y después de la misa se iban a comer a rajacincha con los mismos patrones que nos explotaban. Comer y chupar por cierto porque no me venga con que los curas tienen la boquita en la nuca, le dan de lo lindo al chupi, sobre todo si viene de arriba. Y hoy en día sigue siendo igual, podrán cambiar un poco las palabras, decirnos algunas un poco mas lindas pero la realidad, es la realidad y a ésa no la cambian. Ninguna simpatía tengo por los sotanudos, que eso le quede claro.
Yo si le cuento de éste asunto, no es porque le tenga bronca a la tipa ésa, que sí le tengo bronca, para que se lo voy a negar, pero la misma bronca que le tengo a cualquier ricachón de éstos, que vienen con botas de gamuza a recorrer el campo , más preocupados por no ensuciarse el calzado que por saber como marchan las cosas. Todos ésos ricachones son la misma bosta, yo los aborrezco para que le voy a negar.
Pero yo no le cuento nada de esto porque yo no la quiero a ésa tipa. No, nada que ver.
Yo antes que me despidiera, ya la tenía atravesada, a ella como al finado Flores Schneider, si todos son iguales. El viejo era más lisonjero, se la quería dar de compañero con uno, pero como le decía antes, yo de éste lado y ellos del otro. Yo siempre tuve claro que yo soy peón y él es patrón , por lo tanto nunca vamos a cinchar para el mismo lado, Flores Schneider, pensaba que sobándonos el lomo íbamos a trabajar mejor, y capaz que con muchos pudo tener suerte, pero conmigo no, no señor conmigo no. A lo último después que la trajo a la casa, ya el infeliz no mandaba nada, la mujer ésta lo llevaba de la nariz, para el lado que ella quería y él hacía lo que ella quería, ni más ni menos. Todavía recuerdo el día que la trajo en la chata, no sé de donde la sacó. No sé si alguien sabe de donde la sacó. El, no sé a quien, le contó que la había encontrado haciendo dedo, no se si en Nogoyá o en que lugar, tampoco sé si eso fue ése mismo día que la llevó a la estancia o si la había conocido antes.
Un misterio, de donde salió ése personaje, en todos los años que yo trabajé en la estancia después de su llegada, nunca la visitó ningún familiar, ni madre ni padre ni hermanos, nada.
Ojo, puede ser una huérfana, o el viejo la sacó de algún reformatorio, no sé, son cosas que siempre se me ocurrieron.
Desde que la trajo, todo cambió, no sólo el viejo cambió, se transformó en un pollerudo, todo el día prendido en las enaguas de la recién llegada. Sino que todo cambió. Yo estaba arreglando el alambrado del parque, cuando ví la camioneta acercarse por el camino grande, y vi que el patrón no venía solo, pensé que seguramente traería alguno de ésos mocosos recibidos de ingenieros, que vienen a querer enseñarnos a trabajar. Pero no, cuando la chata ingresó en el guardaganados la mujer me miró y me sonrió, con una sonrisa que no es fácil describir , una de ésas sonrisas que te hacen las mujeres en los bailes, cuando quieren que las saques afuera, viste, así, una sonrisa de calentona. Eso, de calentona.
Pero como le dije a mi eso no me cuadra. Yo en mi lugar, los ricos en el suyo.
Pero muchos, creo yo, que cayeron en sus redes, y de a poco se fueron transformando como el viejo en sirvientes, casi en esclavos, conmigo no, conmigo no tuvo suerte.
Al tiempo empezaron con eso de los apereas, y los bichos. Comenzaron a venir todos esos gringos a mirar el bicherío, y se ve que a los patrones les empezó a ir cada vez mejor. Después empezaron con eso de disfrazarnos para que guiemos a los gringos, pensar que yo fui el único en protestar, entonces me mandaron a limpiar los corrales del tambo y los gallineros. Pero por lo menos un trabajo de hombre. De cuando en cuando la tipa se me aparecía, y me preguntaba como andaba todo, mientras mostraba la mitad de las tetas por los escotes y no usaba corpiño lo más lindo. Así enloquecía a todos. Cuando el viejo se marchaba de viaje, seguro que alguno pasaba a la casa o venía un amigo del pueblo que siempre la visitaba, uno que después fue concejal. Ese siempre le pateaba el nido al viejo. Pero lo raro es que dicen que mientras estaba con uno también estaba con otros, como si tuviera varios cuerpos, y a veces en lugares muy retirados como para que se le hubiera escapado a uno para estar con otro. No sé. Se ve que muy caliente es, y muy exigente porque parece que nada la conforma. Nada la llena. Conozco muchas mujeres come hombres, pero como ésta ninguna. No se cansaba de voltear muñecos. Hasta ahí, que se yo, si la patroncita era muy puta, problema de ella y de los que se la cogían. Pero poco a poco, sobre todo después que quedó viuda, y la verdad que nunca se la vio muy triste, comenzó a invitar a las gurisas a su casa y eso ya no me gustó, no señor, eso ya es degeneramiento. Y a veces, creo que se las entregaba a ése otro que venía a visitarla. Yo traté muchas veces de decirles a los padres, cuando podía vio pero son como ciegos, en poco tiempo varias tenían la panza llena de huesos.
Varios de ésos gurises son medios locos. Como rabiosos, ¡son malos! amigo, son como diablos. Un día me echó acusándome de haberle robado unos terneros. Cada vez más cosas raras, visitaba la escuela, para llevar donaciones según decía y seguro, seguro que los chicos se enfermaban, algunos se murieron , algún otro se colgó de un árbol. Eso se lo conté a doña Carolina, cuando fui a venderle huevos una mañana, y justo la tipa pasó por enfrente a la casa donde estábamos hablando, por eso pienso que ella la mató, a mi nadie me lo saca de la cabeza, ésa mujer es un diablo. Ese día fui a cargar gasoil a la estación de servicio del centro , donde voy siempre y lo encontré al mayordomo , otro hijo de puta, y me gritó que era un viejo lengua larga, que seguro que andaba hablando al pedo, que para eso y para robar terneros tenía mucho aliento , que para trabajar nunca había servido, casi nos fuimos a las manos de no ser por el playero , que medio lo echó , diciéndole que no quería pendencias en su turno, y como es grandote y ése Carlos Maria un cagón, se mandó a mudar. Si no en ése mismo momento lo destripo, ya estaba sobando el mango de mi cuchilla cuando nos separaron. Mejor así, si no seguro que me podría en la cárcel, a los pobres nunca nos asiste la razón. Pero a la chinita ésa, la que yo llevé al Hospital, a ésa dicen que la empreñó el cura nuevo ése que iba todas las semanas a la capilla, y que después como todos comía y chupaba con la patroncita en la estancia. Por que la llevé, no sé, por lástima y porque alguna vez anduve enredao con su madre.” Entrevista con Fulgencio Benítez.
sábado, 13 de febrero de 2010
Vigésima Cuarta Entrada
Barrio San Blas ,fines del 2006
“Mi viejo y querido amigo:
El mal tiene muchas formas, una de ellas es la traición. El mal sabe sitiarnos, aislarnos convertirnos en parias. El mal tiene muchas formas y sabe disfrazarlas, camuflarlas ocultarlas a nuestra vista. La máquina del mal no se detiene”
Valdés, toda la vida fue un borracho, acostumbraba a tomarse hasta el agua de los floreros, su vientre prominente, sus palmas enrojecidas y sus tobillos hinchados daban fe de ello. No obstante había dejado milagrosamente la bebida luego que un pastor le impusiera las manos, solo por doscientos pesos. Como todas las mañanas se sentó en la mesa de su cocina pequeña y oscura, para preparar su infusión de prepucio desecado de mandril onanista del congo. Luego de tomar durante tres meses, tres tazas diarias, recuperaría su virilidad perdida por la adicción. Llevaba recién un mes y cada vez que sacudía su miembro viril para advertir algún cambio, la decepción lo invadía y para paliar su inquietud, miraba televisión. Todo lo que veía por televisión para el redimido Valdés, era verdad, el tratamiento que cumplía para la impotencia lo había conocido por éste medio y lo había adquirido con un simple llamado telefónico. Sintonizó el aparato en el canal local, mientras sorbía grandes tragos de la medicina de una taza de loza celeste. Impecable con su traje gris y su corbata al tono, el hombre hablaba mirando a la cámara, Valdés sintió como si lo mirara a los ojos, y sintió cierta vergüenza de pensar que el hombre desde la pantalla pudiera ver la etiqueta del sobrecito, en forma disimulada a pesar de su soledad, arrugó la pequeña etiqueta. Más tranquilo se dedicó a prestar atención al entrevistado. “¿Cómo decidió incursionar en éste terreno? Por lo que sé es algo nuevo para usted y para el grupo empresario al que usted pertenece” preguntó el periodista, el hombre lo miró con sus ojos encapotados a través de los cristales de sus anteojos de marco dorado y contestó “Para mí y para la gente que me acompaña la vida es un permanente desafío, nosotros no podemos permanecer quietos, estancados, varados en un presente anodino o rutinario, nosotros como la vida misma buscamos evolucionar avanzar, hacia la perfección. Y hemos considerado que la sociedad requiere un medio de comunicación escrita independiente y que responda a los verdaderos intereses de los ciudadanos por sobre banderías políticas que solo dividen a la sociedad y llevan al estancamiento, por encima de ideologías anacrónicas que han contribuido a la división y al servilismo de la raza humana. Nosotros pretendemos ser el canal por el cual la sociedad, el ciudadano común , canalice su energía positiva , de rienda suelta a su creatividad y pueda llegar con su pensamiento hasta el conjunto de sus congéneres que en su gran mayoría comparten sus ideales” Se detuvo para tomar un sorbo de agua de la copa que descansaba sobre la gran mesa del estudio y el periodista aprovechó para preguntar “Lo más brevemente posible, podría usted contestarme, ¿cual será la línea editorial del periódico que usted dirige?” El hombre carraspeó inclinó su espalda hacia atrás en la silla que ocupaba estiró los brazos sobre la mesa y levantando en forma teatral la cabeza miró al entrevistador a los ojos y dijo “Nuestra línea editorial, será la línea editorial que la sociedad reclama, la línea editorial de las miles de gargantas que gritan diariamente por su seguridad, de los miles de ciudadanos que diariamente son violados en su propiedad en sus bienes, de los miles de ciudadanos que añoran el poder mandar tranquilos a sus hijos al colegio, miles de ciudadanos que reclaman garantías para ellos y no para los delincuentes. Esa y no otra señor periodista será nuestra línea editorial y muy claramente la Señora de Flores Schneider presidente de nuestro grupo lo ha expresado” Terminó “Sobre eso quería preguntar, ¿Qué papel cumplirá la señora en éste emprendimiento? No escapará a usted que su figura ha sido muy cuestionada últimamente” Preguntó el periodista “No sé, no tengo bien claro a que cuestionamientos usted se refiere” Contestó el entrevistado con el rostro serio y un gesto que mal disimulaba una creciente indignación “Bueno, me refiero a las cuestiones judiciales en la que ha estado involucrada” aclaró el entrevistador con cierto tono de disculpa. El entrevistado llevó su mano izquierda sobre el cabello cano peinado con pulcritud y repentinamente con el puño cerrado de su mano derecha golpeó la mesa
“Me sorprende con que ligereza se embarra el buen nombre y honor de las personas, si no viniera de usted de quien tengo el mejor de los conceptos, hubiera tomado su pregunta como una burda provocación de los sectores garantistas y supuestamente progresistas que en forma constante tratan de menoscabar el honor de nuestra presidente. Sepa usted joven que la señora Estela Flores Schneider ha sido sobreseída en todas y cada una de las causas en la que maliciosamente se la involucró. Aquí se hizo justicia, el próximo mes estamos organizando una cena de desagravio, que seguramente contará con el apoyo de lo más granado de la sociedad. Lo que pasa es que en éste país se persigue a la gente decente y emprendedora. A la gente que trabaja, que todos los días contribuye al progreso del país. Y por otro lado se deja en libertad a la escoria, a la parte podrida de nuestro tejido social. Como decía aquel prohombre que tuvo nuestra provincia el Dr. León Morientes debemos aplicar cirugía mayor, amputar ésos sectores infectos, separar la paja del trigo. Para nosotros las palabras de Morientes deben ser como un faro que en las tinieblas en las que se encuentra nuestra sociedad, inmersa en toda esta patraña de garantistas y derechos humanos para los delincuentes, nos guíe hacia el buen puerto. Puerto en el cual las personas honradas, trabajadoras, emprendedoras y de trayectoria impoluta como la Señora Estela Flores Schneider tengan el reconocimiento que se merecen y los delincuentes y marginales que asolan nuestra sociedad tengan el castigo que se merecen”. Se interrumpió por un momento y luego en tono mucho más calmo continúo “En nuestro semanario de Opinión que como primicia le digo que llevará el nombre de La Mano Dura, la señora presidente cumplirá el papel de un espíritu rector, de un ejemplo a seguir.” El periodista se acomodó en su silla y con la cabeza levemente inclinada sobre su hombro derecho y un bolígrafo entre el índice y el pulgar de su mano derecha preguntó “¿Qué opinión tiene usted sobre la delincuencia juvenil?” El hombre permaneció en silencio una fracción de segundo, hizo un gesto con sus labios estirándolos como en una pequeña trompa , se limpió la manga del antebrazo izquierdo con su mano derecha lo que permitió ver su reloj de oro importado y dijo “Interesante su pregunta joven, la delincuencia juvenil es uno de los principales flagelos que asola a nuestra sociedad, una problemática que no ha sido encarada de la forma que se merece , que no ha sido evaluada en la verdadera magnitud de su gravedad, en nuestro país cualquier menor comete un delito y es inimputable, las leyes los protegen y de ésa forma escapan al castigo a que sus actos delictivos los hacen merecedores. Yo le voy a dar una opinión personalísima pues aún La Mano Dura no se ha expedido y seguramente nuestra posición al respecto será fruto del debate. Por eso mi opinión es absolutamente personal, y se que para mucha gente es una opinión blandengue, débil y carente de la energía necesaria para corregir éste mal. Pero tratándose de jóvenes, tengo efectivamente una actitud más contemplativa. Como primer medida creo que habría que bajar la edad de imputabilidad a los cinco años, esto permitiría que el 90 % de los delincuentes juveniles sean alcanzados por la justicia, como segunda medida creo que deberíamos tener un registro de identificación en el ingreso al preescolar, no al jardín de infantes como reclaman algunos lo que me parece una barbaridad, esto podría actuar como una especie de registro de reincidencia y antecedentes, lo que nos permitiría aislar a los reincidentes en instituciones de máxima seguridad y apartarlos definitivamente de la sociedad. Como tercer medida creo que los padres de los niños delincuentes deberían ser esterilizados, pues no puede escapar a nadie que la delincuencia juvenil tiene una raíz genética. Esto sería básicamente mi opinión que como le aclaro es personalísima y que bajo ningún punto de vista debe ser tomada como la opinión de La Mano Dura” Terminó. “Bueno así concluimos la entrevista con el director del nuevo semanario, que ésta semana comenzará a publicarse en nuestra ciudad con alcance regional por cierto y probablemente provincial, le agradezco mucho su presencia” dijo el periodista. Mi primo impecable en su traje gris con corbata al tono le dio la mano jovial y continuó hablándole al oído luego de que se cortara el audio y la imagen se alejara lentamente quedando en penumbras.
Valdés pensó “¡Qué tipo bárbaro éste, como sabe, la Pucha!” Acto seguido cambió de canal.
Notas
“Si mirá lo de las moscas, me lo dijo el Pedro. La verdad que yo nunca había visto semejante inmundicia, moscas y caranchos. Avisé y mandaron la cuadrilla a desinfectar. Yo no soy muy creyente, pero ése día me fui a la gruta del Lourdes y le puse unos gladiolos a la virgencita, son cosas que para mí, para mí te aclaro, son cosas del diablo. Seguro que si me escucha algún cura me da un reto, y capaz que tiene razón. Pero sigo pensando que ésas son cosas del diablo. Hay veces que pasan cosas raras, como si el de la horquilla quisiera salir de abajo y pasearse por el mundo. Pero había una pudrición con ésa cabeza y tripas de cordero tiradas que yo pocas veces había visto y alguna que otra osamenta conocí. Yo trabajé muchos años en el campo y en tiempos de seca las vacas se mueren una tras otra y teníamos que amontonarlas en los bajos para que no hieda todo el campo. He visto muchas osamentas muchacho, pero pudrición como la de ése día, no. Y las mataban y seguían viniendo, se te metían por todos lados bajo la ropa, en las orejas por todos lados, y la gente comenzaba a enchivarse, se mosqueaban por cualquier cosa, varios hasta se agarraron a las trompadas, pero claro, eso Cabrerita no te lo va a contar, si es el responsable de la cuadrilla. Si los de arriba se enteran de algún quilombo como ése, el que las paga es Cabrerita. Tal vez te va a contar algo, si hasta casi lo garrotean a él, y mirá que los muchachos lo respetan al viejo y él se sabe hacer respetar. Pero viste, estaban como sacados, por cualquier cosa se partían la pala en la cabeza. Pero bueno, son cosas que pasan en el laburo y hay que dejarlas atrás. Bueno, como te decía me había quedado tan pensativo ése día que decidí ir a ponerles los gladiolos a la gruta de Lourdes, es remilagrosa ésa virgencita, sino andá y mirá la cantidad de placas de agradecimiento que ha puesto la gente. Fui dejé las flores recé un avemaría y me volví manso por Ramírez como buscando Avellaneda para llegar a mi rancho, en la esquina de San Lorenzo escuché los gritos, a ésa hora de la siesta se escuchaban claritos, ví la camioneta y ésa mujer discutiendo con doña Carolina , de puro curioso me paré en la esquina a mirar, seguían discutiendo con grandes manotazos las dos mujeres , hasta que sin dejar de discutir se metieron para adentro. Me quedé en la vereda de mi casa fumando un cigarrillo, pues a la patrona no le gusta que fume adentro, cuando sentí la explosión que venía de ése lado del Barrio Norte, al rato pasó la mujer en la camioneta como alma que se la lleva el diablo por aquí para el lado de la ruta 12, había subido por la calle de atrás del deportivo y agarró para allá como de digo. A los pocos minutos pasaron los bomberos, pero dice que cuando llegaron ya no hubo nada que hacer, las dos viejas eran como tizones , dicen que le explotó una garrafa, que los peritos dicen eso, bueno. Esto que te cuento se lo conté al inspector Cudini , tomó nota en su libreta, pero a mí nunca me llamaron a declarar ni nada, por un lado mejor, si no te tienen a las vueltas” Fragmento de mi entrevista con el sereno Acosta. Publicado sin autorización de éste.
“A la gurisa ,por que no era más que una gurisa, tendría 12 años , no se bien porque yo no le tomé los datos, la trajo el viejo Benítez ése viejo que trabajaba en la estancia de Flores Schneider, ahí donde crían bichos o que se yo , llevan todos ésos boludos a meterlos en el monte , pero si vos lo debés conocer, el viejo Benítez ése que lo echaron por ladrón, así que la gurisa tiene que ser de ésos rumbos de crucecitas tercera o de séptima . La trajeron en trabajo de parto, ya casi teniendo te diría, como un bichito la gurisa, sin ningún control, ni vacunas , nada, y eso que para aquel lado hay centros de salud pero ésa gente es arrastrada , son peor que las vacas, porque a las vacas seguro que le llevan veterinario y todo. La cosa que éste viejo la trajo y la dejó pues según decía apenas la conocía y el no era pariente ni nada. Como vecino se había ofrecido a traerla y nada más, no quiso firmar ningún papel, nada. Dejó la gurisa en la guardia y se mandó a mudar, diciendo que le avisaría a la familia que si algún pariente quería venir a cuidarla bien y que si no para eso estábamos nosotros, que para eso nos pagaban.
A la chica no se le podía sacar ni media palabra, de huraña que era, después que tuvo el bebé no lo quiso ni mirar, y cuando estuvo recuperada se escapó por la ventana, no sé si la abran encontrado. El nenito quedó aquí en Pediatría, lo criaron las enfermeras, hasta que se pescó una neumonía y lo mandaron al San Roque a Paraná. Según dicen ahí lo adoptaron, una pareja del sur, no me preguntes de donde porque no sé. Lo que nosotros charlábamos siempre con las chicas, es que tenés que tener ganas de adoptar un bebe, así deforme, sin ojos, un verdadero monstruo” Fragmento de mi entrevista con el enfermero Dubs. Publicado sin autorización de éste.
“Cuando Cudini me vino a ver con ése cuento de Lorena Berezaga, sobre los relatos de Ari Del Monte, en su última noche, yo lo escuché divertido, realmente pensé que todos estaban muy sugestionados por la situación. Aquí y allá, todos creían ver a Lucifer por todos lados. Lorena había relatado a Cudini, que la última noche que vio a Ari antes de su muerte, habían cenado, el anfitrión, el soldado y ella. Del Monte se encontraba especialmente inquieto en esa oportunidad, inicialmente Lorena lo atribuyó a la abierta hostilidad que L demostraba hacia ella. Pero luego con el transcurrir de la noche, se dio cuenta que era otra cosa la que atormentaba a su amigo. Ari no se sentía bien desde varios días atrás, seguramente debido a su afición a la ginebra, ésa tarde había ido al cementerio a la tumba de sus padres. Mientras se dedicaba a limpiar la lápida, del mármol pulido habían comenzado a brotar gusanos uno tras otros, comenzó a matarlos pero éstos seguían surgiendo de las entrañas de la piedra, como un recordatorio de la corrupción que cubría. Ari se alejó corriendo y permaneció taciturno y nervioso, sin poder olvidar el episodio y tratando de auto convencerse que se trataba de un Delirium Tremens, de una alucinación, del fruto de su cuerpo intoxicado y enfermo.
Esto relató a Lorena aquella noche, mientras L fumaba en el patio. Cudini parecía muy preocupado por esto, nunca supe bien por qué. Lo tranquilicé explicándole la demencia que se abatía sobre los alcohólicos y la frecuencia con que alucinaban con animales. El hecho que Del Monte hubiera muerto días después de una hemorragia digestiva fulminante no era más que la prosecución de su patología, el desenlace que frecuentemente encuentran estas personas.
Yo no tuve quien me tranquilizara ésta mañana, sólo el señor me tranquilizará con su apoyo con su enorme sabiduría y con la conciencia de su poder omnímodo. La mañana era soleada, apacible con una leve brisa del noreste que agregaba calidez al aire. Estaba yo bendiciendo el terreno del nuevo camposanto del convento, cuando una de las monjitas ingresó a los gritos, desencajada, llamándonos hacia la capilla, corrí tras ella mas curioso que preocupado. Al ingresar al templo ví sobre el altar una masa de vermes ondulante e inmunda. Me dirigí resuelto hacia el lugar y agarrando una escoba y una palita de la basura comencé a barrerlos ,convencido de que se trataba de algún fenómeno natural que no tardaría en comprender y explicar a las afligidas monjas, pero seguían surgiendo del mármol pulido como en la alucinación de Del Monte, no se cuantos minutos o tal vez una hora estuve luchando contra los gusanos que parecían innumeres hasta que la Madre concurrió con una botella de agua bendita y al arrojar el fluido sobre ellos comenzaron a morir en medio de una nube de vapor, como si hirvieran en su propia linfa. Arrojamos agua bendita sobre los que estaban en el recipiente de la basura y corrieron la misma suerte. Luego nos inclinamos todos a rezar, en el convencimiento que habíamos presenciado una señal, sobre la que tendríamos que meditar.” Del diario del padre Iriarte. Publicado sin autorización.
“Mi viejo y querido amigo:
El mal tiene muchas formas, una de ellas es la traición. El mal sabe sitiarnos, aislarnos convertirnos en parias. El mal tiene muchas formas y sabe disfrazarlas, camuflarlas ocultarlas a nuestra vista. La máquina del mal no se detiene”
Valdés, toda la vida fue un borracho, acostumbraba a tomarse hasta el agua de los floreros, su vientre prominente, sus palmas enrojecidas y sus tobillos hinchados daban fe de ello. No obstante había dejado milagrosamente la bebida luego que un pastor le impusiera las manos, solo por doscientos pesos. Como todas las mañanas se sentó en la mesa de su cocina pequeña y oscura, para preparar su infusión de prepucio desecado de mandril onanista del congo. Luego de tomar durante tres meses, tres tazas diarias, recuperaría su virilidad perdida por la adicción. Llevaba recién un mes y cada vez que sacudía su miembro viril para advertir algún cambio, la decepción lo invadía y para paliar su inquietud, miraba televisión. Todo lo que veía por televisión para el redimido Valdés, era verdad, el tratamiento que cumplía para la impotencia lo había conocido por éste medio y lo había adquirido con un simple llamado telefónico. Sintonizó el aparato en el canal local, mientras sorbía grandes tragos de la medicina de una taza de loza celeste. Impecable con su traje gris y su corbata al tono, el hombre hablaba mirando a la cámara, Valdés sintió como si lo mirara a los ojos, y sintió cierta vergüenza de pensar que el hombre desde la pantalla pudiera ver la etiqueta del sobrecito, en forma disimulada a pesar de su soledad, arrugó la pequeña etiqueta. Más tranquilo se dedicó a prestar atención al entrevistado. “¿Cómo decidió incursionar en éste terreno? Por lo que sé es algo nuevo para usted y para el grupo empresario al que usted pertenece” preguntó el periodista, el hombre lo miró con sus ojos encapotados a través de los cristales de sus anteojos de marco dorado y contestó “Para mí y para la gente que me acompaña la vida es un permanente desafío, nosotros no podemos permanecer quietos, estancados, varados en un presente anodino o rutinario, nosotros como la vida misma buscamos evolucionar avanzar, hacia la perfección. Y hemos considerado que la sociedad requiere un medio de comunicación escrita independiente y que responda a los verdaderos intereses de los ciudadanos por sobre banderías políticas que solo dividen a la sociedad y llevan al estancamiento, por encima de ideologías anacrónicas que han contribuido a la división y al servilismo de la raza humana. Nosotros pretendemos ser el canal por el cual la sociedad, el ciudadano común , canalice su energía positiva , de rienda suelta a su creatividad y pueda llegar con su pensamiento hasta el conjunto de sus congéneres que en su gran mayoría comparten sus ideales” Se detuvo para tomar un sorbo de agua de la copa que descansaba sobre la gran mesa del estudio y el periodista aprovechó para preguntar “Lo más brevemente posible, podría usted contestarme, ¿cual será la línea editorial del periódico que usted dirige?” El hombre carraspeó inclinó su espalda hacia atrás en la silla que ocupaba estiró los brazos sobre la mesa y levantando en forma teatral la cabeza miró al entrevistador a los ojos y dijo “Nuestra línea editorial, será la línea editorial que la sociedad reclama, la línea editorial de las miles de gargantas que gritan diariamente por su seguridad, de los miles de ciudadanos que diariamente son violados en su propiedad en sus bienes, de los miles de ciudadanos que añoran el poder mandar tranquilos a sus hijos al colegio, miles de ciudadanos que reclaman garantías para ellos y no para los delincuentes. Esa y no otra señor periodista será nuestra línea editorial y muy claramente la Señora de Flores Schneider presidente de nuestro grupo lo ha expresado” Terminó “Sobre eso quería preguntar, ¿Qué papel cumplirá la señora en éste emprendimiento? No escapará a usted que su figura ha sido muy cuestionada últimamente” Preguntó el periodista “No sé, no tengo bien claro a que cuestionamientos usted se refiere” Contestó el entrevistado con el rostro serio y un gesto que mal disimulaba una creciente indignación “Bueno, me refiero a las cuestiones judiciales en la que ha estado involucrada” aclaró el entrevistador con cierto tono de disculpa. El entrevistado llevó su mano izquierda sobre el cabello cano peinado con pulcritud y repentinamente con el puño cerrado de su mano derecha golpeó la mesa
“Me sorprende con que ligereza se embarra el buen nombre y honor de las personas, si no viniera de usted de quien tengo el mejor de los conceptos, hubiera tomado su pregunta como una burda provocación de los sectores garantistas y supuestamente progresistas que en forma constante tratan de menoscabar el honor de nuestra presidente. Sepa usted joven que la señora Estela Flores Schneider ha sido sobreseída en todas y cada una de las causas en la que maliciosamente se la involucró. Aquí se hizo justicia, el próximo mes estamos organizando una cena de desagravio, que seguramente contará con el apoyo de lo más granado de la sociedad. Lo que pasa es que en éste país se persigue a la gente decente y emprendedora. A la gente que trabaja, que todos los días contribuye al progreso del país. Y por otro lado se deja en libertad a la escoria, a la parte podrida de nuestro tejido social. Como decía aquel prohombre que tuvo nuestra provincia el Dr. León Morientes debemos aplicar cirugía mayor, amputar ésos sectores infectos, separar la paja del trigo. Para nosotros las palabras de Morientes deben ser como un faro que en las tinieblas en las que se encuentra nuestra sociedad, inmersa en toda esta patraña de garantistas y derechos humanos para los delincuentes, nos guíe hacia el buen puerto. Puerto en el cual las personas honradas, trabajadoras, emprendedoras y de trayectoria impoluta como la Señora Estela Flores Schneider tengan el reconocimiento que se merecen y los delincuentes y marginales que asolan nuestra sociedad tengan el castigo que se merecen”. Se interrumpió por un momento y luego en tono mucho más calmo continúo “En nuestro semanario de Opinión que como primicia le digo que llevará el nombre de La Mano Dura, la señora presidente cumplirá el papel de un espíritu rector, de un ejemplo a seguir.” El periodista se acomodó en su silla y con la cabeza levemente inclinada sobre su hombro derecho y un bolígrafo entre el índice y el pulgar de su mano derecha preguntó “¿Qué opinión tiene usted sobre la delincuencia juvenil?” El hombre permaneció en silencio una fracción de segundo, hizo un gesto con sus labios estirándolos como en una pequeña trompa , se limpió la manga del antebrazo izquierdo con su mano derecha lo que permitió ver su reloj de oro importado y dijo “Interesante su pregunta joven, la delincuencia juvenil es uno de los principales flagelos que asola a nuestra sociedad, una problemática que no ha sido encarada de la forma que se merece , que no ha sido evaluada en la verdadera magnitud de su gravedad, en nuestro país cualquier menor comete un delito y es inimputable, las leyes los protegen y de ésa forma escapan al castigo a que sus actos delictivos los hacen merecedores. Yo le voy a dar una opinión personalísima pues aún La Mano Dura no se ha expedido y seguramente nuestra posición al respecto será fruto del debate. Por eso mi opinión es absolutamente personal, y se que para mucha gente es una opinión blandengue, débil y carente de la energía necesaria para corregir éste mal. Pero tratándose de jóvenes, tengo efectivamente una actitud más contemplativa. Como primer medida creo que habría que bajar la edad de imputabilidad a los cinco años, esto permitiría que el 90 % de los delincuentes juveniles sean alcanzados por la justicia, como segunda medida creo que deberíamos tener un registro de identificación en el ingreso al preescolar, no al jardín de infantes como reclaman algunos lo que me parece una barbaridad, esto podría actuar como una especie de registro de reincidencia y antecedentes, lo que nos permitiría aislar a los reincidentes en instituciones de máxima seguridad y apartarlos definitivamente de la sociedad. Como tercer medida creo que los padres de los niños delincuentes deberían ser esterilizados, pues no puede escapar a nadie que la delincuencia juvenil tiene una raíz genética. Esto sería básicamente mi opinión que como le aclaro es personalísima y que bajo ningún punto de vista debe ser tomada como la opinión de La Mano Dura” Terminó. “Bueno así concluimos la entrevista con el director del nuevo semanario, que ésta semana comenzará a publicarse en nuestra ciudad con alcance regional por cierto y probablemente provincial, le agradezco mucho su presencia” dijo el periodista. Mi primo impecable en su traje gris con corbata al tono le dio la mano jovial y continuó hablándole al oído luego de que se cortara el audio y la imagen se alejara lentamente quedando en penumbras.
Valdés pensó “¡Qué tipo bárbaro éste, como sabe, la Pucha!” Acto seguido cambió de canal.
Notas
“Si mirá lo de las moscas, me lo dijo el Pedro. La verdad que yo nunca había visto semejante inmundicia, moscas y caranchos. Avisé y mandaron la cuadrilla a desinfectar. Yo no soy muy creyente, pero ése día me fui a la gruta del Lourdes y le puse unos gladiolos a la virgencita, son cosas que para mí, para mí te aclaro, son cosas del diablo. Seguro que si me escucha algún cura me da un reto, y capaz que tiene razón. Pero sigo pensando que ésas son cosas del diablo. Hay veces que pasan cosas raras, como si el de la horquilla quisiera salir de abajo y pasearse por el mundo. Pero había una pudrición con ésa cabeza y tripas de cordero tiradas que yo pocas veces había visto y alguna que otra osamenta conocí. Yo trabajé muchos años en el campo y en tiempos de seca las vacas se mueren una tras otra y teníamos que amontonarlas en los bajos para que no hieda todo el campo. He visto muchas osamentas muchacho, pero pudrición como la de ése día, no. Y las mataban y seguían viniendo, se te metían por todos lados bajo la ropa, en las orejas por todos lados, y la gente comenzaba a enchivarse, se mosqueaban por cualquier cosa, varios hasta se agarraron a las trompadas, pero claro, eso Cabrerita no te lo va a contar, si es el responsable de la cuadrilla. Si los de arriba se enteran de algún quilombo como ése, el que las paga es Cabrerita. Tal vez te va a contar algo, si hasta casi lo garrotean a él, y mirá que los muchachos lo respetan al viejo y él se sabe hacer respetar. Pero viste, estaban como sacados, por cualquier cosa se partían la pala en la cabeza. Pero bueno, son cosas que pasan en el laburo y hay que dejarlas atrás. Bueno, como te decía me había quedado tan pensativo ése día que decidí ir a ponerles los gladiolos a la gruta de Lourdes, es remilagrosa ésa virgencita, sino andá y mirá la cantidad de placas de agradecimiento que ha puesto la gente. Fui dejé las flores recé un avemaría y me volví manso por Ramírez como buscando Avellaneda para llegar a mi rancho, en la esquina de San Lorenzo escuché los gritos, a ésa hora de la siesta se escuchaban claritos, ví la camioneta y ésa mujer discutiendo con doña Carolina , de puro curioso me paré en la esquina a mirar, seguían discutiendo con grandes manotazos las dos mujeres , hasta que sin dejar de discutir se metieron para adentro. Me quedé en la vereda de mi casa fumando un cigarrillo, pues a la patrona no le gusta que fume adentro, cuando sentí la explosión que venía de ése lado del Barrio Norte, al rato pasó la mujer en la camioneta como alma que se la lleva el diablo por aquí para el lado de la ruta 12, había subido por la calle de atrás del deportivo y agarró para allá como de digo. A los pocos minutos pasaron los bomberos, pero dice que cuando llegaron ya no hubo nada que hacer, las dos viejas eran como tizones , dicen que le explotó una garrafa, que los peritos dicen eso, bueno. Esto que te cuento se lo conté al inspector Cudini , tomó nota en su libreta, pero a mí nunca me llamaron a declarar ni nada, por un lado mejor, si no te tienen a las vueltas” Fragmento de mi entrevista con el sereno Acosta. Publicado sin autorización de éste.
“A la gurisa ,por que no era más que una gurisa, tendría 12 años , no se bien porque yo no le tomé los datos, la trajo el viejo Benítez ése viejo que trabajaba en la estancia de Flores Schneider, ahí donde crían bichos o que se yo , llevan todos ésos boludos a meterlos en el monte , pero si vos lo debés conocer, el viejo Benítez ése que lo echaron por ladrón, así que la gurisa tiene que ser de ésos rumbos de crucecitas tercera o de séptima . La trajeron en trabajo de parto, ya casi teniendo te diría, como un bichito la gurisa, sin ningún control, ni vacunas , nada, y eso que para aquel lado hay centros de salud pero ésa gente es arrastrada , son peor que las vacas, porque a las vacas seguro que le llevan veterinario y todo. La cosa que éste viejo la trajo y la dejó pues según decía apenas la conocía y el no era pariente ni nada. Como vecino se había ofrecido a traerla y nada más, no quiso firmar ningún papel, nada. Dejó la gurisa en la guardia y se mandó a mudar, diciendo que le avisaría a la familia que si algún pariente quería venir a cuidarla bien y que si no para eso estábamos nosotros, que para eso nos pagaban.
A la chica no se le podía sacar ni media palabra, de huraña que era, después que tuvo el bebé no lo quiso ni mirar, y cuando estuvo recuperada se escapó por la ventana, no sé si la abran encontrado. El nenito quedó aquí en Pediatría, lo criaron las enfermeras, hasta que se pescó una neumonía y lo mandaron al San Roque a Paraná. Según dicen ahí lo adoptaron, una pareja del sur, no me preguntes de donde porque no sé. Lo que nosotros charlábamos siempre con las chicas, es que tenés que tener ganas de adoptar un bebe, así deforme, sin ojos, un verdadero monstruo” Fragmento de mi entrevista con el enfermero Dubs. Publicado sin autorización de éste.
“Cuando Cudini me vino a ver con ése cuento de Lorena Berezaga, sobre los relatos de Ari Del Monte, en su última noche, yo lo escuché divertido, realmente pensé que todos estaban muy sugestionados por la situación. Aquí y allá, todos creían ver a Lucifer por todos lados. Lorena había relatado a Cudini, que la última noche que vio a Ari antes de su muerte, habían cenado, el anfitrión, el soldado y ella. Del Monte se encontraba especialmente inquieto en esa oportunidad, inicialmente Lorena lo atribuyó a la abierta hostilidad que L demostraba hacia ella. Pero luego con el transcurrir de la noche, se dio cuenta que era otra cosa la que atormentaba a su amigo. Ari no se sentía bien desde varios días atrás, seguramente debido a su afición a la ginebra, ésa tarde había ido al cementerio a la tumba de sus padres. Mientras se dedicaba a limpiar la lápida, del mármol pulido habían comenzado a brotar gusanos uno tras otros, comenzó a matarlos pero éstos seguían surgiendo de las entrañas de la piedra, como un recordatorio de la corrupción que cubría. Ari se alejó corriendo y permaneció taciturno y nervioso, sin poder olvidar el episodio y tratando de auto convencerse que se trataba de un Delirium Tremens, de una alucinación, del fruto de su cuerpo intoxicado y enfermo.
Esto relató a Lorena aquella noche, mientras L fumaba en el patio. Cudini parecía muy preocupado por esto, nunca supe bien por qué. Lo tranquilicé explicándole la demencia que se abatía sobre los alcohólicos y la frecuencia con que alucinaban con animales. El hecho que Del Monte hubiera muerto días después de una hemorragia digestiva fulminante no era más que la prosecución de su patología, el desenlace que frecuentemente encuentran estas personas.
Yo no tuve quien me tranquilizara ésta mañana, sólo el señor me tranquilizará con su apoyo con su enorme sabiduría y con la conciencia de su poder omnímodo. La mañana era soleada, apacible con una leve brisa del noreste que agregaba calidez al aire. Estaba yo bendiciendo el terreno del nuevo camposanto del convento, cuando una de las monjitas ingresó a los gritos, desencajada, llamándonos hacia la capilla, corrí tras ella mas curioso que preocupado. Al ingresar al templo ví sobre el altar una masa de vermes ondulante e inmunda. Me dirigí resuelto hacia el lugar y agarrando una escoba y una palita de la basura comencé a barrerlos ,convencido de que se trataba de algún fenómeno natural que no tardaría en comprender y explicar a las afligidas monjas, pero seguían surgiendo del mármol pulido como en la alucinación de Del Monte, no se cuantos minutos o tal vez una hora estuve luchando contra los gusanos que parecían innumeres hasta que la Madre concurrió con una botella de agua bendita y al arrojar el fluido sobre ellos comenzaron a morir en medio de una nube de vapor, como si hirvieran en su propia linfa. Arrojamos agua bendita sobre los que estaban en el recipiente de la basura y corrieron la misma suerte. Luego nos inclinamos todos a rezar, en el convencimiento que habíamos presenciado una señal, sobre la que tendríamos que meditar.” Del diario del padre Iriarte. Publicado sin autorización.
sábado, 6 de febrero de 2010
Vigésimo Tercera Entrada
Neuropsiquiatrico Abril de 2006
“Le juro que así lo encontramos Doc”. El hedor nauseabundo emanaba de los restos sanguinolentos sobre las sábanas como si los procesos de descomposición hubieran sufrido una aceleración inexplicable, solo el día anterior había visto al paciente vivo y físicamente sano, más allá de la insanía grave que sufría. El orificio en su abdomen dejaba ver una masa blanquecina y móvil. Por sus orificios nasales, los óseos, pues su apófisis nasal había desaparecido así como sus globos oculares y gran parte de las partes blandas de su cara, los gusanos entraban y salían insaciables en su hambre de carne humana. La calavera con restos de cuero cabelludo parecía transmitir un horror inenarrable y su lengua se movía, como si quisiera articular palabras desde el abismo de la muerte, como producto de las larvas que la socavaban en innumerables túneles tortuosos y gelatinosos que le daban el aspecto de una gran masa cribada y resumante.
Las cuencas vacías, transitadas por seres blanquecinos y reptantes parecían mirar al médico, transmitiendo un vacío que trascendía lo material, cómo el reflejo de la nada eterna. “Le juro que así lo encontramos Doc” repitió el enfermero con su voz amortiguada por el pañuelo que llevaba apretado a su rostro. “ ¡Que voy a poner en el certificado de defunción de éste infeliz !” contestó el facultativo mirando lo que quedaba del cadáver de Casto Morales y llevándose ambas manos a la cabeza en un claro gesto de impotencia.
“Casto Morales vio a través del pequeño orificio enrejado de la puerta de su habitación de aislamiento, las últimas luces del sol reflejadas en las hojas otoñales del lapacho
como pequeñas e innumerables llamas que parecían llamarlo, cerró sus ojos con todas las fuerzas de sus párpados y agitó la cabeza en un signo de negación, luego comenzó a golpearla contra la pared en forma rítmica hasta que la sangre bañó su rostro y empapó la pechera de su pijama de interno. Comenzó a deambular con paso vacilante por la habitación en penumbras, con el desasosiego que lo invadía todas las noches. Se tapó los ojos con sus manos ensangrentadas cuando vio esa figura horripilante en la abertura de su puerta, los ojos de brasas y la boca pestilente en su rostro deforme y maléfico. Se arrojó en la cama y se cubrió con las mantas, un rato después comenzó a escuchar el zumbido de las moscas y a sentir las primeras escurriéndose bajo las sábanas y cubriendo su piel por debajo de la ropa, las comenzó a matar con sus manos, desesperado, sin poder impedir que comenzaran a penetrar en su cuerpo, por su boca, sus oídos su ano y su uretra. Comenzó a sentir el movimiento en sus vísceras y como un dolor urente lo consumía por dentro. De pronto se despertó frente a un portal de fuego y una voz le reclamaba desde el interior, imperiosa y perentoria. Casto Morales comenzó a caminar hacia las llamas sabiendo que no podría huir de su destino eterno”
Litoral marítimo argentino y otros lugares, julio de 2006
El hombre trotaba por la playa con su equipo de gimnasia grisáceo y desgastado, a pesar de que superaba los 50 años, realizaba ejercicios físicos en forma regular, a Garófalo López Montel, le gustaba estar en forma. El ruido de las olas al romper como grave sonido de fondo, por momentos ensordecedor, en la medida que el hombre se acercaba a la línea de rompientes. Miró hacia la mole gris del edificio de la congregación que se recortaba sobre la costa como un barco encallado rodeado de la vegetación achaparrada de los médanos. Por un instante tuvo la visión de Pérez de Roldan ascendiendo a los cielos rodeado de nubes rosadas que contrastaban contra el cielo celeste, aquel ser miserable que con el fanatismo de los conversos, como un San Pablo vernáculo había logrado vencer las maquinaciones del maligno. “Un hombre para ser santo, solo debe ser hombre y mantener firmes las convicciones de la fe, más allá de todas las tentaciones de la sensualidad del mundo.” Pensó. “Un hombre para ser santo debe emplear la ira de la indignación para defender el bien, cómo un cruzado sobreviviente y solitario que se enfrenta a las hordas de los herejes” Sus pensamientos se vieron interrumpidos al percatarse de la figura que se encontraba parada en la puerta principal del edificio, subió casi de un salto los escalones de piedra sin rozar siquiera los caños herrumbrados de las barandas, castigados por el salitre del mar. “Buen día padre” Le dije “Lindo día , un poco fresco pero lindo” me contestó. Abrió la puerta principal y con un ademán rápido de su mano me invitó a seguirlo, me indicó un sillón de madera y paja de dos cuerpo con grandes tallas en su espaldar que representaban rostros de indios me senté y esperé. Por un gran ventanal que daba al Este observé el mar grisáceo salpicado de manchones blancos de espuma, el mismo mar que Fioramonti describe enfurecido e incendiado en sus relatos, el mar de Villa La Ola. Treinta minutos después el hombre regresó , vestido con un pantalón de jeans un camisa gris y campera clara , acompañado de otro religioso con sotana, habló al oído de éste y me señaló una puerta de madera lustrada, por la que ingresó a un despacho luminoso dominado por un gran escritorio, cuyas paredes estaban recubiertas de anaqueles repletos de libros, por la abertura de vidrios repartidos que se abría hacia el noroeste se observaba el sendero de ingreso rodeado de vegetación baja y bordeado de chopos . “Para un Nogoyaénse el día de hoy es un día especial, distinto, no se que hace usted aquí, en lugar de estar acompañando la virgen del carmen, su madre y patrona” Me dijo mientras se sentaba relajado en un sillón de respaldo alto recubierto en cuero marrón. “Para un hombre de fe cualquier lugar es bueno” Contesté con la misma ironía. El anfitrión no pudo reprimir una sonrisa, inclinándose sobre el escritorio entrecruzó los dedos de sus manos, apoyando los antebrazos sobre la carpeta plástica, me miró de una forma extraña, profundamente inquisitiva, resopló y preguntó por fin “Como localizó éste lugar?” Mire los lomos multicolores de los libros, pasé el dedo índice de mi mano derecha sobre el cristal que cubría el plano del escritorio, y por fin levanté la vista y lo miré a los ojos, “sabe algo padre, soy muy memorioso” respondí “¿Memorioso? Usted no tiene edad suficiente para recordar éste lugar, salvo que tenga 160 o 170 años, y en ése caso tengo que decirle que se conserva usted muy bien” Replicó, a la vez que con un ademán llamaba al otro religioso para que ingrese en el despacho con la bandeja. Este último me miró sonriente, con su rostro blanco y recién afeitado en el que se veían unas pocas vénulas rojo vinosas sobre los pómulos, en forma silenciosa apoyó su carga sobre el escritorio a la derecha de Garófalo López Montel, éste tomó la tetera y antes de verter el contenido en la primer taza me preguntó “¿Con azúcar? No se cómo toman el Té los entrerrianos y más específicamente los entrerrianos obcecados” “Con una cucharada por favor” respondí “En realidad los entrerrianos no somos muy tomadores de Té, en general, somos más tomadores de mate, amargo en la mayoría de las veces” Agregué
“la verdad que cómo dice usted, no tengo la edad que me atribuye, no me refiero a la memoria, por haber vivido los hechos que según algunos, sucedieron en éste lugar, algunos como mi conocido padre L, a quien no sé si usted conoció personalmente, pero si conoció en forma póstuma, pues usted se ajusta a la descripción del religioso que acompañó a los forenses que identificaron su cadáver. L me dijo hace muchos años, quizás 15 o 16 años, que él creía en la ascensión a los cielos del catapultado Pérez de Roldán, y que creía además que se trataba de un Santo, veo que usted debe creer lo mismo para vivir aquí, salvo que le guste mucho la pesca en el mar y salir a trotar junto a las olas” me detuve para sorber un trago de té “!Pero que casualidad¡” exclamé
“Los entrerrianos somos poco afectos a consumir Té , pero la verdad, que noto que se ha puesto de moda, debe ser una moda del clero, el tomar té con medias lunas, Iriarte también tiene la misma costumbre, pero por supuesto que tiene un aspecto y un trato bastante menos distinguido que el suyo, casi ordinario le diría, además a él se le pegan las migas alrededor de su boca y a usted no.” Dije “ No es de buenos cristianos juzgar a los hombres por su aspecto, hasta en el más contrahecho y enfermo de nuestros hermanos habita un alma que es a imagen y semejanza de nuestro Dios todopoderoso, ¡no! ¡no! no debe tener ésa actitud inconducente, que únicamente lo degrada a usted, debe admirar en cada ser humano lo admirable que existe en él, y siempre , siempre, algo se encuentra, siempre hasta el más deleznable de los seres oculta un tesoro de virtud que en muchas ocasiones hasta el mismo desconoce.” Me dijo con tono de fingida amonestación. “¡Me veo tentado a arrojarme a sus pies!” le dije con indisimulada agresividad “La Ira es uno de los Pecados Capitales” Me contesto impasible. “¡Usted lo que no entiende es que yo lo ví! ¡Yo vi a Satanás! ¡Algo debe hacerse para impedir que se abran las puertas del Infierno!” Grité. López Montel le hizo una seña tranquilizadora al otro religioso que se había asomado a la puerta del despacho ante mi iracundia “Cierra la puerta y quedate tranquilo, nuestro visitante es solo un hombre muy apasionado en sus dichos” Dijo con una sonrisa dibujada en su rostro “¿Está seguro padre? Cualquier cosa me avisa, seguramente, podremos apaciguar a nuestro recién llegado” Contestó el de la sotana mientras cerraba la puerta con suavidad, sin dejar de mirarme, yo me revolvía en mi asiento invadido por un desasosiego profundo, traté de controlar mi ánimo exasperado, me froté las palmas húmedas sobre los muslos y agregué con un tono neutro “Algo hay que hacer padre, todos mis amigos han muerto, ellos creían que las reliquias del ascendido de Villa La Ola eran un sello que impediría, la catástrofe, toda su vida la dedicaron a esto y ahora están todos muertos. ¡Algo hay que hacer!” agregué casi en tono de suplica bajé la cabeza y oculté el rostro entre mis manos, se me habían humedecido los ojos de indignación. “Algo se está haciendo” Contestó por fin al cabo de un momento que me pareció eterno. “El sello está en un lugar seguro, donde L lo ocultó, el sello está en Nogoyá que es donde debe estar” Me dijo con gesto duro. “ Es mejor que usted no sepa nada de todo esto, es muy peligroso, ¡y no es para cualquiera!” al escuchar éstas palabras me puse de pie como un resorte, apoye mis manos sobre el escritorio incliné mi tronco hacia delante y casi frente a su cara e invadido nuevamente por la rabia gruñí “ ¡No es para cualquiera!! ¡No señor elegido, no es para cualquiera!! No me trate como a un idiota padre, yo ví al diablo en persona, yo estuve en coma postraumático, a mi me trataron por loco, me encerraron y por muchas noches el maldito venía verme, yo me resistí a sus tentaciones, a sus propuestas aferrado a la vida y al bien. No me venga con estupideces padre. Usted sabe que me necesita, yo quiero continuar el camino de mis antecesores de NOAR, Ari y L, ¡quiero ayudar! ¡No deseo que se me trate como a un infradotado!” Terminé súbitamente más calmo, me volví a sentar y miré al padre Garófalo que permanecía extrañamente calmo. “¿Usted quiere ayudar? ¿O usted quiere conocer? Hace falta mucha Fe, como la de Bautista, para ayudar en ésta empresa, el sello debe permanecer oculto y sólo pocos o casi ninguno debe saber donde está. Yo no soy un elegido, quizás usted si. Pero es una empresa que le costará mucho dolor y sacrificio. Ya hablaremos más tarde al respecto” dijo “¿Como llegó a éste lugar, es una casa de retiro más de los cientos que existen en la costa?” Preguntó “ya le dije, que soy muy memorioso, mis amigos, hace muchísimos años , alrededor de 60 recibieron un mapa, de manos de una anciana trashumante en sierra de los padres, fue el mapa con el que encontraron éste lugar antes que ustedes, recogieron las reliquias de los restos de la capilla y los llevaron a Nogoyá. Un conocido mío, por casualidad lo encontró entre las pertenencias de un hombre que fue devorado por sus propios perros y nunca supe bien porque me lo entregó. Lo memoricé y lo destruí.” Contesté. “ muchas cosas tendrás que llevar únicamente en tu memoria, ahora vamos a rezar que es hora” Me dijo el enviado de la congregación y me condujo por un ancho pasillo hacia una capilla iluminada desde altos vitrales dominada por los restos de un viejo muro semiderruido donde estaba entronizada una imagen de la Virgen del Carmen, vieja y descascarada.
Aquí sentado bajo los jacarandaes de la Plaza, medito en todo esto, por momentos me parece que el suelo vibra, me parece percibir sordos golpes en el subsuelo, como una bestia que se golpea contra las rejas de su encierro. El sol de la mañana baña Nogoyá con un manto de luz y tibieza, en un campo santo cerrado y bendito el sello permanece oculto. Marisa salió del Palacio Municipal, bajó con agilidad las escalinatas de mármol y se dirigió sonriente hacia mí. “Vamos, ya está todo listo, ¡es hora de un rico almuerzo!” Llegamos hasta la esquina y caminamos por San Martín hacia el Norte al arribar a calle Alem nos cruzamos con mi primo y Estela Flores que nos saludaron sonrientes desde el interior de su Audi negro. “Parece que rinde el turismo ecológico, la noche y la falopa” Pensé entristecido y el rostro de Carolina envuelto en llamas me observó fugazmente desde los cristales de la Galería Del Ateneo como clamando justicia. Solo pude tragar unos pocos bocados ese mediodía, una mano invisible me oprimía el esófago.
“Le juro que así lo encontramos Doc”. El hedor nauseabundo emanaba de los restos sanguinolentos sobre las sábanas como si los procesos de descomposición hubieran sufrido una aceleración inexplicable, solo el día anterior había visto al paciente vivo y físicamente sano, más allá de la insanía grave que sufría. El orificio en su abdomen dejaba ver una masa blanquecina y móvil. Por sus orificios nasales, los óseos, pues su apófisis nasal había desaparecido así como sus globos oculares y gran parte de las partes blandas de su cara, los gusanos entraban y salían insaciables en su hambre de carne humana. La calavera con restos de cuero cabelludo parecía transmitir un horror inenarrable y su lengua se movía, como si quisiera articular palabras desde el abismo de la muerte, como producto de las larvas que la socavaban en innumerables túneles tortuosos y gelatinosos que le daban el aspecto de una gran masa cribada y resumante.
Las cuencas vacías, transitadas por seres blanquecinos y reptantes parecían mirar al médico, transmitiendo un vacío que trascendía lo material, cómo el reflejo de la nada eterna. “Le juro que así lo encontramos Doc” repitió el enfermero con su voz amortiguada por el pañuelo que llevaba apretado a su rostro. “ ¡Que voy a poner en el certificado de defunción de éste infeliz !” contestó el facultativo mirando lo que quedaba del cadáver de Casto Morales y llevándose ambas manos a la cabeza en un claro gesto de impotencia.
“Casto Morales vio a través del pequeño orificio enrejado de la puerta de su habitación de aislamiento, las últimas luces del sol reflejadas en las hojas otoñales del lapacho
como pequeñas e innumerables llamas que parecían llamarlo, cerró sus ojos con todas las fuerzas de sus párpados y agitó la cabeza en un signo de negación, luego comenzó a golpearla contra la pared en forma rítmica hasta que la sangre bañó su rostro y empapó la pechera de su pijama de interno. Comenzó a deambular con paso vacilante por la habitación en penumbras, con el desasosiego que lo invadía todas las noches. Se tapó los ojos con sus manos ensangrentadas cuando vio esa figura horripilante en la abertura de su puerta, los ojos de brasas y la boca pestilente en su rostro deforme y maléfico. Se arrojó en la cama y se cubrió con las mantas, un rato después comenzó a escuchar el zumbido de las moscas y a sentir las primeras escurriéndose bajo las sábanas y cubriendo su piel por debajo de la ropa, las comenzó a matar con sus manos, desesperado, sin poder impedir que comenzaran a penetrar en su cuerpo, por su boca, sus oídos su ano y su uretra. Comenzó a sentir el movimiento en sus vísceras y como un dolor urente lo consumía por dentro. De pronto se despertó frente a un portal de fuego y una voz le reclamaba desde el interior, imperiosa y perentoria. Casto Morales comenzó a caminar hacia las llamas sabiendo que no podría huir de su destino eterno”
Litoral marítimo argentino y otros lugares, julio de 2006
El hombre trotaba por la playa con su equipo de gimnasia grisáceo y desgastado, a pesar de que superaba los 50 años, realizaba ejercicios físicos en forma regular, a Garófalo López Montel, le gustaba estar en forma. El ruido de las olas al romper como grave sonido de fondo, por momentos ensordecedor, en la medida que el hombre se acercaba a la línea de rompientes. Miró hacia la mole gris del edificio de la congregación que se recortaba sobre la costa como un barco encallado rodeado de la vegetación achaparrada de los médanos. Por un instante tuvo la visión de Pérez de Roldan ascendiendo a los cielos rodeado de nubes rosadas que contrastaban contra el cielo celeste, aquel ser miserable que con el fanatismo de los conversos, como un San Pablo vernáculo había logrado vencer las maquinaciones del maligno. “Un hombre para ser santo, solo debe ser hombre y mantener firmes las convicciones de la fe, más allá de todas las tentaciones de la sensualidad del mundo.” Pensó. “Un hombre para ser santo debe emplear la ira de la indignación para defender el bien, cómo un cruzado sobreviviente y solitario que se enfrenta a las hordas de los herejes” Sus pensamientos se vieron interrumpidos al percatarse de la figura que se encontraba parada en la puerta principal del edificio, subió casi de un salto los escalones de piedra sin rozar siquiera los caños herrumbrados de las barandas, castigados por el salitre del mar. “Buen día padre” Le dije “Lindo día , un poco fresco pero lindo” me contestó. Abrió la puerta principal y con un ademán rápido de su mano me invitó a seguirlo, me indicó un sillón de madera y paja de dos cuerpo con grandes tallas en su espaldar que representaban rostros de indios me senté y esperé. Por un gran ventanal que daba al Este observé el mar grisáceo salpicado de manchones blancos de espuma, el mismo mar que Fioramonti describe enfurecido e incendiado en sus relatos, el mar de Villa La Ola. Treinta minutos después el hombre regresó , vestido con un pantalón de jeans un camisa gris y campera clara , acompañado de otro religioso con sotana, habló al oído de éste y me señaló una puerta de madera lustrada, por la que ingresó a un despacho luminoso dominado por un gran escritorio, cuyas paredes estaban recubiertas de anaqueles repletos de libros, por la abertura de vidrios repartidos que se abría hacia el noroeste se observaba el sendero de ingreso rodeado de vegetación baja y bordeado de chopos . “Para un Nogoyaénse el día de hoy es un día especial, distinto, no se que hace usted aquí, en lugar de estar acompañando la virgen del carmen, su madre y patrona” Me dijo mientras se sentaba relajado en un sillón de respaldo alto recubierto en cuero marrón. “Para un hombre de fe cualquier lugar es bueno” Contesté con la misma ironía. El anfitrión no pudo reprimir una sonrisa, inclinándose sobre el escritorio entrecruzó los dedos de sus manos, apoyando los antebrazos sobre la carpeta plástica, me miró de una forma extraña, profundamente inquisitiva, resopló y preguntó por fin “Como localizó éste lugar?” Mire los lomos multicolores de los libros, pasé el dedo índice de mi mano derecha sobre el cristal que cubría el plano del escritorio, y por fin levanté la vista y lo miré a los ojos, “sabe algo padre, soy muy memorioso” respondí “¿Memorioso? Usted no tiene edad suficiente para recordar éste lugar, salvo que tenga 160 o 170 años, y en ése caso tengo que decirle que se conserva usted muy bien” Replicó, a la vez que con un ademán llamaba al otro religioso para que ingrese en el despacho con la bandeja. Este último me miró sonriente, con su rostro blanco y recién afeitado en el que se veían unas pocas vénulas rojo vinosas sobre los pómulos, en forma silenciosa apoyó su carga sobre el escritorio a la derecha de Garófalo López Montel, éste tomó la tetera y antes de verter el contenido en la primer taza me preguntó “¿Con azúcar? No se cómo toman el Té los entrerrianos y más específicamente los entrerrianos obcecados” “Con una cucharada por favor” respondí “En realidad los entrerrianos no somos muy tomadores de Té, en general, somos más tomadores de mate, amargo en la mayoría de las veces” Agregué
“la verdad que cómo dice usted, no tengo la edad que me atribuye, no me refiero a la memoria, por haber vivido los hechos que según algunos, sucedieron en éste lugar, algunos como mi conocido padre L, a quien no sé si usted conoció personalmente, pero si conoció en forma póstuma, pues usted se ajusta a la descripción del religioso que acompañó a los forenses que identificaron su cadáver. L me dijo hace muchos años, quizás 15 o 16 años, que él creía en la ascensión a los cielos del catapultado Pérez de Roldán, y que creía además que se trataba de un Santo, veo que usted debe creer lo mismo para vivir aquí, salvo que le guste mucho la pesca en el mar y salir a trotar junto a las olas” me detuve para sorber un trago de té “!Pero que casualidad¡” exclamé
“Los entrerrianos somos poco afectos a consumir Té , pero la verdad, que noto que se ha puesto de moda, debe ser una moda del clero, el tomar té con medias lunas, Iriarte también tiene la misma costumbre, pero por supuesto que tiene un aspecto y un trato bastante menos distinguido que el suyo, casi ordinario le diría, además a él se le pegan las migas alrededor de su boca y a usted no.” Dije “ No es de buenos cristianos juzgar a los hombres por su aspecto, hasta en el más contrahecho y enfermo de nuestros hermanos habita un alma que es a imagen y semejanza de nuestro Dios todopoderoso, ¡no! ¡no! no debe tener ésa actitud inconducente, que únicamente lo degrada a usted, debe admirar en cada ser humano lo admirable que existe en él, y siempre , siempre, algo se encuentra, siempre hasta el más deleznable de los seres oculta un tesoro de virtud que en muchas ocasiones hasta el mismo desconoce.” Me dijo con tono de fingida amonestación. “¡Me veo tentado a arrojarme a sus pies!” le dije con indisimulada agresividad “La Ira es uno de los Pecados Capitales” Me contesto impasible. “¡Usted lo que no entiende es que yo lo ví! ¡Yo vi a Satanás! ¡Algo debe hacerse para impedir que se abran las puertas del Infierno!” Grité. López Montel le hizo una seña tranquilizadora al otro religioso que se había asomado a la puerta del despacho ante mi iracundia “Cierra la puerta y quedate tranquilo, nuestro visitante es solo un hombre muy apasionado en sus dichos” Dijo con una sonrisa dibujada en su rostro “¿Está seguro padre? Cualquier cosa me avisa, seguramente, podremos apaciguar a nuestro recién llegado” Contestó el de la sotana mientras cerraba la puerta con suavidad, sin dejar de mirarme, yo me revolvía en mi asiento invadido por un desasosiego profundo, traté de controlar mi ánimo exasperado, me froté las palmas húmedas sobre los muslos y agregué con un tono neutro “Algo hay que hacer padre, todos mis amigos han muerto, ellos creían que las reliquias del ascendido de Villa La Ola eran un sello que impediría, la catástrofe, toda su vida la dedicaron a esto y ahora están todos muertos. ¡Algo hay que hacer!” agregué casi en tono de suplica bajé la cabeza y oculté el rostro entre mis manos, se me habían humedecido los ojos de indignación. “Algo se está haciendo” Contestó por fin al cabo de un momento que me pareció eterno. “El sello está en un lugar seguro, donde L lo ocultó, el sello está en Nogoyá que es donde debe estar” Me dijo con gesto duro. “ Es mejor que usted no sepa nada de todo esto, es muy peligroso, ¡y no es para cualquiera!” al escuchar éstas palabras me puse de pie como un resorte, apoye mis manos sobre el escritorio incliné mi tronco hacia delante y casi frente a su cara e invadido nuevamente por la rabia gruñí “ ¡No es para cualquiera!! ¡No señor elegido, no es para cualquiera!! No me trate como a un idiota padre, yo ví al diablo en persona, yo estuve en coma postraumático, a mi me trataron por loco, me encerraron y por muchas noches el maldito venía verme, yo me resistí a sus tentaciones, a sus propuestas aferrado a la vida y al bien. No me venga con estupideces padre. Usted sabe que me necesita, yo quiero continuar el camino de mis antecesores de NOAR, Ari y L, ¡quiero ayudar! ¡No deseo que se me trate como a un infradotado!” Terminé súbitamente más calmo, me volví a sentar y miré al padre Garófalo que permanecía extrañamente calmo. “¿Usted quiere ayudar? ¿O usted quiere conocer? Hace falta mucha Fe, como la de Bautista, para ayudar en ésta empresa, el sello debe permanecer oculto y sólo pocos o casi ninguno debe saber donde está. Yo no soy un elegido, quizás usted si. Pero es una empresa que le costará mucho dolor y sacrificio. Ya hablaremos más tarde al respecto” dijo “¿Como llegó a éste lugar, es una casa de retiro más de los cientos que existen en la costa?” Preguntó “ya le dije, que soy muy memorioso, mis amigos, hace muchísimos años , alrededor de 60 recibieron un mapa, de manos de una anciana trashumante en sierra de los padres, fue el mapa con el que encontraron éste lugar antes que ustedes, recogieron las reliquias de los restos de la capilla y los llevaron a Nogoyá. Un conocido mío, por casualidad lo encontró entre las pertenencias de un hombre que fue devorado por sus propios perros y nunca supe bien porque me lo entregó. Lo memoricé y lo destruí.” Contesté. “ muchas cosas tendrás que llevar únicamente en tu memoria, ahora vamos a rezar que es hora” Me dijo el enviado de la congregación y me condujo por un ancho pasillo hacia una capilla iluminada desde altos vitrales dominada por los restos de un viejo muro semiderruido donde estaba entronizada una imagen de la Virgen del Carmen, vieja y descascarada.
Aquí sentado bajo los jacarandaes de la Plaza, medito en todo esto, por momentos me parece que el suelo vibra, me parece percibir sordos golpes en el subsuelo, como una bestia que se golpea contra las rejas de su encierro. El sol de la mañana baña Nogoyá con un manto de luz y tibieza, en un campo santo cerrado y bendito el sello permanece oculto. Marisa salió del Palacio Municipal, bajó con agilidad las escalinatas de mármol y se dirigió sonriente hacia mí. “Vamos, ya está todo listo, ¡es hora de un rico almuerzo!” Llegamos hasta la esquina y caminamos por San Martín hacia el Norte al arribar a calle Alem nos cruzamos con mi primo y Estela Flores que nos saludaron sonrientes desde el interior de su Audi negro. “Parece que rinde el turismo ecológico, la noche y la falopa” Pensé entristecido y el rostro de Carolina envuelto en llamas me observó fugazmente desde los cristales de la Galería Del Ateneo como clamando justicia. Solo pude tragar unos pocos bocados ese mediodía, una mano invisible me oprimía el esófago.
sábado, 30 de enero de 2010
Vigésima Segunda Entrada
Neuropsiquiatrico Enero de 2006 El Mapa
Me gusta mucho el Lapacho añoso que está en el medio del patio, su sombra se extiende fresca y acogedora por casi toda la superficie de baldosas, pero lo que más me gusta son los pájaros, los miro saltar de una rama a otra, trinar inflando su pecho y moviendo su garganta, las que más me gustan son dos palomitas que siempre están juntas, dos tortolitas que parecen mirarme desde la rama que casi roza la galería. El que me gusta menos es el pitanguá, que chilla a veces desde la copa del viejo árbol, ése bicho trae desgracia como decía mi abuela. La enfermera gorda casi nunca sale al patio, su reino empieza en la puerta de ingreso al pasillo. Quizás tiene alguna semejanza con los vampiros y teme a la luz del sol, pero ésta es una vampiresa bien alimentada, prusiana nada sensual, para clavarle una estaca en el corazón voy a necesitar una jabalina.
“¿Cómo andamos hoy? ¿Hicimos todos los deberes?” Me preguntó el doctor palmeándome el hombro izquierdo “Ya veo que muy bien” se contestó sin esperar mi respuesta “ Hoy tiene visitas” me dijo, en ese momento advertí e identifiqué a la figura que estaba junto a él , era mi primo. Extendió su mano para alcanzarme un paquete de cigarrillos y me besó en la mejilla “Que lindo verte mejor nene” me dijo. “Gracias” creo que le respondí “me dicen que ya te levantas, que salís aquí al patio, que estás muy bien,” continuó con un tono que me pareció más de compromiso que de convencimiento, lo noté pues miraba mis manos temblorosas con evidente consternación. “en Nogoyá todos me preguntan por vos, hasta los de la Sociedad Rural están preocupados, pues temen que un gran comedor de asado se pierda y le disminuya el consumo per cápita.” bromeó. “Si” respondí con voz apenas audible. “No sabes como está la joda por allá, fantástica, la viuda de Flores Schneider, a organizado una movida sensacional, ampliando su oferta turística viste” dijo con su sonrisa torcida.
“ Ella para mí ahora es Estela, no sabes que pedazo de hembra, una máquina de placer insaciable, dispuesta a todo, un sueño loco” agregó “ la conocí en una de sus reuniones danzantes , todo muy hot con table-dance , strippers , de todo loco, te aseguro que no parece Nogoyá”callo un instante “Trae gente de Buenos Aires, Rosario, Córdoba hasta unas Paraguayas que tocan el arpa en bolas que no te podés imaginar lo buena que están , bueno una de ésas noches, se me acercó mientras yo me tomaba un champucito con Carlos María en una de las barras, y en seguida hubo onda, ¡pero que onda ! Antes del amanecer nos hacíamos el amor en uno de los reservados, ¡como dos pendejos! Bueno de ahí para acá y de eso hace como cuatro meses, no sacamos el pie del acelerador te aseguro, meta matraca, ¡pum, pum ,pum!” dijo. “Que bien” dije confuso, continué escuchando sus palabras como distantes, sin entender mucho lo que continuó contando. Antes de irse me dijo súbitamente serio, de eso me acuerdo bien pues al pararse frente a mi me golpeó suavemente el rostro como para despertarme, yo en realidad nunca estoy dormido, lo que pasa es que mis pensamientos son más rápidos que mis palabras, es como si la lengua se me hubiese endurecido, por ahí los pensamientos son tan vividos que me interno en ellos como en una experiencia onírica y la realidad comienza a alejarse como la música de un auto que pasa, pero volviendo al relato, antes de irse súbitamente serio me habló “En uno de los viajes a la Estancia de Flores Schneider mientras esperaba a Estela , en el escritorio del finado, bajo una carpeta de cuero encontré este papel, te lo dejo nene” se despidió y se fue.
Con dificultad abrí el viejo papel engrasado y amarillento, era un viejo mapa hecho a mano alzada, lo miré, lo dejé sobre el apoyabrazos, encendí un nuevo cigarrillo y con el encendedor lo quemé hasta que quedó reducido a cenizas.
Aquí no se está del todo mal, el doctor es bueno, la enfermera gorda por ahí me pega mucho, pero bueno ya estoy acostumbrado. No se por qué pienso que mi primo no volverá a visitarme, quizás me equivoque, es que me agarran ésas pensaderas como relataba Fioramonti. Ya escucho los pasos del paquidermo acercándose por el pasillo pronto gritará desde la puerta, “Todos adentro, ¡es la hora de la medicación!!” y uno a uno ingresaremos a su reino de tinieblas. Algunas noches me parece oír un aleteo tras los cristales de la ventana, extraños chillidos en el patio en sombras, pero doy vuelta la cabeza y me tapo con la almohada. Otras noches sueño con mis viejos amigos, como si estuviera nuevamente conversando con ellos a través del tiempo y de la muerte.
Las menos sueño con Marisa, es que me duele soñarla desde éste lugar de espanto. Tengo, muchas veces, ganas de llorar y gritar, pero no lo hago, la enfermera gorda vendrá y me molerá a palos. Quien sabe como la pasará Casto Morales en su celda de aislamiento, nunca lo veo, algunos días escucho sus gritos. Ahora se repiten los ruidos en la ventana, no quiero mirar se lo que veré si giro la cabeza.
Nogoyá Abril de 2006, El Sobre.
“Desde que salí, mi vida no ha sido la misma, es como si con el maldito mapa, hubiera quemado mi pasado, me sentí traicionado cuando me dio el viejo mapa, el que marcaba el sitio de una tumba profanada, donde ya no existía nada. Pero que confirmaba una historia de la que él mismo descreía, que él mismo negaba por absurda, una historia por la que muchas veces me recriminó mi supuesta ingenuidad. Algunas veces pienso, que es como si el propio León Morientes reencarnado me lo hubiera alcanzado como una burla final. Como un sutil gesto, como un: “Tenías razón pero marcha preso”. Cuando veo a mi primo manejando el nuevo deportivo de Estela Flores Schneider, siento una especie de náusea. Y recuerdo aquel encuentro con el viejo Bautista, el segundo, en el que me habló de la oración y de sus visiones. En el que me advirtió sobre la actitud de mi primo, cosa que yo desoí. Cuando viene a visitarme, y me pregunta por mi relato,
se me aparece el rostro de aquel viejo que hablaba con la Virgen, diciéndome que me cuidara de mis compañías , y que rezara , que solo la oración cambiaría el rumbo del mundo y maniataría al mal que acecha. A veces no sé porque pregunta por mi relato, no sé porque me ayuda. Pero cuando lo miro veo tras él y a su alrededor como un aura maligna” terminé mi monologo. Marisa me tomó el brazo con más fuerzas, guardó silencio mirando los autos que pasaban a nuestro lado “En realidad creo que nada a cambiado demasiado” me dijo “a veces uno confía en las personas equivocadas, mi padre nunca simpatizó profundamente con él, seguramente por su identificación tan profunda con León Morientes y aquello de: Cambiar un poquito para que nada cambie. Con esto quiero decirte que seguramente en la actitud de mi padre hacia él tiene que haber existido un gran componente subjetivo. Sabés que mi viejo, detestaba a éstos tradicionalistas o inmovilistas, no se cómo denominarlos. Que por otro lado tienen muchos adeptos, no solo tu primo. Con esto quiero decirte que probablemente no se trate de una traición, sino que después de tu experiencia, tu mente hizo un clic y comenzaste a ver todo con más claridad, pasado el trauma inicial del cual muchos no regresan tu mente se aclaró y separaste la paja del trigo. La muerte de L nos cerró muchos caminos hacia la verdad, pero evidentemente aún no es la hora. A veces en sueños, te vuelvo a ver tirado en la cama del hospital dormido y por la ventana veo como las torres de la basílica se hunden cómo en un cráter de fuego y humo, como un volcán como un horno. Y el despertar me devuelve a la realidad , y las paredes están en su sitio, las puertas y la gente que pasa delante de la ventana ,nada a cambiado” nos detuvimos frente a la puerta de su casa , ingresamos y al abrir la misma, un sobre de tamaño oficio de papel madera impidió la total apertura de la hoja “ Seguramente alguna de esas revistas de la asociación que me mandan cada dos meses , levántala , déjala sobre la mesa del comedor, vamos a tomar un café compré unas facturas hoy de mañana , que te van a gustar mucho” me dijo. Con el sobre en la mano, caminé hacia el amplio comedor que se abría al patio a través de una amplia puerta ventana, siempre me gustó ése lugar por su luminosidad, me senté en el sillón de dos cuerpos. Leí distraídamente el nombre de Marisa manuscrito en el anverso, con una letra grande pero de características casi escolares. Lo arrojé sobre la mesa como quien arroja un disco de tal forma que girando casi cae por el borde opuesto, me levanté lo acomodé y regresé al sillón. Ella ingresó con una bandeja con las tazas, el café instantáneo, el termo y unas facturas que tenían un aspecto por demás apetecible. “parece que Estelita tiene algunos problemitas con la policía, por drogas aparentemente, la están investigando ése es el run run que se corre por ahí” me dijo Marisa como al pasar.
“Nada me sorprende ya” contesté mientras batía el café ,para que tuviera mucha espuma “en ésos ambientes siempre existen negocios secundarios” agregué “ los jóvenes tienen pocas perspectivas, por el consumismo que se ha enquistado en nuestra sociedad, son pocos los que viven siguiendo un ideal, es como pasado de moda perseguir un sueño, esto los hace sumamente vulnerables a las adicciones , del alcohol para arriba cualquier cosa .La seguidilla de suicidios el año pasado es un claro ejemplo de ése vacío , fíjate que el suicidio de la madre de Casto Morales puede entenderse pues era una anciana inválida y enferma, pero el de tantos chicos , con toda la vida por delante es inentendible , salvo por la vacuidad de sus vidas, la ausencia de utopías” terminé “Si probablemente tengas razón, yo no se que pensar, también el diablo carga las armas, como decía mi abuela” me contestó Marisa mientras abría el sobre con un gesto automático. Vertí agua en ambas tazas y le acerqué la suya. Extrajo un sobre blanco amarillento y un librito de cuero, los miró con sorpresa, dejó éste sobre la mesa y mirando el sobre leyó su nombre en el destinatario, lo abrió cortando con sus dedos uno de los extremos y sacando un papel doblado y otro sobre mas pequeño. De repente su rostro se puso pálido, sus pupilas se dilataron y un leve brillo apareció en su frente.
Tomó el librito de cuero y extrajo una tarjeta que se encontraba pegada en el dorso
“Hace varios años mis hijos, encontraron ésta agenda y éste sobre dirigido a Ud., muchas veces pensé en hacérselo llegar y hoy me decidí. No sé de que se trata, pero es suyo” escrito con la misma letra escolar que el anverso del sobre. Me lo alcanzó para que yo lo leyera, me senté junto a ella y pasando el brazo tras su espalda leímos la carta de L, la carta póstuma de L, escrita con su letra pequeña y desgarbada.
Querida Marisa:
Si recibes la presente es porque estoy muerto. El emisario me habrá derrotado, aunque confío en que no será así. Tu padre tenía razón, en cuanto a que Ari no nos había traicionado, por lo menos en el sentido literal de la palabra, en realidad eligió otro camino, el de la Congregación de las Horas Canónicas, de la que seguramente nada sabes, como casi nadie, pero que existe. Eso me llevó a cometer el grave error de pensar que la Serpiente (La vieja Lorena) era el emisario, a partir de ello mi suerte estaba echada. Te dejo dos cosas, mis reflexiones y notas sobre Pérez de Roldán, sobre su ascensión a los cielos, (pero no en cuerpo y alma) sobre las acciones de los antecesores de Morientes en Villa la Ola y algunos croquis todo esto de valor digamos histórico. En el sobre cerrado, revelo el sitio donde dejé el cofre con las reliquias, el Sello. Si el Emisario viene a éste sitio, y es la única razón por la que recibirás ésta carta, es porque está convencido que la Serpiente se lo llevó o lo destruyó
Te pido que no abras ése sobre, que no accedas a ése secreto, que no cometas el error que cometimos nosotros de pensar que podíamos ser custodios de algo que trasciende nuestras vidas. El Sello está en un lugar de oración, en un claustro, pero sólo la Congregación debe saber dónde. Prometí a mi confesor que tomaría estas precauciones en caso de riesgo inminente de muerte. Y ésta es mi precaución, si venzo al Emisario personalmente me iré con la Congregación, a que mi alma atormentada descanse.
Si cuando recibes ésta carta aún Iriarte está en Nogoyá llévale el sobre y ponlo en sus manos, diciéndole nada más que un viejo amigo de tu padre se lo envía. Con él seguramente estaré charlando, en éste momento. Afectuosamente . L “
Cuando terminé de leer miré su rostro y note dos lágrimas corriendo por sus mejillas.
Al día siguiente la acompañé hasta la curia, el padre Iriarte nos recibió en su escritorio mientras tomaba un mate cocido con medias lunas de manteca, Marisa le entregó la carta con las palabras indicadas por L, el cura la miró distraído, y la arrojó sobre una pila de papeles que se encontraban en un cesto de alambre, nos despidió diciendo que tenía que socorrer un enfermo. Una sensación de desazón nos invadió, no nos levantamos, solo nos retiramos, ni siquiera nos habíamos sentado. Cuando caminábamos por la plaza a miles de kilómetros un teléfono sonaba insistentemente y una paloma defecaba sobre la nariz del busto de León Morientes.
Me gusta mucho el Lapacho añoso que está en el medio del patio, su sombra se extiende fresca y acogedora por casi toda la superficie de baldosas, pero lo que más me gusta son los pájaros, los miro saltar de una rama a otra, trinar inflando su pecho y moviendo su garganta, las que más me gustan son dos palomitas que siempre están juntas, dos tortolitas que parecen mirarme desde la rama que casi roza la galería. El que me gusta menos es el pitanguá, que chilla a veces desde la copa del viejo árbol, ése bicho trae desgracia como decía mi abuela. La enfermera gorda casi nunca sale al patio, su reino empieza en la puerta de ingreso al pasillo. Quizás tiene alguna semejanza con los vampiros y teme a la luz del sol, pero ésta es una vampiresa bien alimentada, prusiana nada sensual, para clavarle una estaca en el corazón voy a necesitar una jabalina.
“¿Cómo andamos hoy? ¿Hicimos todos los deberes?” Me preguntó el doctor palmeándome el hombro izquierdo “Ya veo que muy bien” se contestó sin esperar mi respuesta “ Hoy tiene visitas” me dijo, en ese momento advertí e identifiqué a la figura que estaba junto a él , era mi primo. Extendió su mano para alcanzarme un paquete de cigarrillos y me besó en la mejilla “Que lindo verte mejor nene” me dijo. “Gracias” creo que le respondí “me dicen que ya te levantas, que salís aquí al patio, que estás muy bien,” continuó con un tono que me pareció más de compromiso que de convencimiento, lo noté pues miraba mis manos temblorosas con evidente consternación. “en Nogoyá todos me preguntan por vos, hasta los de la Sociedad Rural están preocupados, pues temen que un gran comedor de asado se pierda y le disminuya el consumo per cápita.” bromeó. “Si” respondí con voz apenas audible. “No sabes como está la joda por allá, fantástica, la viuda de Flores Schneider, a organizado una movida sensacional, ampliando su oferta turística viste” dijo con su sonrisa torcida.
“ Ella para mí ahora es Estela, no sabes que pedazo de hembra, una máquina de placer insaciable, dispuesta a todo, un sueño loco” agregó “ la conocí en una de sus reuniones danzantes , todo muy hot con table-dance , strippers , de todo loco, te aseguro que no parece Nogoyá”callo un instante “Trae gente de Buenos Aires, Rosario, Córdoba hasta unas Paraguayas que tocan el arpa en bolas que no te podés imaginar lo buena que están , bueno una de ésas noches, se me acercó mientras yo me tomaba un champucito con Carlos María en una de las barras, y en seguida hubo onda, ¡pero que onda ! Antes del amanecer nos hacíamos el amor en uno de los reservados, ¡como dos pendejos! Bueno de ahí para acá y de eso hace como cuatro meses, no sacamos el pie del acelerador te aseguro, meta matraca, ¡pum, pum ,pum!” dijo. “Que bien” dije confuso, continué escuchando sus palabras como distantes, sin entender mucho lo que continuó contando. Antes de irse me dijo súbitamente serio, de eso me acuerdo bien pues al pararse frente a mi me golpeó suavemente el rostro como para despertarme, yo en realidad nunca estoy dormido, lo que pasa es que mis pensamientos son más rápidos que mis palabras, es como si la lengua se me hubiese endurecido, por ahí los pensamientos son tan vividos que me interno en ellos como en una experiencia onírica y la realidad comienza a alejarse como la música de un auto que pasa, pero volviendo al relato, antes de irse súbitamente serio me habló “En uno de los viajes a la Estancia de Flores Schneider mientras esperaba a Estela , en el escritorio del finado, bajo una carpeta de cuero encontré este papel, te lo dejo nene” se despidió y se fue.
Con dificultad abrí el viejo papel engrasado y amarillento, era un viejo mapa hecho a mano alzada, lo miré, lo dejé sobre el apoyabrazos, encendí un nuevo cigarrillo y con el encendedor lo quemé hasta que quedó reducido a cenizas.
Aquí no se está del todo mal, el doctor es bueno, la enfermera gorda por ahí me pega mucho, pero bueno ya estoy acostumbrado. No se por qué pienso que mi primo no volverá a visitarme, quizás me equivoque, es que me agarran ésas pensaderas como relataba Fioramonti. Ya escucho los pasos del paquidermo acercándose por el pasillo pronto gritará desde la puerta, “Todos adentro, ¡es la hora de la medicación!!” y uno a uno ingresaremos a su reino de tinieblas. Algunas noches me parece oír un aleteo tras los cristales de la ventana, extraños chillidos en el patio en sombras, pero doy vuelta la cabeza y me tapo con la almohada. Otras noches sueño con mis viejos amigos, como si estuviera nuevamente conversando con ellos a través del tiempo y de la muerte.
Las menos sueño con Marisa, es que me duele soñarla desde éste lugar de espanto. Tengo, muchas veces, ganas de llorar y gritar, pero no lo hago, la enfermera gorda vendrá y me molerá a palos. Quien sabe como la pasará Casto Morales en su celda de aislamiento, nunca lo veo, algunos días escucho sus gritos. Ahora se repiten los ruidos en la ventana, no quiero mirar se lo que veré si giro la cabeza.
Nogoyá Abril de 2006, El Sobre.
“Desde que salí, mi vida no ha sido la misma, es como si con el maldito mapa, hubiera quemado mi pasado, me sentí traicionado cuando me dio el viejo mapa, el que marcaba el sitio de una tumba profanada, donde ya no existía nada. Pero que confirmaba una historia de la que él mismo descreía, que él mismo negaba por absurda, una historia por la que muchas veces me recriminó mi supuesta ingenuidad. Algunas veces pienso, que es como si el propio León Morientes reencarnado me lo hubiera alcanzado como una burla final. Como un sutil gesto, como un: “Tenías razón pero marcha preso”. Cuando veo a mi primo manejando el nuevo deportivo de Estela Flores Schneider, siento una especie de náusea. Y recuerdo aquel encuentro con el viejo Bautista, el segundo, en el que me habló de la oración y de sus visiones. En el que me advirtió sobre la actitud de mi primo, cosa que yo desoí. Cuando viene a visitarme, y me pregunta por mi relato,
se me aparece el rostro de aquel viejo que hablaba con la Virgen, diciéndome que me cuidara de mis compañías , y que rezara , que solo la oración cambiaría el rumbo del mundo y maniataría al mal que acecha. A veces no sé porque pregunta por mi relato, no sé porque me ayuda. Pero cuando lo miro veo tras él y a su alrededor como un aura maligna” terminé mi monologo. Marisa me tomó el brazo con más fuerzas, guardó silencio mirando los autos que pasaban a nuestro lado “En realidad creo que nada a cambiado demasiado” me dijo “a veces uno confía en las personas equivocadas, mi padre nunca simpatizó profundamente con él, seguramente por su identificación tan profunda con León Morientes y aquello de: Cambiar un poquito para que nada cambie. Con esto quiero decirte que seguramente en la actitud de mi padre hacia él tiene que haber existido un gran componente subjetivo. Sabés que mi viejo, detestaba a éstos tradicionalistas o inmovilistas, no se cómo denominarlos. Que por otro lado tienen muchos adeptos, no solo tu primo. Con esto quiero decirte que probablemente no se trate de una traición, sino que después de tu experiencia, tu mente hizo un clic y comenzaste a ver todo con más claridad, pasado el trauma inicial del cual muchos no regresan tu mente se aclaró y separaste la paja del trigo. La muerte de L nos cerró muchos caminos hacia la verdad, pero evidentemente aún no es la hora. A veces en sueños, te vuelvo a ver tirado en la cama del hospital dormido y por la ventana veo como las torres de la basílica se hunden cómo en un cráter de fuego y humo, como un volcán como un horno. Y el despertar me devuelve a la realidad , y las paredes están en su sitio, las puertas y la gente que pasa delante de la ventana ,nada a cambiado” nos detuvimos frente a la puerta de su casa , ingresamos y al abrir la misma, un sobre de tamaño oficio de papel madera impidió la total apertura de la hoja “ Seguramente alguna de esas revistas de la asociación que me mandan cada dos meses , levántala , déjala sobre la mesa del comedor, vamos a tomar un café compré unas facturas hoy de mañana , que te van a gustar mucho” me dijo. Con el sobre en la mano, caminé hacia el amplio comedor que se abría al patio a través de una amplia puerta ventana, siempre me gustó ése lugar por su luminosidad, me senté en el sillón de dos cuerpos. Leí distraídamente el nombre de Marisa manuscrito en el anverso, con una letra grande pero de características casi escolares. Lo arrojé sobre la mesa como quien arroja un disco de tal forma que girando casi cae por el borde opuesto, me levanté lo acomodé y regresé al sillón. Ella ingresó con una bandeja con las tazas, el café instantáneo, el termo y unas facturas que tenían un aspecto por demás apetecible. “parece que Estelita tiene algunos problemitas con la policía, por drogas aparentemente, la están investigando ése es el run run que se corre por ahí” me dijo Marisa como al pasar.
“Nada me sorprende ya” contesté mientras batía el café ,para que tuviera mucha espuma “en ésos ambientes siempre existen negocios secundarios” agregué “ los jóvenes tienen pocas perspectivas, por el consumismo que se ha enquistado en nuestra sociedad, son pocos los que viven siguiendo un ideal, es como pasado de moda perseguir un sueño, esto los hace sumamente vulnerables a las adicciones , del alcohol para arriba cualquier cosa .La seguidilla de suicidios el año pasado es un claro ejemplo de ése vacío , fíjate que el suicidio de la madre de Casto Morales puede entenderse pues era una anciana inválida y enferma, pero el de tantos chicos , con toda la vida por delante es inentendible , salvo por la vacuidad de sus vidas, la ausencia de utopías” terminé “Si probablemente tengas razón, yo no se que pensar, también el diablo carga las armas, como decía mi abuela” me contestó Marisa mientras abría el sobre con un gesto automático. Vertí agua en ambas tazas y le acerqué la suya. Extrajo un sobre blanco amarillento y un librito de cuero, los miró con sorpresa, dejó éste sobre la mesa y mirando el sobre leyó su nombre en el destinatario, lo abrió cortando con sus dedos uno de los extremos y sacando un papel doblado y otro sobre mas pequeño. De repente su rostro se puso pálido, sus pupilas se dilataron y un leve brillo apareció en su frente.
Tomó el librito de cuero y extrajo una tarjeta que se encontraba pegada en el dorso
“Hace varios años mis hijos, encontraron ésta agenda y éste sobre dirigido a Ud., muchas veces pensé en hacérselo llegar y hoy me decidí. No sé de que se trata, pero es suyo” escrito con la misma letra escolar que el anverso del sobre. Me lo alcanzó para que yo lo leyera, me senté junto a ella y pasando el brazo tras su espalda leímos la carta de L, la carta póstuma de L, escrita con su letra pequeña y desgarbada.
Querida Marisa:
Si recibes la presente es porque estoy muerto. El emisario me habrá derrotado, aunque confío en que no será así. Tu padre tenía razón, en cuanto a que Ari no nos había traicionado, por lo menos en el sentido literal de la palabra, en realidad eligió otro camino, el de la Congregación de las Horas Canónicas, de la que seguramente nada sabes, como casi nadie, pero que existe. Eso me llevó a cometer el grave error de pensar que la Serpiente (La vieja Lorena) era el emisario, a partir de ello mi suerte estaba echada. Te dejo dos cosas, mis reflexiones y notas sobre Pérez de Roldán, sobre su ascensión a los cielos, (pero no en cuerpo y alma) sobre las acciones de los antecesores de Morientes en Villa la Ola y algunos croquis todo esto de valor digamos histórico. En el sobre cerrado, revelo el sitio donde dejé el cofre con las reliquias, el Sello. Si el Emisario viene a éste sitio, y es la única razón por la que recibirás ésta carta, es porque está convencido que la Serpiente se lo llevó o lo destruyó
Te pido que no abras ése sobre, que no accedas a ése secreto, que no cometas el error que cometimos nosotros de pensar que podíamos ser custodios de algo que trasciende nuestras vidas. El Sello está en un lugar de oración, en un claustro, pero sólo la Congregación debe saber dónde. Prometí a mi confesor que tomaría estas precauciones en caso de riesgo inminente de muerte. Y ésta es mi precaución, si venzo al Emisario personalmente me iré con la Congregación, a que mi alma atormentada descanse.
Si cuando recibes ésta carta aún Iriarte está en Nogoyá llévale el sobre y ponlo en sus manos, diciéndole nada más que un viejo amigo de tu padre se lo envía. Con él seguramente estaré charlando, en éste momento. Afectuosamente . L “
Cuando terminé de leer miré su rostro y note dos lágrimas corriendo por sus mejillas.
Al día siguiente la acompañé hasta la curia, el padre Iriarte nos recibió en su escritorio mientras tomaba un mate cocido con medias lunas de manteca, Marisa le entregó la carta con las palabras indicadas por L, el cura la miró distraído, y la arrojó sobre una pila de papeles que se encontraban en un cesto de alambre, nos despidió diciendo que tenía que socorrer un enfermo. Una sensación de desazón nos invadió, no nos levantamos, solo nos retiramos, ni siquiera nos habíamos sentado. Cuando caminábamos por la plaza a miles de kilómetros un teléfono sonaba insistentemente y una paloma defecaba sobre la nariz del busto de León Morientes.
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